• Columna 7

MENSAJE AL PERIODISMO

Actualizado: oct 4

Por: Catalina López Lafaurie.


Es usual escuchar en los salones de clase de los primeros semestres de Comunicación Social y Periodismo, que las razones por las que estudian esta carrera, es porque quieren ser presentadores de televisión, algunos dicen que sus padres les exigieron una profesión y como creen que esta es “fácil”, la eligieron; otros aluden a su gusto por la radio y un bajo porcentaje lo hace por vocación y convicción.


Algunas de esas razones, suelen ser indignantes para aquellos que ven en la carrera un oficio serio y no una estación de paso.


Todo esto, lo único que logra es el menosprecio de la profesión. A veces, suelen desmeritarte solo con decir lo que estudiaste, como sí esto no requiriera de valentía, dignidad y respeto. Algunos se atreven a decir que para hacer honor a la carrera se debe ser chismoso ¡la ignorancia!


Debo confesar que cuando tomé la decisión de estudiar periodismo, mi familia esperaba que les dijera medicina, derecho e incluso trabajo social pero nunca la comunicación. Causé revuelo. Mis dos padres fueron profesionales en esta carrera y curiosamente emití la primera noticia que los dejaría en desconcierto: “voy a estudiar Comunicación Social y Periodismo”.


Mi papá actuó con resignación y mi madre se escandalizó: ¡te vas a morir de hambre!, exclamó con rabia. Sin embargo, me mantuve firme y emprendí mi camino. Desde el primer semestre les demostré que esto, era lo mío.


Algunos no tienen otra salida y otros aun teniéndola eligen cruzar la puerta de hacer lo que de verdad quieren.


Pasan los semestres y el espejismo de la facilidad se diluye cuando hay que enfrentarse a las teorías de Harold Lasswell, Marshal McLuhan, la Escuela de Franckfurt y un sin número de autores que le dan sentido al arte de comunicar y magnifican su poder. Sí, lo considero un arte.

Rápidamente hay quienes entienden que las cámaras, la radio y las caras bonitas, mientras esto se estudia, deben esperar. Primero, hay que leer mucho, empezando el día hay dos preguntas sin falta que son: ¿qué está pasando en el mundo? ¿Cuál es la noticia del día? De ahí en adelante empieza el arte.


Clases de historia, economía, epistemología, literatura, cultura universal, ciencias políticas, filosofía, psicología y varias más son las que reciben los estudiantes más allá de la profundidad que conlleva la comunicación y el periodismo. Para estos tiempos, creo que hasta clases de medicina deben dar. Aun así, dicen que este oficio es fácil.


A diferencia de muchas profesiones y en semejanza a otras, la comunicación es una labor que vive en función del servicio a los demás desde cualquiera de sus aristas. Así que el que pretenda ser egoísta, comenzará a ser más solidario desde una organización, la calle, un medio de comunicación o en dónde decida ejercerla.


De los periodistas se pueden decir muchas cosas, no pienso entrar en dilemas éticos, porque esos también los tienen los médicos, abogados, ingenieros, arquitectos, docentes y muchos más. Lo que pasa es que los periodistas tienen mayor visibilidad. En Colombia hay muchos periodistas comprometidos con la labor y otros que dejan mucho que desear para la profesión.

Lo que más quiero resaltar es que el periodismo, tiene un poder desmedido que debe ejercerse desde la responsabilidad. Puedo entender que todos como seres pensantes manejamos posturas, pero cuando elegimos este camino debemos acudir a la prudencia.


La credibilidad no es un principio únicamente de los periodistas, pero sí es uno que rige nuestra visión. A fin de cuentas, cada quién se gana su espacio en la comunidad y es medido como elige serlo.


Como periodistas debemos entender que informar no es cuestión de escribir o salir a través de un medio y ya. Estamos ante un público que no traga entero, que tiene ideales y se instruye.

A los jóvenes que están iniciando en este camino, deben recordar que las cámaras, los micrófonos y la imagen, sí son temas que deben aprender, pero será lo último en importancia porque siempre deben tener algo que decir y ojalá no sean chismes.


La credibilidad ante un público se gana con criterio en la reportería y para eso deben montarse antes en el tren del conocimiento, la experiencia y el sentido social. Sí desean ser presentadores, está bien, para eso hay cursos.


El periodismo tiene la obligación de darle celeridad a procesos que se quedan en olvido, hablar por la gente que no es escuchada, denunciar irregularidades, informar lo mejor posible los acontecimientos, plasmar la realidad de las personas. Eso, hacemos, a esto nos debemos.

El buen periodismo alimenta la democracia, no conoce de intocables y ni destaca falsedades; alza su bandera hacia la verdad.


Los periodistas entienden en el camino, la importancia de conseguir que una fuente hable, la adrenalina que produce el escuchar el “3, 2, 1… al aire”, escribir con prisa porque el periódico va a cerrar la diagramación y comienza la impresión, correr por los pasillos de un medio escribiendo, haciendo la voz en off y dándole instrucciones al editor de las imágenes que deben ir en la nota que saldrá en 5 minutos en la televisión; todo esto es el diario vivir de los que se apasionan por la información.


En algunas ocasiones, ese compromiso termina con la vida de quienes lo ejercen, simplemente porque sacar a la luz verdades no es bien recibido por algunos. Gabriel García Márquez, Fidel Cano y Jaime Garzón le dieron un lugar respetable al periodismo en Colombia y la historia se los dio a ellos.


A la academia solo debo hacerle un llamado, la realidad laboral es muy distinta a la universitaria. Enséñenles a los jóvenes que un periodista no tiene tanto tiempo para cumplir. Este, es el mayor choque que todos han tenido al enfrentarse a la realidad.

A mi madre, sigo demostrándole que no me he muerto de hambre y a mi padre sigo entusiasmándolo cada vez que escribo.


A los que sigan diciendo que el periodismo está para contar chismes, puedo recordarles que es el cuarto poder y no es un lugar que se ha ganado a base de rumores.


#Mensaje #Periodismo #Credibilidad

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