• Columna 7

Y AHORA, ¿QUIÉN PODRÁ DEFENDERNOS?

Por: Cristian Morelli E.


La desesperanza es un plato que se ha servido caliente en Colombia, la desazón generalizada de los ciudadanos a causa del proceder policial y administrativo ha desatado manifestaciones masivas de personas que reclaman un cambio. Todos los días hay masacres y homicidios en nuestro país, la mayor consecuencia es que las organizaciones criminales han tomado ventaja de dicho auge como “sucesos normalizadores” de la lesión sistemática de bienes jurídico-penales como la vida y la integridad física.


Groso modo la cuestión criminal actual estaría funcionando así, si el ELN asesina 3 jóvenes y las disidencias de las FARC asesinan 5 personas; llega un tercer grupo de la misma índole y acaba con 7 vidas humanas, esto, para ejercer mayor poder coercitivo que sirvan a sus intereses criminales, pensaran “qué más da, estos otros grupos ya lo han hecho, nosotros podemos hacer más; seamos más poderosos”


De no haber respuesta estatal contundente esto seguirá creciendo como una bola de nieve sin parar, a la cual tenemos que ir organizándole un bautizo, donde todos los colombianos estaremos invitados, será un festín de sangre y balas; al sonido del llanto de nuestros niños que pierden a sus padres, en el cual el sacerdote de la condena social deberá llamar ANARQUÍA.


¿Quién podrá defendernos de toda esta hecatombe que pareciera no tener fin?, está claro que ni esta pandemia destructiva logró tocar las fibras del corazón de algunos de nuestros congéneres, razón les asiste a aquellos que se han indignado; los motivos de enfado y tristeza son considerables, por ende hallo coherencia en quienes han tomado vehementemente como propio el luto por la muerte del estudiante de derecho Javier Ordoñez.


De igual forma razón no les concedo a los vándalos, ni a los policías que en aras de reafirmar el poder estatal de coacción por conveniencia social cometen abusos diariamente, la corrupción crece, el desinterés estatal sigue en una posición indolente de manera indefinida y la colectividad pareciera querer retroceder a aquellos tiempos pasados donde la violencia era la voz de los oprimidos.


Y ahora, ¿quién podrá defendernos?, sinceramente quisiera decir tantas cosas que es mejor guardar prudencia y limitar nuestras manifestaciones verbales o escriturales. Cuando decían que entraríamos a la etapa del sálvese quien pueda pensé que se trataba solo de una premisa relacionada con la pandemia del COVID-19; no es así. Si alguien sabe la respuesta del título de este escrito de opinión, me avisa.

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