• Columna 7

LA SOLÍCITA INVISIBLE

Actualizado: jul 19

En realidad he conocido a muchas de ellas, pero hoy las personificaré en una sola para recordar esta y todas las veces que sean necesarias, que detrás de cada una de ellas existe una historia de desarraigo, sacrificio, tristeza, templanza, pero sobre todo de esperanza, misma que perdieron cuando salieron de su tierra y que hoy renace ante la posibilidad de tener la oportunidad de empezar una nueva vida desde cero en este lugar.


Por: Stephanie Castro C. (1)


Han sido las mujeres más explotadas de nuestro precario sistema económico, agravado por la crisis de la pandemia. A veces, las vemos atendiendo mesas en locales improvisados; a otras las vemos realizando oficios de manicure y peinados; a unas cuantas ‘privilegiadas’, las vemos encargadas de ‘labores varias’ en algunas cadenas de supermercados que siguen el modelo ‘Hard Discounters’; pero a muchas de ellas las tenemos en casas vecinas –o quizás la propia– realizando la noble y dura labor de organizar el caos doméstico y preparar nuestros alimentos.


Estoy hablando de miles de mujeres migrantes en nuestro país, pero especialmente en nuestra ciudad y departamento; las mujeres que un día abandonaron su país de origen por diversas razones y que llegaron al nuestro en las condiciones menos favorables en búsqueda de oportunidades, las mismas que buscan miles de colombianos.


Lo que callamos como sociedad, es una verdad que nos estalla en nuestra propia cara como un peso en nuestra conciencia, y es que sabemos por intuición que las mujeres migrantes son excelentes candidatas para ocupar cualquier ‘vacante’ que implique la informalidad en todo aspecto, solo piensen: la aspirante estrella posiblemente está indocumentada o tiene una condición migratoria irregular; necesita trabajar urgentemente porque a diferencia de nuestras conciudadanas, ella no tiene familia en este país que le dé posada y comida; posiblemente, ella también tenga su propia familia en su país, a la que dejó con dolor y que espera a cambio el envío de una remesa para sobrevivir; sumemos a esto, que ella también lo haya perdido todo, y que ve con optimismo la oportunidad de someterse a la condición más exigente, explotadora y hasta abusiva con tal de ganarse la vida ‘dignamente’, aun siendo consciente de que sus derechos están siendo vulnerados.


Y es así, como tenemos a la trabajadora modelo de nuestros días, la solícita invisible; aquella que nos entregará toda su dedicación, amabilidad, esfuerzo y hasta pondrá sus mejores habilidades y destrezas a nuestro servicio a cambio de lo que por excelencia les ofrecemos: un trabajo sin formalidad alguna, un acuerdo de palabra que no le compensa ni prestaciones sociales, ni afiliaciones a salud, ni a riesgos laborales, ni primas, ni cesantías, ni vacaciones, etc.; pero eso sí, tendrá por seguro su ‘pago’, aquel que cualquier colombiano en condiciones dignas jamás aceptaría con gusto de sus propios paisanos.


Podría decir que es una historia muy macondiana, pero desgraciadamente, las condiciones de miles de mujeres migrantes alrededor del mundo son casi las mismas. Un informe realizado por la OIT en 2020 llamado “Brecha salarial de los migrantes: examen de las diferencias salariales entre los migrantes y los ciudadanos de los países de acogida”, (2), el cual recopila datos de 49 países, alerta sobre el aumento en la disparidad de los salarios en los países de ingresos altos durante los últimos cinco años.


Según este informe de la OIT, existe una doble discriminación hacia las trabajadoras migrantes, pues su pago está un 21% por debajo del de los hombres ciudadanos del país de acogida. Sumado al agravante de que la pandemia de COVID-19 ha colocado a los trabajadores frente a una agudización de la discriminación y exclusión, especialmente a las mujeres.


En nuestro país, aunque hay varios tipos de flujos migratorios, la mayoría de trabajadoras migrantes provienen de Venezuela, principalmente mujeres jóvenes en edad productiva y reproductiva pero con niveles muy bajos de educación o pocos años de escolaridad acumulada. La mayoría de ellas vive en la informalidad económica, pero debemos reconocer que muchas de ellas se dedican a las labores domésticas en hogares y locales comerciales, en la más absoluta informalidad.


Es un hecho, que la falta de reconocimiento de los derechos de las trabajadoras migrantes, más allá de un tema de consciencia y humanidad, tiene unas implicaciones muy profundas: tanto en la posibilidad de acceder a oportunidades y empleo en igualdad de condiciones, como en la situación de desventaja en la que se encuentran frente a condiciones de explotación, abuso psicológico y en algunos casos hasta físico y sexual, así como también condiciones de trabajos forzados y maltrato propios del ambiente de trabajo informal; también, ante situaciones de violencia familiar, laboral y hasta discriminación por su origen, orientación sexual y etnia.


Para visibilizar las condiciones que afectan a las trabajadoras migrantes, es necesario examinar la migración de la mujer desde la perspectiva de la desigualdad entre los géneros, así como reevaluar los roles tradicionales de la mujer en el trabajo, mirando una vez más el gran desequilibrio que hay en el mercado laboral desde el punto de vista del género, y no ocultado la prevalencia generalizada de la violencia por motivo de género junto a la feminización de la pobreza y la migración laboral a nivel mundial.


Hoy primero de mayo, cuando en muchos países del mundo se conmemora el Día Internacional del Trabajador, mediante estas palabras quiero intentar visibilizar a la ‘solícita invisible’ que vemos todos los días, pero que no reconocemos; esa mujer que detrás de esa hermosa sonrisa, disponibilidad absoluta y cordialidad, esconde una historia de desarraigo, sacrificio, tristeza, templanza, pero sobre todo de esperanza, misma que perdió cuando abandonó su tierra y que hoy, en este caótico lugar, renace ante la posibilidad de tener la oportunidad de empezar una nueva vida y tratar de salvaguardar algo muy importante, su dignidad.


(1) Abogada, Magister en Cooperación Internacional y Desarrollo de la Universidad de la Sapienza de Roma. Investigadora y docente catedrática del área de Derecho Internacional y Migratorio en la Universidad del Magdalena.


(2) Pueden consultar el informe de la OIT –documento original en inglés- a través del link https://www.ilo.org/wcmsp5/groups/public/---ed_protect/---protrav/--- migrant/documents/publication/wcms_763803.pdf

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