• Columna 7

SAN PEDRO ALEJANDRINO REFUGIO DE ARTE

Actualizado: sep 27

Por: Esperanza Niño Izquierdo.


El maestro Germán Tessarolo, a propósito de su cuadro de Bolívar en la Quinta de San Pedro Alejandrino, nos habla de arte en tiempos de pandemia y de otros demonios.


Además de su exuberante paisaje entre montañas, ríos, brisa, sol y mar, nuestra “Perla de América” llamada así, desde tiempos de la colonia por el jesuita Antonio Julián (Cronista de las culturas autóctonas de Hispanoamérica), Santa Marta posee una gran riqueza cultural que emana desde la Quinta de San Pedro Alejandrino, última morada del libertador Simón Bolívar.


Allí, la gran hacienda de casi 200 hectáreas, rodeada de naturaleza, sirve de marco al Museo Bolivariano donde se encuentra una de las colecciones más completas de arte moderno de América Latina, digna de visitar y admirar. En ese espacio tienen cabida grandes maestros de las artes pictóricas, nacionales y extranjeros. La Quinta se ha convertido en un lugar que no solo se visita una vez, sino que es hoy un lugar icónico que abarca múltiples actividades lúdicas, literarias, talleres de tejidos ancestrales, de pintura, conciertos musicales, presentaciones artísticas variadas, dándole un aire cultural que irradia a todo el caribe.


Entre los importantes pintores que han dejado una muestra significativa de su obra y que hacen parte del patrimonio del Museo, se destaca por su característico colorido una pintura del Libertador Simón Bolívar realizada por el maestro italo-argentino-colombiano, Germán Tessarolo, quien reside desde hace décadas en la ciudad de Bogotá pero ha sido eterno visitante de nuestra ciudad, en donde encuentra la paz y la tranquilidad que le brindan los parajes y playas samarias.


Tessarolo se considera muy colombiano. Su obra le sirve para expresarse con libertad a través del colorido que se toma el hilo de los trazos fuertes para dibujar de forma sutil, abstractas ciudades luminosas con reflejos en las aguas, puertos llenos de barcos que apenas se insinúan, peces grandes y pequeños, mujeres de turbantes con miradas perdidas en el universo y sus imperdibles mascaras venecianas que muchas veces aparecen en sus obras. Ha sido expositor individual y colectivo en innumerables ciudades del mundo.


Nos recibe el maestro Tessarolo virtualmente y muy generosamente para atendernos, deja de lado las pinturas y pinceles que le sirven de instrumento para plasmar su más reciente producción artística denominada “Pandemia”, realizada en estos tiempos como una reacción a todo lo que estamos viviendo.


Antes de volver sobre su nueva obra, que nos dejará llenos de inquietudes, optimismos y más preguntas, comenzaremos por saber sobre su llegada a Colombia, el panorama que encuentra en la cultura nacional y por supuesto, la pintura de Bolívar y su interpretación sobre el libertador.


E.N. ¿Qué quisiste expresar con la imagen de Bolívar en donde, además del colorido característico tuyo, observamos una mirada conspicua del libertador.?


G.T. Mira, esa pintura la realice exclusivamente para el Museo Bolivariano en el año 1993, es un acrílico sobre lienzo. Quise plasmar un Bolívar no tan torturado, más idealizado, más tranquilo, más hombre, como un gran estratega, gran mujeriego, que representara todo ese ser completo.


E.N. Maestro Tessarolo, ¿qué significación implica para un pintor de tu talla, tener una pintura de Simón Bolívar en el Museo Bolivariano de Arte Moderno de Santa Marta?



G.T. El tema del museo es algo histórico, muy bello, tradicional, es una carta de presentación. Inclusive esta pintura fue portada de una revista cuando el presidente Santos se reunió con el presidente Venezolano, Hugo Chávez, el 10 de agosto de 2010, en una visita que este hizo a Colombia y estuvieron precisamente en el Museo Bolivariano. Para mí es un honor compartir esa galería, con esa exposición itinerante, es un gran orgullo.


E.N. A tu llegada a Colombia en el año 1969, qué aire cultural se vivía en el país?


G.T. El ambiente cultural estaba muy engrandecido, con artistas como Alejandro Obregón, David Manzur, Antonio Roda, Fernando Botero, el acuarelista cartagenero Hernando Lemaitre quien marcó un hito en el paisajismo, excelso en sus fragmentos de la ciudad de Cartagena. Se respiraba un aire de cultura en todas partes, el arte era muy exigente, con artistas como Luis Caballero, Dario Morales, Armando Villegas, Augusto Rivera y las grandes galerías que exhibían las obras de grandes artistas, como la de Karl Buchholz, o la de Hans Hungar de la galería El Callejón, o la de Rita de Agudelo, para nombrar algunas . En el país había muchas exposiciones al mes.


E.N. Hoy en día existen múltiples manifestaciones pictóricas de artistas jóvenes que vienen experimentando en el arte abstracto, conceptual, deconstructivista, etc, ¿Cómo interpretas ese “nuevo aire”?


