• Columna 7

POBRES CONTRATISTAS Y EMPLEADOS DEL CAMBIO

Por: Rosember Rivadeneira Bermúdez.


Inquietos recorren las calles nuestros contratistas y empleados. En la oscura noche del pasado quedaron sepultadas las ilusiones de los jóvenes universitarios; del arquitecto o el ingeniero que pretendía ser el diseñador y constructor de su futuro, o del abogado, cuya sabiduría, potente voz y excelsa escritura forjó para batallar en pro de la justicia, la seguridad y el bien común. O quizás del administrador, quien de estrategias empresariales ávidamente se nutrió para contribuir al crecimiento económico de la sociedad. Y qué decir del comunicador social que soñó con ser el portaestandarte de la verdad.


Un instante de cordura les permite descubrirse cosificados y con grilletes neuronales, y en el frenesí de una oración sentida elevan la vista al firmamento, tratando de hallar la respuesta celestial que les permita identificar al demonio que les redujo a cenizas el ímpetu de su espíritu progresista, aventurero y soñador.


Luchando por hallar el faro que los retorne a la ruta de la libertad, observan su reflejo en el espejo y horrorizados contemplan su rostro agobiado por el miedo irracional que los domina, debido al probable declive del tirano que les cercenó la voluntad para convertirlos en esclavos.


Algunos la verdad la han intuido, otros a través de la voz divina que se revela durante la oración la han escuchado. Y quizás a algún otro tanto en sueños el ángel Gabriel les ha susurrado que no son más que un instrumento desechable, porque para el tirano su valor está tasado en función de la utilidad que puedan representarle.


Pero mientras el raciocino que los alumbra es intermitente, la amenaza y el asecho es permanente. Y he ahí a nuestros contratistas y servidores privados de la razón, tratados como burros sudorosos y sufrientes arreando hacia las urnas a la gente.


Algunos se avizorarán en sus vehículos transportando a las urnas a los incautos como borregos al matadero, asestando la lanza en el costado de sus hermanos, y engañando al sediento dándole a beber el cáliz de la amargura que mana de la doctrina socialista, mientras el pueblo en el suplicio de su cruz al cielo clama para ellos el perdón porque no saben lo que hacen.


¡Al cesar el cambio, cesarán ustedes! Es la exclamación con que se adorna la amenaza psicológica del verdugo y el detonante que obliga a contratistas y trabajadores a colmar de nombres y firmas a los formatos de apoyos electorales.

En medio del oscuro camino por el que son obligados a transitar advierten el mensaje subliminal, y son conscientes que, por la obtención de cada firma en el formato, se estampará una letra de sus nombres en el próximo contrato.

Primero les arrebataron una parte de sus honorarios para sostener al movimiento, luego fueron arrojados sin vacunas a las calles durante la crisis de la pandemia para marchar en defensa del verdugo, y hoy los prostituyen y les dilapidan el decoro profesional, obligándolos a embaucar a familiares y amistades para que voten a favor del nuevo tradicional tirano.


Con lista en mano son convocados a concurrir a la inauguración de obras que, con fines electorales, intencionalmente fueron atrasadas, para publicitar en redes sociales fotografías en las que se refleja un falso respaldo popular. A los incautos atraen con artistas populares y hasta a la burla se somete el tirano al participar con movimientos asincrónicos en bailes coreográficos, y entonces estalla la ovación provocada que alimenta el ego del narcisista, quien sonríe al contemplar materializado su propósito de distraer al pueblo mientras baila al son del avioncito. Esta es la estrategia que emplea el ratón, para que olvidemos que está devorando nuestro quecito.


Ser tendencia en las redes, para los líderes del movimiento, es mejor que obrar con decencia y rectitud. Por ello la llamada o el mensaje altivo y descarado que reclama a contratistas y empleados las razones de por qué no han retwitteado la publicación que el absolutista hubiere realizado.


En el fondo están fastidiados del tirano y hasta se sienten manipulados, pero eligen sufrir para conservar el ingreso con el que se esfuerzan por sostener el estatus social y colmar el hambre que como seres humanos padecen. He aquí la vanidad que brilla mientras el alma se corroe.


Pero, nadie progresa con las neuronas encadenadas. Quienes han acompañado al movimiento durante los periodos de gobierno, en la soledad de sus hogares dan testimonio del rezago económico en que se encuentran, pues lo poco que perciben, como perfume barato se esfuma de sus manos.


Sé de profesionales colmados de méritos y diplomas a los que entretienen con honorarios irrisorios. Sé de muchos que desfallecen en silencio cuando les arrebatan hasta el mínimo centavo para destinarlos al patrocinio de las actividades del movimiento. Sé de almas que han sufrido la injusticia de verse sometidos a extenuantes jornadas laborales subordinadas sin reconocimiento de recargos nocturnos ni horas extras, sin disfrutar de vacaciones y privados de la posibilidad de recibir el pago de prestaciones sociales. Y testigo es la sociedad, que expiden decisiones falsamente motivadas, otorgando vacaciones jamás solicitadas para apoderarse de los hospitales departamentales, y hasta pierden la legitimidad de la investidura que el pueblo les confirió, tratando de derribar las puertas a la fuerza, sin importarles la presencia de la ciudadanía que se empoderó asistida por la policía.


He visto a jóvenes promisorios psicológicamente degradados en la singularidad de las pútridas ideas del movimiento. Desapareció de sus brillantes mentes de otrora la magia del pluralismo, el disfrute por la libertad de pensamiento y el goce de la universalidad de los saberes. Cual locos enfurecidos yacen atrapados por la ideológica camisa de fuerza impuesta por el cambio.


Un capítulo especial habría que reservar para las familias fracturadas, porque en ese oscuro círculo político se siente, se respira y se vive exclusivamente para el movimiento. Es una arena movediza que absorbe a los militantes y les impide direccionar sus fuerzas para el goce personal y familiar.


He aquí al líder, emergiendo entre las líneas del leviatán, convertido en un lobo con la vista fija en la presa y los colmillos afilados, dispuesto a devorar al manso cordero en que se ha convertido el pueblo.

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