• Columna 7

¿QUÉ ES “EL PUEBLO”?

Actualizado: jul 19

Por: Guido Moncayo Vives.


En momentos en que Latinoamérica se encuentra convulsa, fraccionada, lacerada, golpeada por una pandemia hostil que aún no baja la guardia, pero además debido a poderes de diversas índoles que con su accionar han afectado sistemáticamente el espíritu y la resiliencia individual y colectiva de nuestras naciones, es importante tratar de comprender ¿Qué es el pueblo?, ¿Qué significa esta palabra tan corta y rápida de pronunciar pero que entraña los cimientos y estructuras de la realidad; del pasado, presente y futuro; de lo que fuimos, lo que somos y lo que podríamos llegar a ser nosotros, nuestros hijos, y los hijos de nuestros hijos?


El pueblo es un puñado de frustraciones, limitaciones, carencias, dolores, luchas, tristezas, tropiezos, sacrificios; pero también de sueños, deseos, metas, anhelos, buenos momentos, risas y ganas de salir adelante, encapsulados en millones de pequeñas botellas. Algunas de estas botellas se encuentran en estantes bien iluminados, adelante, a la vista, mientras otras botellas están arrumadas, escondidas en un rincón polvoriento y olvidado. Todas las botellas son iguales, pero están envueltas en circunstancias muy particulares y diversas, por eso el rol de los Estados es vital para que esos frágiles elementos puedan engalanarse ante la vida o, por el contrario, sucumbir ante la adversidad, la desigualdad y el menosprecio. No se trata de quitar unas del estante para poner a otras, no se trata de romper unas para que otras puedan estar, no se trata de vaciar unas para llenar otras. Su objetivo debe ser, mientras continúa iluminando las que ya lo están, ir a remover a esas botellas de la penumbra, ponerlas en valor, limpiarlas, atenderlas y sacarlas a la luz, la luz del bienestar y la calidad de vida.


Kierkegaard ya nos dio luces en el siglo XIX cuando dijo que “el público es todo y nada, el más peligroso de todos los poderes y el más desprovisto de sentido. Se puede hablar a toda una nación en nombre del público y, sin embargo, el público vale menos que una sola persona real”. También Eduardo Galeano, más recientemente, nos ayudó a comprender un poco mejor la noción de pueblo cuando magistralmente nos dijo que “el pueblo (mundo) es eso, un mar de fueguitos. Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno que ni se entera del viento, y gente de fuego loco que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros, otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca, se enciende”.


El lograr entender qué es “el pueblo” ayudará a los Estados y a todos los actores inmersos (no sólo gobierno y administraciones públicas, sino también los de la sociedad civil, la academia y el sector privado) a actuar en favor de ese conglomerado muchas veces visto como una masa deforme y confusa, pero que en esencia se trata de personas, individuos. Se trata de ti y de mí.

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