• Columna 7

REFUNDEMOS EL RODADERO

Por: Jose Eduardo Barreneche Ávila.


Tal vez nunca sepamos cuál fue la dimensión tan sublime de aquellos fundadores al nombrar ese bello sitio como “El Rodadero”.


Los pensamientos triviales responderían que simplemente se limitaron a nombrar unas arenas blancas donde los bañistas se resbalaban hasta llegar a aguas cristalinas.


Su verdadera dimensión la entendí cuando a mis 22 años conocí a una Londinense llamada Helen, quien me informó que fue cofundadora en la década del 50 junto a otros tantos del Rodadero.


Me informó que en su época de juventud había vivido en Santa Marta y fue partícipe de un acto protocolario. Ese día, con la asistencia del Gobernador Rafael Hernandez Pardo y otras personalidades se fundó ese remanso de bienestar. Su nombre fue tomado según me afirmó ella de la escogencia de dos nombres, Bahía Tamacá o Rodadero. Quien solicitó que fuera este último fue un deportista Alemán que vivía en Santa Marta para ese entonces. Él subía y luego se lanzaba desde esas pilas de arena a un costado de la Bahía. Debido a que ofreció patrocinar el desarrollo, auspiciar la visita de europeos difundiendo un Rodadero inigualable, los dirigentes aceptaron nombrarlo de esa forma. Paradójicamente tuvimos que esperar cuarenta años, en la década de los noventas para que el germano enviara la primera visita prometida, un montón de adolescentes Alemanes que estuvieron por casi un año viviendo en Santa Marta. Uno de ellos era su nieto.


La inglesa me comentó que había llegado a Santa Marta en la década de los 50 buscando a un samario que conoció en Londres y que aún no olvidaba. Que luego del deceso de su amado había regresado a Inglaterra. Que todos los días soñaba con el atardecer del Rodadero y el amor de su samario. Se sabía el himno de Santa Marta de memoria, hablaba el español sin acento y muy similar a como lo hace un samario. Me hizo una pregunta que tal vez no me había hecho. ¿Por qué en nuestro himno no se hace mención al icono de ese momento, ¿El Rodadero?


Tal vez la respuesta solo la sepa mi abuelo, Mariano Barreneche Ruiz, autor del Himno de Santa Marta. Pero ella me dio un dato curioso. Ese himno, fue declarado ganador en 1949, unos años antes de que el General Rafael Hernandez Pardo iniciara con el desarrollo de la carretera del Ziruma. Para esa época se conocía esa playa pero aún no era explotada ni se dimensionaba su importancia. Tal vez por esas razones no fue tan determinante la inclusión de ese nombre. Contrario a lo que ella me dijo encontré en los papeles de mi abuelo un verso que dice así:


y la bahía de Tamacá donde muchos descansan,

Con su hermoso cielo y olas remansas,

Reconfortan y nutren el alma,

Son música, canto y fiel reflejo de nuestra raza…


Los que nos podrían decir por qué ese verso no se incluyó y si era o no parte de nuestro himno eran Linero (autor de la música) y mi abuelo (autor de la letra). Hoy son solo deducciones. No obstante lo que si me contó mi abuela fue que el himno fue redactado en el Rodadero en un atardecer sublime que fue el momento propicio para que el poeta escribiera su mejor verso a Santa Marta.


Esta fue la historia que me contaron del origen del nombre que se colocó al Rodadero. Desafortunadamente existen escritos pocos documentados de la historia de este aposento.


Yo soy un hijo del Rodadero y mis padres hacen parte de la primera generación que decidieron establecerse en este sitio e iniciar con una colonización de moradores que tuvieron las mejores playas, arenas y ante todo un Rodadero vibrante, lleno de brío y capaz de hacer de sus moradores y visitantes las personas más felices.


Para esa época vivir en el Rodadero era todo un lujo. De lejos venían personas a ese terruño de amor. Se construyó una iglesia, un sitio de diversión, el hotel Tamacá y varios edificios. Los niños que vivíamos allí lo teníamos todo. La diversión sobraba, en esa época las llamábamos “maquinitas en los trampolines”, había una hermosa playa donde jugábamos balón pie, escalábamos las montañas (Burukuka) en busca de conejos, se hacían fogatas, en fin; era el hogar soñado. Además de esto y quien lo creyera, podíamos pescar con las manos. En la orilla de esa playa solo era tirarse rápidamente desde el mar hacia la orilla extendiendo los brazos y era posible empujar un pez que llamábamos lisa. Con el balón bajábamos los cocos una vez terminado el partido. Así saciábamos nuestra sed.


