• Columna 7

¿QUÉ HACE UNA TORTUGA EN LA CORNISA DEL EMPIRE STATE?

¿QUÉ HACE UNA TORTUGA EN LA CORNISA DEL EMPIRE STATE?

“Por el momento, el capitalismo parece haber superado la situación de crisis, en la cual se debate desde hace varias décadas, transfiriéndola a las sociedades, con la conjunción actual de un capitalismo floreciente y de sociedades cada vez más desigualitarias, corroídas por el desempleo y la precariedad […] Y eso requiere que los investigadores y analistas deseosos de acompañar los proyectos críticos hagan su trabajo de manera modesta, es decir, concretamente, que abandonen la contemplación fascinada de sus televisores, donde la “miseria del mundo” halla un reflejo deformado, para ir a las cosas mismas”[i]

Por: Edimer Latorre Iglesias.

Si por casualidad estás en New York y de pronto te das cuenta de que hay un gran alboroto, por que acaban de ver en uno de los edificios más altos de la ciudad (el Empire State) una tortuga caminando en el filo de la cornisa más alta. Confundido, le preguntas a un transeúnte desprevenido ¿cómo llegó esa tortuga a semejante altura?, y él, al ver tu incredulidad, responde exclamativamente: ¡de la misma forma que nuestros políticos! Frente a su curiosa exclamación, respondes: disculpe, pero no interpreto la analogía. A lo que el paseante, con mucha honestidad, te responde. Primero: no entiendes cómo llegó esa tortuga ahí. Segundo: no puedes creer que esté ahí. Tercero: sabrás que no pudo haber subido solita ahí. Cuarto: estarás seguro de que no debería estar ahí. Quinto: serás consciente que no va a hacer nada útil mientras esté ahí. Entonces lo único sensato sería ayudarla a bajar.

Este micro relato tragicómico de la cultura popular es una de las tantas manifestaciones del sentimiento de desencanto frente a la acción política y, especialmente, frente a los políticos, que insisten en lograr transformaciones sociales en las coyunturas políticas actuales de América Latina y del mundo. El caso de Colombia es aun más doloroso, la violencia que retorna con mas de 30 masacres en lo corrido del año 2020, y más de 349 lideres sociales asesinados desde la firma de los acuerdos de paz el 24 de noviembre del año 2016, nos hace temer lo peor y dudar de la fuerza institucional para materializar el anhelado postconflicto.

Las simplificaciones de las propuestas políticas a las problemáticas complejas de nuestros entornos, evidencian el divorcio entre lo posible y lo real, de tal manera que la acción política y las políticas públicas derivadas de la obligatoria gestión del gobierno se deslindan abruptamente, de las necesidades sentidas de sus comunidades y pierden, de forma reactiva, su praxeológico poder de transformación.

Se puede inferir bajo esta mirada crítica que los líderes políticos y sus gobiernos vivieran tomando decisiones imposibles de materializarse, dadas las restricciones económicas, políticas y sociales que cada vez son mayores y que impiden lograr la efectividad de los diseños inicialmente propuestos. Tal como la historiadora Bárbara Tuchman[ii] lo señaló en su momento, pareciese que estamos signados a vivir en el camino de la larga marcha hacia la locura, es decir, se toman decisiones aparentemente racionales para problemas definidos políticamente, los cuales constituyen descalabros irracionales, que hacen que las soluciones se conviertan en nuevos problemas, que imposibilitan las transformaciones políticas a futuro.

Actualmente, las fuertes tendencias de la dinámica política indican que estamos inmersos en el fin del poder[iii], al menos como lo entendíamos desde una perspectiva clásica, así mismo, las situaciones coyunturales de América Latina plantean un escenario donde asistimos a la contemplación del imparable desmonte del Estado Benefactor y del retorno metamorfoseado de la narrativa de su hermano gemelo: el libre mercado. Retórica desgastada de los neoliberalistas, pero con capacidad de simplificarse cognitivamente ante los constructos tradicionales que la soportan, esto es, el mérito para obtener el triunfo, el ser empresario de sí mismo y sobre todo la auto-culpa como mecanismo de enfrentar las abismales imperfecciones de la teología neoliberal, recurso narrativo precisado por el filósofo Byung-Chul Han:

“El régimen neoliberal esconde su estructura coactiva tras la aparente libertad del individuo, que ya no se entiende como sujeto sometido, sino como desarrollo de un proyecto. Ahí está su ardid. Quien fracasa es, además, culpable y lleva consigo esta culpa dondequiera que vaya (Neo-Paria). No hay nadie a quien pueda hacer responsable de su fracaso. Tampoco hay posibilidad alguna de excusa y expiación. Con ello surge no solo la crisis de culpa, sino también la de gratificación”[iv].

En este neo-escenario postmoderno, los derechos se tornan privilegios y las políticas públicas se implementan en función del retorno de la “inversión social”[v]. El auge del neo-corporativismo con la nueva CEO-cracia, implica, bajo la argumentación del éxito de lo privativo, el traslado de las lógicas privadas de administración a la gerencia de lo público.

En el ahora, debemos imperativamente centrarnos a reflexionar en el planteamiento clásico de Bockenforde[vi], cuando señaló de forma apodíctica: “El Estado liberal secularizado se basa en premisas normativas que no puede garantizar”. Este apotegma en la era contemporánea, donde tenemos una pandemia global, dictadores mediáticos, presidentes gobernando para la twitter-realidad, adquiere una dimensión absolutamente pertinente de ser revisada, fuera de la comodidad de nuestra sala y lejos de la pantalla del tv inteligente. Sin lugar a dudas, llegó la inaplazable hora de bajar a la tortuga.

Notas

[i] Luc Boltansky; Nancy Fraser, Dominación y emancipación: una critica radical del capital sin nostalgia estatista. Buenos Aires: Capital intelectual, 2016. [ii] Barbara Tuchman, La Marcha de la Locura, Mexico, FCE, 2018. [iii] Moisés Naim, El fin del poder. Barcelona, Debate, 2013.

[iv] Byung-Chul Han, La agonía del eros. Barcelona, Herder, 2017. [v] Tamayo, Eduin, Participación ciudadana y democracia experimentalista en la constitución política de 1991, Bogotá, Fondo de publicaciones USA, 2015. [vi] E. W. Bockenforde, Estudios sobre el Estado de derecho y la democracia, Barcelona, Trotta, 2002.

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