G.T. El desarrollo vertiginoso de la tecnología viene impregnando casi en su totalidad la vida de las personas y el arte no se escapa a ella, está perfectamente invadido, lo cual lleva a un inusitado facilismo que evade el verdadero mundo artístico. Picasso decía: “Un pintor nace a los 40 años” y tenés que saber anatomía, perspectiva, equilibrio, color, armonía, tener el ojo…con el tiempo se adquieren y el dibujo es primordial. Yo llegué a la abstracción por que pasé por todo ello para llegar a tener un buen arte abstracto. Hay toda una búsqueda, un ejercicio para llegar a algo puro, espontáneo, sexual, sensual. Se debe dibujar y dibujar 2 o 3 años. La base del arte pictórico es el dibujo.


E.N. En La costa Caribe encontramos pintores que salgan de este “Modo” tecnología?


G.T. Conozco que la costa Caribe ha dado al país grandes dibujantes, por ejemplo en Valledupar encontramos a Eivar Moya gran dibujante del cuerpo humano, Walter Arnal, que expuso en la ciudad de Santa Marta, escultor y pintor de bodegones colmados de mangos y sandías; Noé León que vivió muchos años en Barranquilla y supo retratar mejor que nadie con su estilo “naif” la cotidianidad del Caribe. Pero insisto, hoy el arte en todas partes del planeta no está a la altura de otras épocas pasadas, está imbuido de tecnología.


E.N. Dentro de las muchas manifestaciones del arte, cada artista tiene una mirada específica de la realidad. En esa perspectiva ¿cómo definirías tu

estilo?


Cuando llegué a Colombia, me impactó la luz que tiene el paisaje; es constante, sin invierno, tropical, siempre está presente. Vi las primeras obras de Alejandro Obregón que me cautivaron, su espontaneidad, para mí, el mejor pintor que representa nuestra patria. También muy inspirador Noé León. Los acuarelistas me fueron enriqueciendo y así me fui formando. El color me atrapó desde siempre y aquí encontré mi estilo. Mi apellido, Tessarolo, quiere decir “tejedor”, con el color me expreso de forma salvaje y con el negro tejo mis historias. Los colores son mis emociones. Combino el dibujo con la pintura.


E.N. La pandemia que viene atacando al mundo, el encierro, el tapabocas, el aislamiento social, nos conducen a un mundo raro; a situaciones inéditas, a tener miedo, a sentir que podemos desaparecer en cualquier momento. ¿Estos nuevos hechos permiten despertar la creatividad?


G.T. Claro que sí. Mi obra actual es la puerta que se ha abierto para sacar a mi niño interior que sale a jugar. Trabajando sin parar, veo películas, escribo, pinto, “soy trifásico” y el tiempo no me alcanza. En esta época que tienes mucho tiempo y podés hacer todo lo que has querido y no lo hacías por falta de tiempo, ahora no tenés excusa. Es un tiempo extraordinario, no lo es para todo el mundo, desde luego, porque algunos se desesperan con el encierro. Lo peor es tener miedo. Hay que cuidarse pero no tener miedo. Si no, no vives más. Seguro que antes no nos encontrábamos a nosotros mismos. En estos tiempos se vienen usando dos palabras que detesto: “reinventarse” y “empoderarse”. Esta época no es para reinventarse, es para nacer de nuevo, volver a nacer, dejar todo lo que eras, dejarlo atrás y sacar tu mejor versión, para ser otra persona, este es el tiempo.


Hay que utilizar el tiempo. El tema es que los mares y ríos se están limpiando en algunos lugares. Hoy vemos un curso sobrenatural como siembre debía haber sido, pero el ser humano acabó con las playas, con el agua, olvidando reciclar. Hay partes que se están limpiando y hay otras en cambio, se están formando islas de basura que confunden a los peces y se alimentan de plástico. Por eso, este es un gran tiempo de reflexión para ser “tu mejor versión”. Ya estábamos cansados de una monotonía absurda que no nos llevaba a ninguna parte. No es justo que muera tanta gente por una Pandemia inventada. Pero el tiempo, si se sabe aprovechar, veremos los resultados.


E.N. Pero Germán, crees tu que volveremos entonces a la normalidad, o realmente la anormalidad que era antes de este paro social?


G.T. ¿Cómo es volver a normalidad? La normalidad es vivir hoy. Ya lo de antes pasó, va a quedarse en el recuerdo como dice mi amigo y científico Jorge Reynolds: “este efecto que estamos viviendo nos va a durar de por vida a nosotros y a las generaciones próximas”. Este nuevo orden nos marcará de por vida. La normalidad es un “cuento chino”, ya no va a ser normalidad, lo que viene es un cambio y el que no se adapta pierde.


El precio del encierro es muy alto por el terror, porque la gente ha perdido las ganas de vestirse, de arreglarse, porque andar con tapabocas hace que se pierda el toque de coquetería. Si te acercas a alguien, se espanta.


Por mi parte entiendo que hoy lo que tenemos es tiempo, es un tiempo sin tiempo, es un tiempo extraño, psicológicamente estamos afectados, no sabemos siquiera en que día estamos y como no hay misa se nos escapa hasta el domingo. Hay que tener mucha filosofía, sicología y quienes tienen al lado el mar son privilegiados por que el mar refresca la mente y aguza los sentidos. Es muy diferente estar en Santa Marta al lado del mar que caminar por el mar de cemento de la ciudad. Pero es lo que tenemos.


Finalizada la entrevista, Tessarolo se despide añorando volver pronto a estas maravillosas tierras de mar y sol.


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