Además existían varios mitos como lo eran Mama Iguana, El Hombre Coco, El viejito Guillermito y el Monstruo del Rodacho, que por cierto, y muy a pesar de ser el más temido, su novia lo había dejado por el encanto del Hombre Coco. Por eso al viejito Guillermito le correspondió separarlos de una pelea. En ese momento con la cola agrandada de la Mama Iguana había atrapado al monstruo del Rodacho, quien no se despertaba desde esa recordada riña. Los 102 hijos de Mama Iguana lo trasladaron a esas míticas montañas (RODADERO) y lo habían escondido debajo de la arena. Dicen que aún duerme allí y que está próximo a despertarse.


Los adolescentes también tenían un sitio donde sentarse y compartir; el caracol rojo (hoy lote del Edificio Diners). Allí solo era necesario que llegara un carro con música y los jóvenes se divertían. No existían atracos, violencia u otra adversidad. Era un verdadero paraíso. Un buen “raspao” del Pambe era todo un manjar, eso sí de “Kola Román”.


Para los adultos además de contemplar a sus hijos en esa felicidad también tenían sitios para divertirse. Se creó por un señor de apellido Berrio “La Cueva”. A él nunca lo olvidé cuando me dijo que la vida era dulce como el agua de coco. La última vez que vi a ese noble hombre fue en el 2003, para ese entonces me contaba muchas historias del Rodadero. Tenía un brillo en sus ojos y una mirada melancólica. Por eso lo escuchaba. Grabé en mi memoria cada historia que contó. Sin duda alguna él fue uno de los que hicieron posible este Rodadero.


Restaurantes existían, Pincho, Pescaribe y el Karey son un ejemplo. Hoy solo sobrevive el último. La Escollera y mi Ranchito los sitios donde se podía ir a bailar con el mítico Tour de la “Chiva Rumbera”.


El Rodadero nació por muchos esfuerzos pero el factor determinante fue la gestión de una carretera que atravesó el Cerro del Ziruma con el apoyo en la década de los cincuenta del Brigadier General Rafael Hernandez Pardo y del General Rojas Pinilla. Desde ese momento quedó al descubierto la joya de la corona; ese remanso de Paz que llamaron Rodadero.


Fueron muchos los fundadores de ese Rodadero; un aposento que creció y que hoy sufre una agonía que hoy debemos recuperar por respeto a nuestros recuerdos.


La historia del Rodadero se puede dividir en las siguientes etapas:


Desde su fundación a los años 70 brilló con gran ímpetu como ninguna otra estrella.


En la década de los 80 siguió su desarrollo con múltiples construcciones. Creció desordenado. Algunas construcciones en la carrera privaron a los Samarios de espacio público enfrente de la Bahía.


En los 90 creció con apoyo de una falsa economía. Esa economía que generó una serie de construcciones que no eran sostenibles para sus dueños.


Desde ese momento se eclipsó la magia del Rodadero.


Sus fundadores se envejecieron y otros murieron, sus hijos se marcharon a estudiar, unos no volvieron y los que regresamos ya no vivimos allí. Muy pocos quedan. El Rodadero ya no es de residentes. Son de personas de paso. Anteriormente los primeros Edificios, La Esmeralda, Mara, Rodamar y Morro entre otros, los habitaban familias legalmente constituidas. El Reservado, por excelencia el Barrio residencial, ya quedan unos cuantos. El tiempo pasó y esto es lo que tenemos. Un sitio de todos y de ninguno.


Es necesario recuperarlo y aquí planteo las siguientes formas. Primero deben regresar a su casa los hijos del Rodadero. Somos los dolientes. El camellón de las iguanas, no puede seguir siendo una fuente de contaminación para nuestra Bahía. Las alcantarillas se rebozan en la Carrera 1 A y llegan directamente a nuestro mar. No podemos permitir que el Río Gaira siga siendo el causante de que el Rodadero Sur tenga unas playas con olores fétidos y de esa forma se cercene el desarrollo de Playa Salguero.


El camellón hay que alargarlo y dejarlo peatonal. La erosión costera es necesario controlarla. Las fiestas del mar son y deben seguir siendo en el Rodadero. No solo deben enviar al Rodadero La “Pachanga”. La cultura debe visitarnos también. Solo con esas obras iniciaremos con la refundación del Rodadero. Si nuestros padres lo hicieron, hoy nosotros debemos recuperarlo. Ya el Rodadero cumplirá 66 años de fundado y ahora es necesario recuperar la piedra que dejaron nuestros padres. A todos los hijos del Rodadero hago el llamado, ¡vamos a refundarlo!


Por tal razón propongo un Plan de Protección y Restauración del Rodadero. Ya es hora y debemos iniciarlo.

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