• Columna 7

SOMOS LO QUE FUIMOS

Por: Esperanza Niño Izquierdo.


“Dichoso aquél que recuerda con agrado a sus antepasados, que gustosamente habla de sus acciones y de su grandeza y que serenamente se alegra viéndose al final de tan hermosa fila.”


GOETHE.



Gratamente sorprendidos al constatar el complejo esfuerzo de rescatar y reivindicar nuestros antepasados que se respira en el ambiente latinoamericano, manifestado en la museología moderna, en el arte y en la narrativa que recorre nuestra América del sur y que pudimos comprobar.


Perú igual que Bolivia son dignos exponentes del pasado no solo el doloroso, asociado a la expoliación sufrida por la conquista española sino por mantener viva la llama de su cultura indígena que recorrió de norte a sur todo el territorio americano. Bolivia expone ante el mundo su gran “Chiquitania” territorios inundados del Arte Barroco mestizo originado en tierras hermanas y que hoy como un gran tesoro de la humanidad podemos apreciar. Todo ello construido durante la época colonialista española por los jesuitas a su paso y durante largos años mientras ocuparon estas tierras que no solo dejaron la Biblia y la cruz, sino también su legado cultural como la música, el arte, el trabajo cooperativo en la producción y redistribución agrícola y en los cultivos de la vid, producto que hoy el sur del continente es parte importante de los ingresos de exportación.


Sí bien los jesuitas enseñaron y catequizaron, también utilizaron la mano de obra indígena y especialmente esclavos negros con los que igualmente comerciaban. Vestigios de esa época en Argentina en las provincias de Misiones, en Córdoba, en Salta, en Mendoza etc. sitios de interés turístico se está elaborando una nueva narrativa histórica inclusiva, un tributo a civilizaciones pasadas que reviven en los museos y que se entremezclan armónicamente. Encontramos ejemplos que expresan este momento reivindicativo tal como en los museos de las misiones de Alta Gracia, un Cristo español tallado en madera y a sus costados, colocados delicadamente, esculturas de hombres y mujeres negros realizado por estas gentes, también pinturas coloniales en dónde cabe el indio, el sacerdote, el ángel y el santo, todo exhibido con detalle y el lenguaje que transmite el trabajo esclavo mediante su esfuerzo para extraer de ríos lejanos piedras y tallar maderas para la construcción de edificios, canales de riego, áreas de cultivos, escuelas y mercados, con lo cual nos ponen de presente la mezcla étnica que somos hoy y la clara trascendencia de sus culturas.


Ahora bien, más destacable y sorprendente es la representatividad de las mujeres en el pasado como independentistas, determinadoras en el proceso de liberación de los pueblos americanos.


En Chile, por ejemplo, en la Catedral de Santiago de Chile, se encuentra una única mujer pero tan destacada que hace el milagro reivindicativo de la memoria como sujetos de la historia. Se trata de Javiera Carrera Verdugo mujer que emprendió la lucha decidida con sus hermanos empeñada en la causa patriótica, aunque ignorada por muchos años como tantas otras, hoy tiene su lugar merecido en el mausoleo en la catedral de Santiago, recordada como una de las más importantes consejeras de la conspiración liberadora, que animó a sus hermanos a luchar por ideales independentistas y jugó importante papel como puente de comunicación entre patriotas de Chile y Mendoza.


Otra cosa es en Argentina, país de Latinoamérica vanguardista en la recuperación y visibilidad de los hechos y nombres de mujeres que fueron parte de la construcción de la República y su desarrollo cultural posterior. Así queda demostrado por ejemplo, desde que se toma la autopista con destino a la ciudad de Alta Gracia se vislumbra un espléndido monumento en reconocimiento a Margarita Rossi de Barón, un obelisco de hierro de 82 mts. de altura construido a expensas de su esposo donde reposan sus restos. Ella, una aviadora que muere en un accidente cuando decidió tomar los aires en un pequeño aeroplano y sobrevolar por las 14 provincias argentinas en 1931. Justo allí comienza el periplo de reconocimiento y de exaltación de las mujeres en nuestro recorrido andino y de la pampa Argentina.


Verdaderamente esta nación posee una larga trayectoria en el campo del feminismo, lo que hoy permite percibir el esfuerzo por encontrar el lugar que le pertenece al género femenino. En el papel moneda del billete de $10.000 pesos encontramos la imagen de la Teniente Coronel Juana Azurduy, “La flor del alto Perú”, heroína de la “patria grande” que luchó por la gesta de la independencia. Este reconocimiento ocurrió precisamente en la presidencia de Cristina Kirchner en el 2014. En la medida que nos adentramos en sus calles y sitios icónicos nos asombramos de constatar en las librerías cantidad de libros escritos en clave de género femenino, sobre filósofas desconocidas en nuestras culturas o mujeres de la independencia o mujeres escritoras, en fin un torrente infinito de letras dedicadas a mujeres que hicieron historia. En la mayoría de colosos monumentos independentistas instalados en las provincias llevan inscrita la impronta de las mujeres de mil maneras, trabajando, amamantando sus hijos, arando la tierra, arrastrando carrozas con vituallas de todo tipo y en especial el símbolo de la Libertad: una mujer como eje de muchos monumentos con sus alas abiertas en actitud de volar buscando en el horizonte infinito su propio lugar.


Otra joya de Buenos Aires es el barrio de Puerto Madero, que se nos presenta con cara de mujer. Doce de sus calles llevan nombres como el de Alicia Moreau de Justo, que fue una feminista médica y política; Aimé Painé cantante mapuche; Azucena Manzini; Azucena Villaflor; Cecilia Wilson; Juana Gotti; Juana Manso y Manuela Sáenz, entre otras, escritoras, poetas, bailarinas. Existe también un monumento dedicado a Ana Frank y un sin número de esculturas instaladas en diferentes sitios muchas de ellas realizadas por una virtuosa arquitecta Argentina, Lola Mora. En el barrio que referimos existe el “Puente de las Mujeres” una gran obra de ampulosa modernidad abstracta, que dibuja a una pareja bailando tango. Ahora bien, imposible no mencionar a las mujeres de la “Plaza de Mayo” que han hecho historia, toda vez que son parte del panorama histórico argentino, aquellas que con sus voces adoloridas reclamaban a sus seres queridos, desaparecidos en la última y más brutal de las dictaduras militares que ha sufrido este país. Sus voces llegaron a todos los rincones del mundo solidario y son hoy testigos habituales de su pasado.


Todo este recorrido nos hacer repensar en la necesidad que este país, Colombia tienda a reescribir y reconocer su pasado, exhibiendo con orgullo todo aquello que fuimos, lo indígena, el sufrimiento y la tenacidad libertaria de la raza negra, también en el trabajo, en el arte, en nuestro mestizaje y a las mujeres que fuimos y las que en el pasado hoy, presente, serán mañana.






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