• Columna 7

SANTA MARTA Y EL SÍNDROME DE LAS “VENTANAS ROTAS”

Por: Esperanza Niño Izquierdo.


“La no reparación inmediata de un daño emite un mensaje a la sociedad: si la impunidad se permite, pueden ir todos al mismo saco. Si no se transmite el mensaje que da toda acción de respeto y cuidado hacia lo que tenemos, y dejamos que el deterioro, el abandono o la resignación ganen la partida, entonces la entropía, el desorden, el daño, el incivismo, el abuso, el bullying o toda forma de infamia y degradación tenderán a propagarse rápidamente”.


Alex Rovira.



Después de casi dos años sumidos en el silencio bañados por los atardeceres sempiternos, la brisa del mar y de la Sierra Nevada– que de ella queda poco– volvemos a recuperar de algún modo la libertad de movilizarnos y reactivar nuestras vidas que locomocionan el andamiaje productivo.


Sin embargo, una gran estela de preocupación invade el ambiente samario para todos los foráneos que hoy vivimos y disfrutamos este hermoso y antiguo territorio que nos ofrece una ciudad en construcción. Somos conscientes de la realidad histórica sobre el poder que ejerce una comunidad comprometida en generar cambios culturales sociales y económicos, volcados a deconstruir lo ensamblado, buscando en este proceso involucrar todo lo que llamaremos Samario: ambiente, gastronomía, sociabilidad, dentro del marco contemplativo que lo caracteriza.


Los cambios indudablemente deben ir de la mano sobre un tejido institucional y privado. Es prioritario hacer comprender, tanto a los habitantes originarios como a toda la población fluctuante colombiana, que esto es asunto de todos, que no solo el desarrollo de un pueblo le corresponde al Estado. En eso nos equivocamos sin lugar a dudas. La productividad, la generación de empleo y el cambio en las costumbres destructivas del entorno y, en general, con nuestro ambiente nos toca a todos.


Al escribir estas letras me viene a la mente un experimento que pusieron en acción dos científicos sociales, James Wilson y George Kelling, al que denominaron el “síndrome de las ventanas rotas”. En resumidas palabras este experimento tuvo su origen años antes en 1969 realizado por Philip Zimbardo (psicólogo social de la Universidad de Stanford) quien abandonó un auto sin placas y con las ventanas rotas en el Bronx, un barrio que en ese entonces era pobre, peligroso y conflictivo. Zimbardo dejó el vehículo para observar qué ocurría y al cabo de un rato, el auto empezó a ser desmantelado, comprobando, días más tarde, que ya no quedaba nada de lo que fue ese automóvil.

En la segunda fase del experimento, se abandonó otro vehículo en condiciones perfectas pero esta vez en un barrio muy acomodado y tranquilo llamado “Palo Alto” en California. Pudo observar el científico durante una semana que nada le pasó al vehículo, entonces Zimbardo decidió cambiar un poco el vehículo, rompió una de sus ventanas. Así el auto pasó de un estado impecable a mostrar signos de deterioro y abandono. Fue en ese momento que se confirmó la hipótesis de Zimbardo.

Desde el momento en el que el auto se mostró en mal estado, los habitantes de “Palo Alto” destrozaron el vehículo a la misma velocidad que lo habían hecho los habitantes del Bronx. Años más tarde, este experimento se convirtió en el origen de la teoría del “síndrome de las ventanas rotas” acuñado por los científicos sociales James Wilson y George Kelling, en un artículo de 1982. En la década de 1990, fue puesta en acción por el comisario de la policía de la ciudad de Nueva York, William Bratton y el alcalde Rudy Giuliani, cuyas políticas policiales se vieron influidas por la teoría de “los vidrios rotos”.

El experimento tiene dos vías de interpretación: En lo social tanto en la empresa privada como en la pública, el experimento funciona de manera similar. El deterioro, el descuido, el desaseo, la falta de interés incitan a más descuido, improductividad y ruptura de las buenas costumbres sociales.


Pongamos entonces un ejemplo sencillo pero de gran repercusión al interior de cada ciudadano que visita nuestras playas o nuestra ciudad: La administración de Santa Marta pone todo el empeño en que las playas se mantengan limpias, lamentablemente a muchos lugares paradisíacos que enmarcan la ciudad le son insuficientes los recursos públicos. Así es como la playa de los Cocos, El Rodadero, Taganga y Buritaca, en estos sitios el paraje es idílico mientras te pierdas en la inmensidad del mar y el cielo que te ofrecen un paisaje onírico cada vez que lo admiras. Pero no detengas tu vista a un metro de donde estás ya que la basura es más inmensa que lo que acabas de visualizar y te puede consumir como una arena movediza. Allí, exactamente, el visitante sea cual fuere, habitante permanente o turista nacional, no ve inconveniente en aumentar el cúmulo de basura dejando allí la suya propia. El síndrome de “las ventanas rotas” en acción.


