• Columna 7

CAUTIVOS EN LAS REDES

Actualizado: oct 4


Por: Catalina López Lafaurie.

Que levante la mano quien al despertar, lo primero que hace antes de levantarse de la cama es revisar su celular y al dormir también. Estamos atrapados y no hay retorno.


Estamos en la era digital y la pandemia afianzó lo que ya todos sabíamos, lo indispensable que se convertiría la virtualidad.


Caminamos hacía un mundo que está lleno de redes y día a día nos cautiva. En vez de retroceder, avanzamos hacia el. Es una retención voluntaria, aunque algunos podrían decir que desarrollaron el famoso Síndrome de Estocolmo y se enamoraron de las redes que los mantienen presos.


Sí, hablo de las redes sociales. Esas que a muchos mantiene esclavizados en sus celulares o en una pantalla cualquiera que sea. Es difícil encontrar a alguien que no utilice redes sociales en la actualidad, hasta los abuelos se colocan al día.


La vida social se detuvo por la situación mundial, pero no las redes sociales. Como es de esperarse el consumo de Social Media aumentó drásticamente durante el confinamiento en el mundo.


Un estudio realizado por la Universidad Necmettin Erbakan de Turquía reveló que anteriormente el consumo de Social Media de un usuario promedio era de 3 horas al día. Durante el confinamiento el promedio aumentó a 5 horas diarias con fines de entretenimiento.


De acuerdo con esto, la firma Comscore en un análisis de global sobre el efecto de la pandemia en las redes sociales señala que: “tanto en América Latina como en Europa y Asia, Instagram se lleva casi o más del 60% de la participación, seguido por Facebook”, afirman en el análisis.


Aunque estoy segura que en los jóvenes, es más alto el consumo de estas plataformas. Quiero centrarme en el tipo de uso que se le está dando; algunos han preferido dejarlo netamente para el entretenimiento, otros para impulsar su carrera o su empresa y también, hay quienes que las usan para el desprestigio.


En Colombia, rige un derecho fundamental a la libre expresión y sentados sobre esta base hay quienes usan su “libre expresión” para acudir a la desmedida crítica, ofensa y humillación en las redes sociales. Ahora parece que tuviéramos que cuidar más que a nuestra salud el contenido que publicamos.


Cuesta tanto surgir y solo bastan segundos para que alguien acabe lo construido con un video que de inmediato se puede viralizar, porque llama la atención la debilidad, la equivocación o el criticar a alguien, pero lo bueno, a veces no es viral.


Estamos cautivos. Ya no se concibe el día a día sin el celular, ya no se lee un periódico mientras hay que esperar, se lee Twitter; ya no se llama, se escribe. Todo esto hace parte de la evolución del tiempo y no está mal.


Sin embargo, las redes han incitado suicidios, han provocado amenazas, han polarizado y han masacrado el autoestima de muchos. Ojalá cayéramos presos en la red donde se apoya la creatividad, donde miles de emprendedores salen adelante, despierta la esperanza y sensibiliza a otros.


Cuando se podía socializar, elegían la virtualidad en medio de un encuentro con familiares o amigos. Cuando tocó depender de la virtualidad entonces sí querían encontrarse. ¿Será qué después de esta pandemia seguiremos igual o aprendimos a socializar sin estar pegados al celular?


La realidad es que estamos atrapados en unas redes de las que ya no podemos salir, cada día hay mayor dependencia a estas. Eso sí, cada quien elige cómo permanecer en ellas.

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