• Columna 7

EL HERMANAZO

Por: Rafael Porto C.


“Muchas cosas hay portentosas, pero ninguna tan portentosa como el hombre; (…) Padre, el más sublime don que de todas cuantas riquezas existen dan los dioses al hombre es la prudencia”…

Sófocles.


Les confieso que no sé como iniciar esta columna, mientras escribo estas letras, lágrimas de dolor corren por mis ojos, siento un nudo en la garganta, y mi corazón afligido reclama y pregunta ¿por qué? Debo escoger con sumo cuidado las palabras, porque de quién escribiré a continuación merece todo el respeto, consideración y mi entera admiración.


José Ariel Parra. Probablemente el nombre no sea familiar para ustedes, pero si digo “el hermanazo”, como cariñosamente toda la comunidad académica le llamaba, muchos sabrán a quién me refiero. “El hermanazo” era Licenciado en Filosofía y Teólogo de la Universidad de San Buenaventura. Especialista y Magister en Docencia e Investigación Universitaria de la Universidad Sergio Arboleda. Al momento de su triste partida, aparentemente por causa de la tenebrosa enfermedad que azota al mundo entero, se desempeñaba como Coordinador de Investigaciones de la Escuela de Derecho de la Universidad Sergio Arboleda, seccional Santa Marta, y como docente en varias asignaturas.


“El hermanazo” dedicó gran parte de su vida a la docencia, primero en el Colegio Franciscano San Luis Beltrán, y luego como formador de conciencias en la escuela de derecho de la Universidad Sergio Arboleda de la ciudad de Santa Marta por más de 20 años. Cuando llegué a la Universidad Sergio Arboleda el 23 de julio de 2016 a realizar mis estudios en derecho, una de las primeras clases que recibí fue precisamente con este particular docente. Fue mi profesor de filosofía y metafísica.


“Muchas cosas hay portentosas, pero ninguna tan portentosa como el hombre; (…) Padre, el más sublime don que de todas cuantas riquezas existen dan los dioses al hombre es la prudencia”… Con éstas palabras de Sófocles el profesor José Ariel Parra nos sentenció el primer día de clases e hizo que renaciera en mí ese amor a la filosofía que una vez de joven tuve en el colegio y que de adolescente fue alimentado por los diálogos platónicos que en armonía con una tía paterna al unísono leíamos.


Como era primíparo por segunda vez, en los pasillos escuchaba voces como: “¿ya el profe José Ariel te dio clases? ojo con el hermanazo que es exigente”. Y sí que lo era, sacar una nota por encima de 4.0 era toda una odisea, pues él mismo decía: “jóvenes estudien, porque el 5.0 es para el autor del libro, el 4.0 para el profesor, y de ahí pa´abajo los estudiantes”, y luego soltaba una carcajada que nunca olvidaré.


Hablar de este gran personaje es hablar de educación, de filosofía, de metafísica, del Argé, del Motor inmóvil, de lo Circunvalante, de humanismo, y de otras tantas cosas que nos enseñó. Además de ser un gran educador “el hermanazo” era un gran ser humano de los pies a la cabeza. No hay persona que no saludara afectuosamente con ese particular: “’¡hermanazo!”, y remataba: “ hermanazazazo ¿como estás?”, y las damas les decía: “¡hermosísima!”


El profesor José Ariel Parra era el primero que llegaba al campus universitario, a eso de las 5:30 a.m. sino antes, lo podíamos encontrar parqueando su automóvil en el lugar de siempre. Tenía un sentido de la responsabilidad como el que más. Respetuoso, un caballero y gran señor en todo el sentido de la palabra. Hombre comprometido con la causa académica, ¿cuántos estudiantes habrán recibido su enseñanza? ¿cuántas generaciones habrá formado? Juego mi cabeza que no existe persona en la faz de la tierra a quien “el hermanazo” no le haya hecho el bien, porque él mismo era la representación del bien. Siempre podías encontrar en él un sabio consejo que aliviara tu espíritu.


Hoy toda la comunidad académica de la Universidad Sergio Arboleda y de la ciudad de Santa Marta queda huérfana, todos los que te conocimos quedamos con una honda herida. Mi tesis de grado que comenzaste a dirigir queda suspendida con tu viaje a la eternidad. Seguramente con Sócrates, Platón y Aristóteles te encontrarás.


¡HERMANAZO! con profunda tristeza en mi corazón recibo tu lamentable partida. Siempre te recordaré con el más noble sentimiento de respeto y admiración. Vuela tan alto como tus pensamientos. La humanidad no sólo pierde un gran hombre, pierde un formador de hombres, y de conciencias, pierde un gran maestro. Un buen maestro no es solo aquel que te brinda información valiosa. Un buen maestro es aquel que te inspira y te guía siempre por el camino correcto. Mil gracias por inspirarme. ¡HASTA SIEMPRE HERMANAZO!


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