• Columna 7

SOÑAR NO CUESTA NADA

Por: Elsie Betancourt.


El cielo por la noche, puede ser un lugar maravilloso cuando está lleno de estrellas; hay algunas luces que brillan más que otras. De niña, recuerdo que me encantaba contar cuales eran las que más brillaban y eran las más grandes, especialmente en Navidad y junto con mis hermanas, nos poníamos a ver cuáles guiarían los 3 reyes magos.


No es el brillo en lo que se diferencian las estrellas; según los astrónomos, a medida que avanza la noche y el fondo del cielo se oscurece, suelen verse estrellas rojas, blancas, azuladas…


Hoy, en nuestro cielo tenemos luminarias de varios tipos y colores. El fondo de éste suele nublarse con las faenas que se presentan actualmente. Están las estrellas que siguen estando firmes en el firmamento y las llamo “etéreas”, siempre brillantes e iluminándonos y las de “carne y hueso” que están presentes en nuestra cotidianidad. En esta última denominación, hay de todo como en botica. Las estrellas de la arena política que se distinguen por el halo de corrupción, mentiras y cinismo que exhalan, que traen pobreza y desigualdad social a la mayor parte de los colombianos. Según el Dane: “sólo el 30% de los hogares de la región Caribe se alimenta 3 veces al día”. Una maquinaria que está bien enraizada en “casi” todos los niveles. Sé que es un lugar común hablar mal de los políticos y de la política en general. No voy a detallar esos penosos hechos, en donde ni los niños se escapan a la acción de éstas (estrellas). No son todos los que están en el frente político, pero habría que contar con los dedos de la mano los que pueden tirar la primera piedra y quedar excluido de esa marea.


Prefiero hablar más del otro tipo de estrellas colombianas, aquellas que con trabajo, dedicación, disciplina y respeto muchas veces trabajando en precarias condiciones, dan ejemplo y posicionan al país. Ejemplos los tenemos a montones; en el planeta musical, ¿quien no conoce a Shakira, Juanes, Carlos Vives, Cepeda, Niche? y sigue la lista… Los referentes de otras disciplinas, ya sea en el fútbol: El Pibe Valderrama, Luis Díaz, James, David Ospina; en boxeo Pambelé, Happy Lora, Rivas el más reciente campeón de boxeo.…. Cabal y Farah, en tenis…; se me escapan muchos nombres y todos están donde están con esfuerzo puro, talento y trabajo… y gracias también a la empresa privada que se ha metido la mano al dril, para ayudarlos a seguir adelante. ¡Qué ejemplo!


¿Me suelo preguntar cómo harían estos deportistas y artistas política? ¿Se contaminarían? ¿Qué tal si esa parranda de políticos se le midieran a trabajar pero para los demás, no para ellos? Viviríamos en un paraíso… éstos (los políticos) aprenderían que en la vida no todo es fácil, que el respeto y el trabajo conducen siempre a lograr metas… Y que nuestra identidad está ligada a nuestra cotidianidad y allí es donde están nuestros valores. Cuando oímos el himno nacional en otros espacios fuera del país, se siente orgullo del bueno… nuestra identidad la forman nuestros héroes especialmente en el área de la música, la literatura y el deporte entre otros, porque en otros espacios, “entre el diablo y escoja”.


Todos sabemos que no se debe matar, robar ni mentir. También que las cosas son de sus dueños y que todos debemos ser tratados como iguales y libres pero… eso no pasa aquí. A diario lo que vemos es violencia de género, secuestros, masacres, narcotráfico y corrupción y lo que es peor la indiferencia cubriendo nuestro cielo. No quiero darle un tinte dramático al artículo. Todavía estamos esperando “ganar el pan con el sudor de nuestras frentes y esperar a que San Pedro nos lo bendiga”.


Siempre he creído que quizás, un poeta, un pintor, un músico, un actor, un novelista, un deportista, sea hombre o mujer, alguien con sensibilidad, alguien acostumbrado a mirar la realidad y emocionarse, a escuchar, alguien que vence la realidad no para matarla sino para cambiarla, debería hacer parte de cualquier “equipo político”. Falta sensibilizar los mandatos (si es que los dejan) y propiciar ojalá, una nueva generación de colombianos que cambien este estado de cosas y brillen en el firmamento como nuevas estrellas. Soñar no cuesta nada.

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