• Columna 7

¡VIVA MI TRABAJO!

Por: José Eduardo Barreneche Ávila.


Hemos conmemorado este 1 de mayo de 2021 con todo el ímpetu que lo merece. Los que protestan en este día, antes de hacerlo, deberían gritar si tienen un trabajo, ¡VIVA MI TRABAJO!

Repetirlo una y mil veces, porque solo amando lo que se hace, se prospera y se edifica el ser humano. Los que no tengan trabajo, debemos ocuparnos para buscarle uno. Esa es nuestra misión como sociedad.


El 1 de mayo se ha tomado e interpretado por las personas desde diferentes ángulos. Hay unos que lo analizan como un día festivo en el cual se descansa. Otros, no le dan la importancia que amerita, y existen algunos que simplemente no se han puesto a meditar sobre la dimensión e importancia del trabajo en un Estado que se hace llamar “social de derecho”.


Recordemos que esta fecha, es no sólo la conmemoración del movimiento obrero mundial, sino que sirve para manifestar la importancia del trabajo como derecho y obligación social.


Los hechos que dan origen a esta conmemoración se dieron en la revolución industrial en los Estados Unidos. Se pedía en ese momento la reivindicación de la jornada laboral de trabajo a ocho horas. El objetivo era hacer valer el principio de “ocho horas de trabajo, ocho horas de ocio y ocho horas de descanso”. Bajo ese contexto se produjeron varios movimientos que lograron muchas conquistas sociales.


Tradicionalmente al día de hoy, se ha utilizado para manifestar reivindicaciones sociales y laborales, situación que comparto debido a la historia cruel que ha rondado a la humanidad. Vemos protestas y una serie de manifestaciones por parte de los trabajadores. Sin perjuicio de que tienen todo el derecho para hacerlo, debemos pasar de las protestas a las reflexiones que generen propuestas constructivas para generar empleo.


Todos necesitamos un empleo. Aquellos que lo tenemos debemos ser agradecidos con la providencia, y el que no lo tiene debe buscarlo con tanto ímpetu, como si se tratase de algo sagrado, ya que efectivamente lo es. Además, debemos cuidarlo y propender por generar empleo en la medida de nuestras posibilidades.


Pero como el trabajo va ligado al ser humano desde su creación, es el momento de hacer reflexiones sobre la importancia de este, y qué tan agradecidos debemos ser aquellos que tenemos un empleo estable, indefinido, y en dónde se tenga la capacidad de prosperar desde las facetas espirituales, cognitivas, sociales, académicas, intelectuales y económicas. Un buen trabajo edifica y engrandece al ser humano.


Hoy, cuando el desempleo se incrementa, y las fuentes laborales son escasas, es importante hacernos reflexiones sobre el futuro de una generación que clama a mil voces oportunidades laborales.


No podemos seguir, como sociedad, creando un cultivo tóxico de una juventud recién egresada sin la oportunidad de emplearse. Muchas veces les dicen, emprendan, sin olvidar que no todos tienen la vocación para hacerlo.


Actualmente el desempleo en Santa Marta se encuentra en el 15,8% y su ocupación informal ronda el 66.1%. Somos la tercera ciudad en Colombia con mayor informalidad. Este fenómeno, aunque es menos doloroso que el desempleo, conlleva una tragedia social que se reflejará en las siguientes generaciones. Los hijos de los informales, no tendrán cobertura en salud, sus padres sin prestaciones sociales no podrán aplicar para un subsidio de vivienda, y mucho menos tendrán cesantías, ya sea que las utilicen para la educación y/o la adquisición de su hogar soñado.


La informalidad trae consigo la ausencia de prestaciones sociales, de una pensión, y por ende la imposibilidad de un futuro promisorio. Lo que debemos buscar es generación de empleos que permitan cumplir con esos beneficios producto de conquistas sociales, para beneficio integral del trabajador y su familia.


Hay que proteger a la empresa, ya que este es el vehículo a través del cual se crea una prosperidad colectiva que irradia a toda la sociedad. Sin empresa no hay trabajo. La ecuación es así de sencilla. Por ello nuestros actos deben girar a la protección de la unidad de producción de riqueza, llamada empresa.


En el día del trabajo, no podía dejar de pasar esta oportunidad para generar reflexiones sobre la dignidad e importancia del trabajo en su día, generar conciencia en relación con la protección de las empresas, y felicitar a todas esas mujeres y hombres que, con su tesón, y en sus diferentes actividades generan riqueza social, esa que se requiere para generar una mejor ciudad, región, país y humanidad.


Por esa razón no olvidemos que de la protesta no queda sino cansancio. Por eso el que tenga trabajo grite ¡VIVA MI TRABAJO! y procure generar otros, en la medida de sus posibilidades.


Quisiera sembrar la semilla para que la academia, gremios y sociedad civil, constituyan el primer observatorio del empleo para el Magdalena. Más adelante escribiré sobre las bondades y beneficios que trae en materia laboral un centro para tal cometido.


No podía terminar esta columna sin dejar un homenaje para todos esos trabajadores que han generado, con su esfuerzo, los desarrollos de agricultura que tenemos en el departamento, las evoluciones industriales, los taxistas, conductores, obreros, aquellos que construyeron y desarrollaron los puertos, los empleados públicos, el personal de la salud, en fin, para todos aquellos que madrugamos para llevar el sustento a nuestras familias, mil y mil gracias, siéntanse orgullosos de lo valioso que somos.


¡FELIZ DÍA DEL TRABAJO Y VIVA MI TRABAJO!

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