• Columna 7

WENCESLAO MESTRE CASTAÑEDA

Actualizado: jul 19

In memoriam


Por: Rosember Rivadeneira Bermúdez.


No cesa el peregrinaje de las almas gloriosas que van al padre para habitar con él en su morada majestuosa.


Aunque pareciera previsible, no superamos tu repentina partida, por eso lloramos al sentir nuestra alma herida.


Sufren y se estremecen tus seres queridos, y vuelve a sangrar el corazón de la comunidad Sergista, por eso se iza a media asta la bandera y te rinden honores lanzando rosas al cielo, mientras pronuncian tu nombre.


Se silencia la voz del auténtico maestro y jurista, que a todos sabiamente instruía.


Esperábamos tu presencia en el salón para deleitarnos con la teoría del acto y el contrato, de los elementos, requisitos y vicios, los derechos auxiliares del acreedor, la imprevisión y la simulación, pero el silencio de tu ausencia nos genera una indescriptible desilusión.


Confundidos creímos que tu muerte era el resultado de una simulación absoluta, pero asombrados descubrimos que se trata de la cruda realidad.


¡Ha partido el maestro y amigo Wenceslao Mestre Castañeda!


Ante los estrados celestiales demandaderos a quienes te han transportado presurosamente al firmamento. Comprobaremos que fue viciado tu consentimiento, pues fue a través de la fuerza y el dolo que, de tu cuerpo, el alma se han llevado.


Previamente, una oferta de entrega y devoción a la virgen María elevaremos, a fin de que interceda ante Cristo, para que al igual que hizo con Lázaro, tu nombre pronuncie, llamándote a venir afuera, y te contemplemos abrir los ojos y retirarte las vendas.


El Eterno pronunciará la última palabra, y si decide conservarte en su seno, al resultarle agradable el fuego de tu alma, te imploramos que prepares para nosotros el sendero de luz en el paraíso celestial, pues como hombres de bien, aspiramos a disfrutar de ese sitial.


Te acompañan varias luces, que son tus guías y protectores espirituales, atestiguando que fuiste un hombre de fe, libre, de buenas costumbres, y el portador de un alma que a muchos le sirvió de lumbre.


Al abordar la balsa de cuero cosido para cruzar el río de la muerte y conducirte al más allá, Caronte no te exigirá metales preciosos para comprar tu pase, pues la autenticidad y el valor divino de tus virtudes es conocido en todas las latitudes.


A su encuentro te bastará con realizar discretamente el signo, estrechar su mano, darle el toque y pronunciar la palabra de paso.


Susúrrale al oído que el nivel te reveló la gran verdad, pues somos iguales al nacer, crecer, enfermar, sufrir, envejecer, e incluso en la forma cómo se descompone nuestro cuerpo luego de partir, y confírmale que algunos esfuerzos humanos son productos de la vanidad.


Al cruzar el río de la muerte, la luz divina te confortará, la agonía de la incertidumbre se disipará y tomado de la mano de Hermes Trismegisto comprobarás que, como es abajo también es arriba.


En el oriente eterno te asistirán nuestros hermanos espirituales, quiénes con sus espadas te señalarán a la estrella flamígera. Luego sonreirás al vernos reunidos en torno a la luz de la verdad, y comprobarás que ciertamente somos más que las espigas.


¡Dolor!


¡Dolor!


¡Dolor! exclamamos tus hermanos al llamarte y no escuchar tu voz, mientras otros fervientes devotos suplican al padre, deseando que brille para ti la luz perpetua.


Que el recuerdo de tus virtudes nos conforte.

Que la abnegación que ejemplificaste no nos falte.

Y que a tu vida ejemplar corresponda la nuestra.


Gracias por tu vida terrenal, avanza y no mires atrás, pues a los que quedamos nada nos faltará. Disfruta el peregrinaje espiritual, Wenceslao Mestre Castañeda, nos reencontraremos en los mundos celestes para abrazarnos como hermanos.

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