• Columna 7

RODRIGO DE BASTIDAS SE QUEDA EN SANTA MARTA

Por: Álvaro Echeverri Uruburu.


Toda la historia compilada de Santa Marta hasta este momento, ha girado en torno a Rodrigo de Bastidas, presentado como un personaje conspicuo... es decir, sacralizando su figura y despojada de su condición humana, cargada como todos de fortalezas y debilidades, no hay una bibliografía en el que el fundador de la ciudad se muestre con la carga de intereses que jalonaron la conquista y la colonización ...”

(Edgar Rey Sinning-Historiador samario-en “Santa Marta en el siglo XVIII”).


La empresa distrital de desarrollo urbano sostenible -EDUS-, ha comunicado a la ciudadanía samaria que la estatua del conquistador español y fundador de la ciudad, Rodrigo de Bastidas, ubicada frente a su bahía, no será retirada por razón de las obras de remodelación del Malecón.

Responde en esta forma dicha empresa a los insistentes rumores acerca de la posibilidad de demoler el monumento del fundador, surgidas de algunas propuestas en tal sentido que, tal vez sin mucha sindéresis, han buscado imitar el ejemplo de Lima, que en el 2003 dispuso retirar de su Plaza Mayor la estatua del conquistador -y destructor- del imperio incaico y fundador de esa ciudad, Francisco Pizarro.


En ocasión anterior habíamos escrito acerca del reciente movimiento iconoclasta de tipo histórico, que, a diferencia de sus antecesores bizantinos del siglo VIII de n.e., no busca destruir las imágenes de los santos cristianos, sino derrocar de sus pedestales las estatuas de personajes del pasado, cuya vida y comportamientos no se compadecen con las valoraciones éticas del mundo de hoy.


Aunque en algunos casos extremos, a los iconoclastas contemporáneos puede caberles algo de razón, en general no es aceptable juzgar el papel desempeñado en su momento por los grandes personajes de la historia con los criterios axiológicos del presente, sin atender las circunstancias concretas en el tiempo en el cual les correspondió vivir. Esto es así, no sólo en lo que tiene que ver con los aspectos fácticos (“El poder de lo fáctico”) como límites del actuar humano, sino, quizá con mayor fuerza, a las concepciones ético-sociales la llamada conciencia social de cada época.


Por eso decía Karl Marx: “los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen a su libre arbitrio, bajo circunstancias elegidas por ellos mismos, sino bajo aquellas circunstancias con que se encuentran directamente, que existen y les son impuestas por el pasado”.


Pizarro y Bastidas


Con estas necesarias clarificaciones, pensamos que no son comparables, por ejemplo, las trayectorias vitales durante la conquista y colonización de la américa española, de hombres como Francisco Pizarro y Rodrigo de Bastidas.


En efecto, entre todos los actos de barbarie cometidos por Pizarro durante la conquista del Perú, ninguno más repudiable que la matanza en la Plaza de la ciudad de Cajamarca en 1532. En esta se hizo presente el Inca (emperador) Atahualpa en son de paz, para entrevistarse con el jefe español. Después de un acto de provocación religiosa promovido por el sacerdote que acompañaba a las tropas de Pizarro, los arcabuces y las ballestas de los españoles, cumpliendo órdenes de su jefe, acribillaron entre 4000 a 5000 indígenas que pacíficamente y desarmados habían acompañado a su emperador hasta esa ciudad.


Capturado en la refriega el Inca por los hombres de Pizarro, este lo obligó a que sus súbditos trajeran oro desde los más remotos confines de su imperio, para llenar una de las habitaciones de su palacio con el codiciado metal, que “curaba los males del corazón” de los invasores españoles. A pesar de haber cumplido con esta exigencia para recuperar su libertad, Pizarro pérfidamente ordenó darle muerte en 1534 mediante la pena del “garrote vil”.


Contrariamente al conquistador del Perú, Rodrigo de Bastidas , cuando recibe autorización del emperador Carlos V para iniciar la colonización de “Tierra firme” decide en 1524, volver a aquella hermosa bahía que conociera más de 20 años atrás y bautizado por él con el nombre de Santa Marta, para iniciar el poblamiento de esa zona. Desde un comienzo estableció pacíficas relaciones con sus habitantes, los indígenas de las tribus Gairas y Tagangas .


La mayoría de los investigadores sobre la vida del conquistador, señalan que su relaciones con los naturales estuvieron regidas por la benevolencia y el trato humanitario, con excepción de los pueblos Bondas y Tayronas que no quisieron someterse al dominio español y ofrecieron feroz y persistente resistencia a éste.


Coinciden las crónicas de la época en señalar el hecho de que Bastidas obtuvo grandes cantidades de oro y perlas a través de sus relaciones con los indígenas, pero utilizando el sistema del trueque que si bien se servía del engaño aprovechándose de la ingenuidad de los nativos, evitaba en todo caso el empleo de la violencia.


Además, “tenía prohibido a su tropa utilizar brutalmente a los indios y despojarlos de sus bienes” (Ernesto Restrepo Tirado, ”Historia de la provincia de Santa Marta”).


