• Columna 7

RENUEVEN EL DISCURSO

Por: Catalina López Lafaurie.


En las contiendas políticas siempre escuchamos casi que a diario los mismos argumentos para “aplastar” al opositor. Usualmente, el pasado o la manera cómo se hayan ejercido sus ideales, suelen ser las justificaciones para atacar. No obstante, el discurso debe renovarse; de lo contrario se vuelve programado y fastidioso, al final quien a través de los años continúe con la misma retórica parecerá falto de verdaderos argumentos.


Siempre creemos que la política es nuestro mal, que es sucia y falsa, que mira individualismos porque eso precisamente es lo que hacen algunos de los que la ejercen. Sí es así, el problema no es la política en sí, el verdadero mal son los políticos.


Ya decía Maquiavelo que: “la política no tiene relación con la moral” y que cierto es, sí lo vemos desde ese punto de vista quizá podríamos entender el proceder de quienes tienen el poder.

En los últimos años hemos escuchado repetitivamente los mismos argumentos de la izquierda y de la derecha como un ring de boxeo en el que candidatos de un lado y otro parecen no buscar el bien común sino la división común.


De un lado apuestan a la guerra, de otro a la paz; nos comparan con Venezuela, nos dicen que nos volveremos comunistas, nos prometen cosas incumplibles y aun así creemos. Ya decía el escritor Marco Aurelio Almazán que la política es el arte de impedir que la gente se meta en lo que sí le importa. Es que cada vez nos pertenecen menos nuestros derechos y nos enredan con promesas.


Es por esto, que en las pasadas elecciones de gobernantes locales, los candidatos independientes fueron los grandes ganadores. La gente está cansada, urge un mensaje de unión, cambien el repertorio, menos ataques y más resultados, nadie puede pelear con los resultados de su contrincante y se concentran en detalles insignificantes cuando se encaminan al desprestigio, olvidan el sentido humano para escalar el poder.


Algunos bandos suelen caer en las estrategias de estigmatizar al opositor, solo para que los demás lo que vean de la forma que ellos quieren que sea percibido. No pelean con ideas, pelean con artimañas y esto, es bajo.


“Se puede engañar a parte del pueblo parte del tiempo, pero no se puede engañar a todo el pueblo todo el tiempo”. (Abraham Lincoln, presidente de los Estados Unidos). No pueden pretender que la gente se quede con los brazos cruzados, estamos en una generación activa y cada vez menos pasiva. Los derechos son otorgados y de obligatorio cumplimiento, cuando estos se vulneran se exigen con fuerza.


No es el gobierno de los ricos, ni el de los pobres; partiendo que ningún gobierno hace rico a ningún pobre, se hacen ricos los que se montan en el poder y lo que hacen es mejorar las condiciones de los necesitados. Los ricos solo seguirán haciendo alianzas para nunca perder el poder. Es lo que como ciudadanos debemos tener presente.


Se necesitan nuevas estrategias, nuevos mensajes. Colocar a las personas a pelear no tiene sentido, girar sobre los mismos puntos está obsoleto, resolver está de moda. No es el que más diga, es el que más haga el que puede captar la atención de los ciudadanos; de escuchar ya estamos cansados.


Groucho Marx, actor y cómico solía asegurar que la política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados. A ver cuantas más equivocaciones están dispuestos a realizar sin que el pueblo haga algo al respecto.


Todos como ciudadanos nos gustaría tener un gobierno en cualquiera de sus colores que no le cierre la puerta a las oportunidades, sino que por el contrario las promueva; la educación y la salud son y serán el pilar fundamental de cualquier sociedad, que nuestros derechos no tengan que ser exigidos porque se cumplen, que hayan garantías para todos, sin exclusividad y aquí podría seguir con lo que sería un ideal aunque otra sea la realidad.


Por último, recordaré que la política no es lo que está mal, es quienes, con toda su humanidad llena de ambiciones, avaricias y maldad la retuercen y en vez de hacer correr vientos de tranquilidad, los convierten en llamaradas de infierno. Así que si van a seguir en el camino, por lo menos renueven el discurso.

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