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LA SENDA DE LA DICTADURA

Por: Camilo Pretelt. Abogado.

 

El poder es un vicio anhelado por muchos, tanto que al sentir su fuerte sabor el que lo prueba queda embrujado, como aquel drogadicto que abraza tan fuerte su pipa y cerilla, así se sujeta al asiento, el que alguna vez se convirtió en líder, para transformarse en dictador.


En esencia, una dictadura consiste en 4 años de buen gobierno y décadas de opresión. Riesgo al que se puede ver sometido Colombia sin antes haber experimentado si quiera ese cuatrienio de la gloria. El actual Presidente no oculta su voluntad de perpetuar su mandato, incluso existiendo la prohibición de reelección presidencial de que trata el artículo 197 de la Constitución y que solo podrá modificarse a través de referendo de iniciativa popular o Asamblea Constituyente, sin entrar a juzgar si su gestión ha sido buena o mala, Petro ha empezado a mover sus adeptos en pro de este ideal.


Solo basta analizar la forma en que labró su camino a la presidencia, parece haber seguido una senda cuidadosamente diseñada, mientras que muchos candidatos se peleaban por ser líder del denominado centro, Gustavo siempre buscó los extremos, incluso asumir una postura combativa e incendiaria le hizo fortalecer su posición de cara a las elecciones, muestra de ello es el apoyo que brindó a los protestantes durante el estallido social del 2021 que entre otras cosas, las personas venían de un largo encierro pandémico, una crisis económica nunca antes vista, mezcla inflamable que solo necesitó de un discurso agitador para encender el país, así creó el ambiente de efervescencia que sostuvo sus aspiraciones.


Habiendo instrumentalizado la población y convertido la protesta como un mecanismo de presión política, el éxito presidencial sería para aquel que hiciera creer a los votantes que podía transformar su realidad, que usará la riqueza cultural para potenciar su campaña, el que masificara su propuesta tanto en la calle como en redes sociales y el que supiese sacar provecho de la inocencia de la juventud. Fue de este modo que vimos los lemas de “vivir sabroso”, “Colombia Potencia de Vida” y quizá el verbo rector de su campaña, la palabra “Cambio”, que pudo ser instrumentalizada en casi cualquier tema político. Es de reconocer que en su discurso hallaron representación partes de la población que ha padecido el abandono estatal y que su estrategia sacó a votar a más de un adulto mayor que en su vida había ejercido el sufragio.


Poseyendo el poder y saborear sus mieles, Petro ha adelantado las tareas pendientes para crear el ambiente ideal que abra la ventana de la reelección.

Inicialmente y ante el fracaso de los primeros intentos de reformas sociales presentadas por el gobierno muchos de sus seguidores en marzo de 2023 promovían el cierre del Congreso de la República, barbaridad que en términos políticos hubiese sido peor a la toma del capitolio de los Estados Unidos en 2021. Este acto de haberse consumado, pudo ser la muerte del Estado Social de Derecho tal y como lo concebimos hoy en día, pues al ser el Congreso una corporación elegida a través del voto popular, su cierre constituiría un golpe a la democracia.


Seguidamente nace la idea de la Asamblea Constituyente, cuyo objetivo principal no es otro que el de levantar el veto reeleccionario y así poder completar el segundo paso hacia el camino de la dictadura, afianzarse en el poder, propósito que busca cumplir y con seguridad usando como instrumentos y policías políticos todas las instituciones y gremios que tenga a su disposición. Esto para simular un apoyo popular.


Persiguiendo el objetivo, también busca el presidente la unificación de partidos que suscribieron la coalición que lo llevó al poder, situación que a muchas agrupaciones no les tienta, puesto que, ante la baja porcentual de su favorabilidad, su sombra empaña a quienes lo apoyaron.


Actualmente, se promueve una confrontación institucional, situación que no hace para nada bien a la organización y funcionamiento de las instituciones. Desde varios sectores del gobierno y sectores populares se pretende la deslegitimación de entidades tanto administrativas como judiciales que se escapan de la esfera de influencia del presidente que mucho le ha costado entender que por ser jefe de Estado no le confiere un poder absoluto sobre todas las entidades del país y que en irrespeto de la Constitución y a la separación de poderes busca el desconocimiento de la estructura del Estado, situación que favorece más el centralismo y la concentración del poder.


En síntesis, el cúmulo de situaciones propuestas y promovidas en su mayoría desde el gobierno constituyen un caldo de cultivo donde son ellos el hecho generador para resultar siendo ellos mismos la propuesta de solución, escenario orwelliano de manipulación que conduce al borde del control social bajo engaños que favorezcan intereses personalistas, mismos que usarían las elecciones no como herramienta que refleje la voluntad del pueblo en las urnas, sino con un fin legitimador del gobierno.

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