Audaz Explorador


De otra parte, a pesar de la importante trayectoria de Bastidas como explorador y descubridor, ésta ha pasado relativamente desapercibida o por lo menos poco destacada por la historiografía regional.


En efecto, en 1502, Bastidas después de haber hecho parte del tercer viaje de Colón, decidió en asocio con el cartógrafo, Juan de la Cosa, continuar la exploración de la costa continental de Sudamérica donde el genovés la había dejado. Es así como parte del Cabo de la Vela hasta el Golfo de Urabá, tocando el extremo del Istmo de Panamá. Se convirtió así, en el descubridor de la Costa Atlántica colombiana y del Istmo de Panamá.


Tan trascendental resultó este viaje de exploración de 1502, que los coterráneos de su natal Sevilla lo bautizaran como el “Colón Sevillano”.


Bastidas Esclavista


En 1504, dio un giro a su vida, abandonando su carrera de aventuras y de explorador, dedicándose a los negocios, gracias a una sociedad que constituye con un antiguo amigo, por medio de la cual, Bastidas radicado en La Española (hoy República Dominicana), se dedicará a la venta de las mercancías que su socio le envía desde la península (herramientas, tejidos, ganado, etc.). Paralelo a estas actividades de comercio, se dedica a la “venta de esclavos caribes” que son capturados por medio de expediciones a las Islas vecinas y en las cuales, en ocasiones Bastidas directamente.


Son los años iniciales de la conquista española de América, caracterizados por la codicia sin freno y la barbarie contra la población indígena. Poco a poco, el gobierno real irá tomando el control, sometiendo parcialmente a su autoridad a tantos aventureros codiciosos y feroces que llegan a las Indias-nombre que los españoles dan originalmente a estas tierras-en busca de fortuna.


Dentro de la política de la corona de meter en cintura a los primeros conquistadores (los Pizarro, los Jiménez de Quesada, Valdivia, Cortés. etc.) evitando que se convirtiesen en “Reyezuelos”, comienza a crear en todo el continente autoridades delegadas por medio de Reales Audiencias, Gobernadores, Virreyes, Visitadores Regios, etc., al tiempo que se imponen normas de protección a las comunidades indígenas, que darán nacimiento a un sistema legal muy avanzado para su época, conocido como “Las leyes de Indias”.


La primera medida en este nuevo orden de cosas impuesto por la monarquía española, será la prohibición de la esclavitud de la población indígena ordenada por Carlos V y ratificada por el Papa Paulo III (Farnesio) por medio de la Bula “Sublimis deus” de 1537, la cual entre otras cosas decía que los indios americanos “eran verdaderos hombres... y no podían ser reducidos a la esclavitud, ni ser despojados de sus bienes”.


Contradicciones y muerte


Bastidas, abandonó a una edad avanzada para aquellos tiempos, la comodidad de una vida de lujo y boato que le habían deparado sus actividades comerciales-fue el hombre más rico de La Española-para trasladarse al continente, cuyas costas había descubierto años atrás, para comenzar su poblamiento, dando lugar a la primera ciudad que lograría subsistir después de los fracasos fundacionales anteriores. Para el éxito de su misión, el antiguo esclavista de indios, se convirtió en un hombre “respetuoso de la humanidad y de buen trato para con los indios”. (Ernesto Restrepo, Tirado. “Historia de la provincia de Santa Marta”).


Pero el ejercicio del gobierno de la ciudad fundada por Bastidas, duraría muy poco. Una conspiración en 1527, encabezada por su segundo al mando, el teniente general, Pedro Villafuerte, asaltaría el bohío donde residía, propinándole varias puñaladas, a raíz de las cuales terminaría falleciendo en la isla de Cuba, cuando trataba de llegar a la Española donde buscaba recuperarse de sus heridas.


Aunque el buen trato a los Indígenas molestaba a los conspiradores, la verdadera razón del atentado se originó en la negativa de Bastidas de repartir las riquezas obtenidas de sus relaciones con los naturales de la zona.


Igualmente, influyó la oposición a las obligaciones impuestas por Bastidas a todos los colonos de trabajar en las obras de construcción que la nueva ciudad requería (Vg; el levantamiento de empalizadas para la defensa de la ciudad contra los ataques de los indios Bonda). Debe recordarse que el “ethos” hispánico rechazaba como indigno el trabajo manual, que consideraba propio de moros y judíos en España y de indios y negros en América.


La vida de Bastidas rebasa el hecho de ser el fundador de la primera ciudad del continente. El sevillano logró descubrir y explorar con éxito la costa norte del continente (en la parte que hoy pertenece a Colombia), abriendo así el camino a su exploración y poblamiento.


De esta expedición, Bastidas llevó a España enormes riquezas que lo hicieron un personaje muy popular, al punto de que en su camino de Cádiz, dónde desembarcó, hasta Alcalá de Henares, fue recibido en todos los pueblos y ciudades por donde pasó, con honores y festejos. Bastidas, demostró gracias a este viaje que las tierras descubiertas eran rentables para España, cuando en el ánimo de los monarcas y del pueblo existía cierto desaliento ya que los viajes colombinos no habían proporcionado más que pájaros de colores y hombres de piel oscura.


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