• Columna 7

UN DESPERTAR QUE ESTÁ LLEGANDO A SU FIN

Por: Iván Correa Acosta.


Santa Marta hoy se acerca a su aniversario número 496, muy cerca de su cumpleaños 500, un acontecimiento digno, ya que ninguna ciudad en Suramérica tiene esa edad, una fecha que esperamos será inolvidable para los samarios, nada más y nada menos que quinientos años para la Perla del Caribe, un hecho que no solo demuestra el peso histórico y cultural que tiene la Samaria para Colombia, sino también para Latinoamérica en general.


Sin embargo, la ciudad en estos momentos no está para fiestas, su aniversario más allá de la pompa con la que sus gobernantes quieren celebrarlo, pasará por desastre sobre desastre que las autoridades omiten de manera galopante, solo basta con caminar sobre la carrera 19 o sobre la carrera 22 y ver cómo el gremio taxista es el que se encuentra tapando los enormes huecos que se encontraban en la vía debido a la nula respuesta de la Secretaría de Movilidad por años; ver como el agua sigue escaseando en sectores que van desde Pozos Colorados hasta Nacho Vives, en donde se repite la escena de carro tanques suministrando el preciado líquido, mientras que la ciudad sigue en aprietos por esta situación, algo que no es nuevo y que debe ser sin dudas la prioridad para que la persona que llegue a ocupar la Casa Consistorial. La inseguridad rampante que vive el samario de a pie, quien diariamente se expone a un robo ya sea a plena luz del día o en la oscuridad de la noche en cualquier sector de Santa Marta, además de las cifras de Covid-19 que aunque se encuentran estables, no dejan de causar estragos familiares.


Más allá de ser alaridos quejumbrosos, estos son reclamos ciudadanos que para nada son nuevos, son exigencias que hace tiempo dejaron de ser peticiones, que durante años se han guardado en la mente de los samarios y han resonado con fuerza a pesar de su efervescencia como las olas en el mar.

Por años el samario ha padecido de una epidemia que ha sido difícil de sustraer del consciente y subconsciente del coterráneo y es en definitiva el conformismo, una epidemia que a poco a poco se termina debido a que el samario cada vez se indigna más por hechos que siempre han sucedido pero que ahora despiertan rabia e indignación, el velo se quita y la realidad se muestra ante una ciudadanía cada día más inconforme, lo cual es importante, ya que el primer paso para avanzar hacia el desarrollo de la Perla es el inconformismo de sus habitantes, un ciudadano inconforme con su ciudad pero a la vez con amor hacia ella, siempre pide más y más hasta ver a su ciudad desarrollada y lo principal, con una calidad de vida alta, la cual es la meta principal.

El desarrollo no se mide con la cantidad de cemento que tenga una urbe, se mide por el alivio a las principales necesidades de sus habitantes, las cuales son sus servicios públicos garantizados, sus medios de transporte que permitan más que cantidad una calidad adecuada, plazas de empleo cada vez en mayor cantidad, ambiente empresarial favorable para la inversión que impulse el crecimiento económico, un medio ambiente sano y favorable junto con índices estables y cada vez más bajos de contaminación, entre otras.

Santa Marta lamentablemente tiene falencias en la mayoría de estas variables, por no decir en la totalidad de las mismas, pero ya lo dije, esta columna más que alaridos quejumbrosos, busca mostrar una realidad para que la ciudad salga de ese letargo del que ya se encuentra despertando, pero del que necesita hacerlo finalmente, una realidad que pedía y pide a gritos soluciones pero que poco o nada importaba al samario, eso está provocando el despertar que no conoce colores políticos, solo un amor genuino e irrestricto hacia su ciudad de nacimiento o acogida.


Nuestro aniversario debe destacarse por ser el aniversario en donde por fin el habitante de esta hermosa urbe sea capaz de ver esta problemática y buscar los medios para poder contrarrestarla, el conformismo a la larga ha trascendido los modelos de gobernanza, pero el inconformismo no conoce de ello, solo conoce de una ciudadanía cada día más crítica y dispuesta a proponer soluciones para ver a su Santa Marta en lo alto. Ese debe ser el sentir de los 500 años de nuestra ciudad, un sentir que cada día demostramos que sí tenemos, que sí poseemos, pero que estaba dormido en nuestras mentes y corazones.

Los 500 años de la Ciudad debe acoger un Acuerdo sobre lo Fundamental, pero eso lo veremos en la siguiente columna. El Plan Santa Marta 500 ya está naciendo y pasa por el hecho de privarnos del enemigo más grande que hemos tenido, el enemigo invisible que hemos sido nosotros mismos y nuestro letargo conformista. Pronto sueño con una ciudadanía activa y crítica en los procesos de gobernanza de nuestra Samaria y con un aniversario que nos llene de júbilo a todos.

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