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EUTANASIA ESPIRITUAL

Por: CARLOS A. GOMES CASSERES VERGARA. Consultor Empresarial y Gestor Público. @conferenciascarlosa



La palabra Eutanasia en separación de vocablos, viene del griego EU que significa bien o fácil y de la palabra THANATOS, que significa muerte, vocablo que en conjunción es la administración mortal para intencionalidad de la muerte indolora.


Existen dos formas de eutanasia, la activa que es la acción directa de la muerte mediante sustancias mortales y la pasiva que es la interrupción de tratamientos médicos paliativos, con alivio del dolor irreversible por la incurabilidad de una enfermedad. Otras de las condiciones es que una es voluntaria y la otra involuntaria como muerte digna o suicidio asistido. La eutanasia se despenalizó en Colombia en el año de 1997, con el pronunciamiento de la Corte Constitucional para pacientes de enfermedades terminales, por medio de la cual se determinó el artículo 106 del Código Penal.


Sobre la muerte por piedad o eutanasia, la cual se aduce que mientras se cumplan con los requisitos de un consentimiento libre e informado por medio de un diagnóstico certificado donde conste que el paciente se encuentra en estado de enfermedad terminal incurable, ya sea física o psíquica deja de ser un delito mientras sea ejercida por un médico, todo esto en contravención con la condición profesional de los médicos que es la de salvar vidas. Con esta posición terrenal se desconocen los derechos al libre desarrollo de la personalidad, a la integridad física, y se sitúa en duda la dignidad humana, por eso no siempre la vida es lo mejor, ni la muerte lo peor.


Sin entrar a dirimir entre la religiosidad y la espiritualidad, que sin duda son conceptos antagónicos y sin ánimo fundamentalista por diferencia teológica, en revelación divina los seres humanos vienen a la tierra con un contrato espiritual consignado en el libro de la vida, con una misión con Dios cada una indistinta de cada persona; condición esta que hace difícil la unificación de criterios doctrinales a las religiones, y con acuerdos antes del nacer, por eso dentro de todas las cosas tenemos un día de llegada a la vida que es nacer y un día de ida que es morir, ambas son bendiciones consideradas como un premio.


El ser humano a través de la historia ha vivido muchas experiencias paranormales colindantes con la muerte y donde se describen casos en instantes de tiempo, donde han dejado de existir, y que al despertar o revivir relatan experiencias de haber estado en un túnel y ver una luz blanca resplandeciente, que además se encuentran con familiares ya fallecidos, y muchas veces con una persona de túnica y barba blanca, con mensajes que todavía no es su tiempo que deben regresar. Para los médicos no son más que alucinaciones y para la investigación científica no hay claridad de estos hechos, lo que sí está claro es que muchas personas coinciden en su testimonio más allá de la casualidad.


El ser humano en su etapa terminal, pasa por episodios en los que se encuentra la fase de estado de agonía activa, la muerte clínica, que vienen hacer la interrupción irreversible de la funcionalidad del organismo y la muerte biológica. El amor nos lleva a la distanasia por tener que hacer hasta lo imposible, como consecuencia de enfermedades intratables medicamente, y conscientes que no se deben seguir con los tratamientos paliativos invasivos que terminan en taquifilaxia progresiva; que retrasan la muerte, y no alargan vida, lo que sí alargan es el sufrimiento, o bien llamado encarnizamiento terapéutico; que termina enfrentando la ética médica con los condicionantes económicos, que por infortunio, son estas actividades de alto costo, las que representa réditos financieros a la institucionalidad.


La eutanasia es un constructo social de procesos incidentes, que han llevado a distorsionar lo natural, que incita a una anomia desaforada, que derivan en expresiones como la vida es una sola, yo hago con mi vida lo que se me da la gana, que se convierten en violación de las leyes universales de Dios, que exige un análisis profundo en pos de la congruencia espíritu-terrenal. La muerte física es inevitable para los mortales (Salmo 89:48; Hebreos 9:27), es Dios el único soberano en la muerte de una persona. Eclesiastés 8:8 declara: “No hay hombre que tenga potestad sobre el espíritu para retener el espíritu, ni potestad sobre el día de la muerte;…”. Dios tiene la última palabra sobre la muerte. “La eutanasia y el suicidio asistido son intentos del hombre de usurpar esa autoridad de Dios”. Apocalipsis 21:4.


“No importa la muerte sino cómo se muere.” Anónimo.

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