En el experimento señalado se concluía que “las ventanas rotas”, incitaban al delito, consideremos un delito contaminar el ambiente en el ejemplo que hemos traído. Ahora bien, este experimento llegó a ser más concluyente cuando se analizó el comportamiento de las personas al encontrar que algunos transgredían normas sencillas de convivencia ciudadana que propiciaban conductas similares en otras personas siguiendo al infractor. Así por ejemplo, si el automóvil de adelante cruza la calle con el semáforo en rojo es muy probable que otros lo sigan. Si se transita en contravía en moto o en bicicleta muchos lo harán, si un parque se descuida tiene todas las probabilidades de ser ocupado rápidamente por indigentes y malhechores. Las trampas en los andenes serán llenadas con basura y escombros además de convertirse en peligros urbanos para los transeúntes. Es decir, que conductas reprochables ahora son parte de la costumbre y nadie lo nota ni se inmutan cuando esto sucede.

El experimento también demostró que si en un edificio se rompe un vidrio de una ventana y no se repara rápidamente en poco tiempo estarán todas las ventanas rotas- Caso concluyente como el que muestra nuestra ciudad en el edificio “Plenomar “ubicado en inmediaciones de la Troncal, entrando a Santa Marta, que hoy es una muestra de dejadez suciedad y descuido total. Es probable que éste empezara su decaimiento con un vidrio roto.


Las conductas señaladas van haciendo tránsito en la mente de los habitantes como algo habitual y normal convirtiéndose en parte de su infracultura, que llega a considerar cualquier trasgresión como válida. Es decir, que al permitirse socialmente unas conductas antisociales, con el tiempo tienden a convertirse en parte del paisaje y del carácter caribeño.


Por tanto, debemos concluir tal como terminó el experimento citado en el metro de Nueva York. Allí se permitió inicialmente poner grafitis, luego habitantes de la calle hicieron su hogar, cometían delitos menores hasta el punto que tanto el Director de la Policía como el Alcalde de la ciudad se pusieron al frente del asunto y mandaron cubrir los grafitis, pintaron las paredes, dieron refugio a los indigentes y se recompuso el lugar con un lema muy claro “cero tolerancia”.


“Cero Tolerancia” sin llegar al fanatismo ni a la discriminación, todos los habitantes de Santa Marta estamos llamados a tomar cartas para crear una nueva cultura: cambiaremos las nocivas costumbres de transgredir las normas de tránsito, las del Código de Policía que no son otra cosa que normas de comportamiento ciudadano encaminadas a construir una sana convivencia; respeto a la autoridad y no sobra la observancia de reglas mínimas de urbanidad. Como también cambios en el mensaje implícito que las “Chivas rumberas” exhiben con desparpajo en sus avisos: “La Mafiosa”; “La Prepago” para citar algunos de sus oprobiosos y misóginos nombres.


Creemos, sin lugar a dudas que un comportamiento de civismo “Mokusiano” nos llevará por el camino de lograr una Santa Marta renovada, agradable y productiva. Sí bien la Administración Distrital está obligada a cumplir con su plan de desarrollo en el cual además de las inversiones estructurales, se encuentra la obligación de realizar mantenimiento de las vías y calles de la ciudad, así como proveer lo necesario en mejoras y ornato, también está obligada a dirigir campañas de aseo, acompañadas de la construcción de baños públicos tanto en playas como en sitios estratégicos de la ciudad. Se hace imperativo, igualmente, iniciar de manera urgente, una decidida política encaminada a impedir la transgresión en las normas de tránsito, la invasión de los espacios públicos, reducir vías de automóviles, peatonalizar sectores del Rodadero y del Centro Histórico tal como sucede en cualquier ciudad turística del mundo.


Pero todo no acaba aquí. El punto clave está en la participación decidida de los ciudadanos samarios como actores sociales involucrados indefectiblemente con inversión privada en campañas y acciones concretas sobre temas puntuales en coordinación con la Administración, atacando el deterioro en que se encuentra sumida la tan alabada “Perla Caribe”, hoy llena de basura, desorden en el tráfico, peatones caminando entre los buses como ocurre en la carrera 5a o en el Rodadero en una peregrinación insufrible paseando y comiendo en la calle junto a las motocicletas estacionadas de cualquier modo en la vía o en las aceras, con las bicicletas en contravía ofreciendo hoteles piratas, con los vendedores ambulantes y los de la fruta que dejan sus desechos tirados, invadiendo sin compasión el espacio, al que no le queda lugar para apreciar el paisaje que puede brindar la ciudad y sus playas.


Es de anotar como ejemplo para concluir, el que nos brinda una parte de la ciudadanía de Cali que se ha organizado en un frente común, después del paro de abril de este año en el que hubo como consecuencia de las marchas y el supuesto control policial, múltiples muertes, heridos, vandalismo y desenfreno en esa ciudad. Hoy gracias al empeño de unos ciudadanos comprometidos con su entorno social, vienen aportando recursos para sacar adelante a más de 15.000 personas que estaban atrapadas en la miseria absoluta por la falta de trabajo y oportunidades lo que sin lugar a dudas se había convertido en un conflicto social. Podemos entonces, como Samarios y colombianos, decidir qué ciudad turística queremos para el inmediato futuro.


¡Feliz Navidad y que el próximo año nos traiga el surgimiento de un compromiso cívico de todos los habitantes con su ciudad!

278 vistas1 comentario

Entradas Recientes

Ver todo