• Columna 7

LAS VERDADERAS RAZONES DE LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL Y DE LA FIRMA DEL TRATADO DE VERSALLES

Por: Orlando Arbeláez Bateman.


¿Como se puede explicar la firma del armisticio entre las potencias de Europa central fundamentalmente Alemania y los aliados occidentales entre los que se encontraba obviamente los Estados Unidos, que posibilitó el cese de hostilidades y posteriormente la firma del tratado de Versalles, mediante el cual se selló la paz que puso fin a la primera guerra mundial, teniendo en cuenta que las tropas germanas se encontraban en suelo francés y belga en una clara demostración de su posicionamiento ofensivo que les hubiere permitido, como sostienen desde hace muchas décadas historiadores, periodistas, y escritores, vencer en el conflicto internacional con el transcurrir de tan sólo unos pocos meses?.


Lo más significativo de todo es que las medidas económicas que estaban contempladas en dicho tratado eran desfavorables para el pueblo alemán, lo que con el paso de los años generó enormes dificultades en su calidad de vida.


Lo cierto del caso es que uno de los hechos históricos que desencadenó la primera guerra mundial fue el asesinato del archiduque del imperio Astro-Húngaro Francisco Fernando, pero las razones de fondo fueron que el gobierno alemán había tomado la decisión de construir un ferrocarril que uniera a Berlín con Bagdad, lo que le permitiría convertirse en un duro competidor en los mercados internacionales, ya que empezaría a importar y exportar productos que hasta el momento estaban siendo monopolizados por el vigente imperio Británico, lo que disgustaba enormemente al rey Jorge V y al primer ministro inglés Herbert Asquith, quien posteriormente fue reemplazado por David Lloyd George.


Otros hechos históricos, fueron las transformaciones en el orden geopolítico, que se traducirían en la entrega de territorios rusos tales como: Ucrania, Finlandia, Estonia, Letonia, Lituania y Polonia al gobierno germano. Todas estas reestructuraciones permitieron una mayor capacidad de centralización del poder por parte de la clase dirigente de la época, el equivalente en la actualidad a la comunidad internacional, lo que significó una mayor inversión en los mercados internacionales por parte de unos pocos socios capitalistas para terminar configurando un monopolio.


Hay que dejar muy claro que parte del génesis y el posterior desarrollo de muchas de las industrias de la época como acero, hierro, metales, camiones, automóviles, armamento, aeronaves, petroleras sólo fueron posibles gracias a los créditos y préstamos otorgados por parte de la banca internacional a los distintos países del viejo continente y fueron estos magnates quienes a su vez eran los mismos propietarios de muchas transnacionales que habían transferido su tecnología de punta a Europa para de esta manera poner en funcionamiento las industrias, lo que terminó minando la posibilidad de crear una economía realmente competitiva a partir de la inversión de capitales con distintos orígenes e intereses que hicieran factible establecer una verdadera economía de mercado a partir de la libre competencia.


Esto en muchos casos imposibilitó la creación de un aparato productivo que tuviera como eje fundamental el desarrollo de empresas nacionales, tanto privadas como estatales que fueran una alternativa en el comercio nacional e internacional y que hubieran permitido una mayor independencia financiera, económica y política, un resurgimiento del nacionalismo y la reafirmación del concepto de soberanía de los países europeos, y lo más importante de todo, una interlocución comercial al mismo nivel que hubiera puesto en jaque los intereses y objetivos expansionistas del capital financiero transnacional, fundamentalmente de USA y Europa, ya que para estos inversionistas es preferible tener a los países como fuente de mano de obra barata que como serios rivales en los mercados internacionales.


Si bien es cierto fue gracias al tratado de Versalles que se pudo poner fin a la matanza de la primera guerra mundial no habiendo en apariencia vencedores ni vencidos, sí se dieron otros hechos que demuestran que “la gran guerra” como se le conoció, favoreció en el plano económico, geopolítico, comercial, entre otros a influyentes hombres de negocios pertenecientes a la aristocracia británica, a la clase dirigente norteamericana y alemana lo cual permitió consolidar un monopolio hegemónico en muchos países europeos con una fuerte proyección globalizadora que terminaría estableciendo un nuevo orden internacional a partir del nacimiento de la Sociedad de las naciones el 28 de junio de 1919.


Esto conllevó a que los países a partir de la “cooperación” y suscripción de tratados multilaterales, estuvieran obligados a cumplir con las exigencias de la comunidad internacional, así estas fueran en contra de los intereses y al legítimo derecho de la autodeterminación de los pueblos, la defensa de la soberanía, con el argumento de “preservar la paz” a partir de la reorganización de las relaciones internacionales, todo esto dentro de los principios fundacionales consignados en los estatutos de la citada sociedad entre, los que también se encontraban el arbitraje de conflictos y la seguridad colectiva.


Desde entonces la (Comunidad internacional) aumentó su capacidad de maniobra para resolver a su conveniencia las disputas, derivando años más tarde en una, aún mayor centralización del poder a partir de la fundación de la ONU en el año de 1948, órgano reemplazante de la liga de las naciones como se le denominó extraoficialmente, que como ha quedado evidenciado ha avalado bombardeos, invasiones, con la excusa, entre otras, de la “lucha contra el terrorismo” apoyada por dictadores y tiranos que violan flagrantemente los “valores democráticos” lo que ha derivado en crímenes de guerra y genocidios, y que constituyen claras violaciones a los derechos humanos y al derecho internacional humanitario según los acuerdos pactados en la Convención de Ginebra, así como lo establecido en sus propios estatutos y resoluciones, como por ejemplo el Estatuto de Roma el cual fue adoptado el 17 de julio de 1998, pero que sólo entró a regir el 1 de julio del año 2002 y que permitió el establecimiento de una Corte Penal Internacional para juzgar a individuos que hubieran cometido crímenes de lesa humanidad, genocidios, etc.


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