• Columna 7

PROBLEMÁTICAS DEL INTERVENCIONISMO AMERICANO: CASO AFGANISTÁN

Por: Diego Duque Zuluaga.


Son tiempos difíciles los que atraviesa Afganistán, las imágenes que rondan en los medios son cada vez mas trágicas, y nos hace preguntarnos una y otra vez que tan beneficioso fue el papel que jugó EE. UU, para que esto sucediera.


Pero para abordar ese punto es necesario retroceder un poco y revisar el origen de esta situación; poco después de los ataques del 11 de septiembre de 2001 y durante el gobierno del presidente George W. Bush, Estados Unidos entró en Afganistán inicialmente como una campaña para combatir a Al Qaeda, el grupo detrás de los ataques de las torres gemelas.


En un primer momento EE. UU utilizó instrumentos del derecho internacional que de cierta forma fueron moldeados e interpretados a su beneficio para justificar la legitimidad de su llegada a tierras afganas, dando paso a una de las guerras más costosas de la historia y más de 20 años de conflicto en una zona, ya bastante golpeada por guerras e inestabilidad.


Siendo así, el dilema de seguridad, lo que los expertos en diplomacia y relaciones internacionales conocen como una de las teorías que explican el enfoque violento o “de auto-defensa” que toman los Estados, para repeler o proteger sus naciones contra ataques a su soberanía e integridad, y justamente fue lo que hizo Estados Unidos el cual basándose, en motivos de auto-defensa tras los fatídicos sucesos del 9-11, tomaron militarmente a Afganistán, sin embargo, estas razones hace mucho caducaron, dejando de ser válidas, pues tiempo después de que los terroristas talibanes habían sido expulsados de territorio afgano, las tropas americanas seguían causando estragos en el país, y para muestra de ello, solo basta mirar las cifras de cuantos muertos hubo el mes pasado en Afganistán, momentos en los que todavía EE.UU, tenía el control, dejando como resultado según la ONU un aproximado de 3.000 muertos.

Así mismo, con la muerte de Osama Bin Laden, en el año 2011, la presencia de las tropas estadounidenses se volvería incluso más innecesaria, dado a que, terminaría con la muerte de este los motivos que las llevó a Afganistán en un inicio.


Por otro lado, un punto importante a considerar es que nunca existió alguna resolución por parte del consejo de seguridad autorizando el uso de la fuerza indefinidamente en Afganistán, por lo que EE. UU, habría estado actuando de madera ilegal durante años, sin embargo, no es de sorprender que estos nunca recibieran alguna reprensión por su actuar, debido a factores de poder e influencia, tanto dentro del Consejo de Seguridad como dentro de la comunidad internacional.


Después de más de dos décadas de la intervención en Afganistán, los jefes de gobierno de los Estados Unidos no han dado su brazo a torcer, admitiendo que su proceder tras el ataque a las Torres Gemelas haya sido precipitado y excesivo, ni se han declarado culpables de haberse basado en instrumentos legales que no daban validez a una intervención mediante el uso de la fuerza.


Ni mucho menos admitirían la derrota que significó la acelerada toma de Afganistán por parte de los talibanes, después de que, en recientes declaraciones, el presidente Biden, habría afirmado que sería extremadamente difícil que eso sucediera.


Para muchos expertos, el retorno de los talibanes es consecuencia del Acuerdo de Doha. Para estos no fue un acuerdo de paz, fue una rendición, este acuerdo fijó un calendario para la retirada de las tropas de Estados Unidos y sus aliados internacionales en un plazo de 14 meses desde que se anunciara el acuerdo, Washington se comprometía también a levantar las sanciones que había impuesto sobre líderes talibanes y a cambio, EE.UU obtenía el compromiso de que los talibanes no permitirían “que ninguno de sus miembros, ni otras personas o grupos, incluida Al-Qaeda, usen el territorio afgano para amenazar la seguridad de Estados Unidos y sus aliados”.


Por lo que, serían las fuerzas de seguridad afganas las que tomarían el control de la situación después de la retirada occidental. Pero como todos sabemos, muy poco se parece lo pactado a la realidad, ya que desde el momento en que Estados Unidos comenzó a retirar sus tropas, los talibanes aceleraron su avance y el domingo 15 de agosto lograron el colapso del gobierno afgano tras entrar en la capital, Kabul. Y ante la incapacidad de los líderes afganos de asumir su propio destino, la corrupción generalizada, la desmoralización y la penuria del Ejército local, la falta de un plan de contingencia para una salida ordenada por parte de EE. UU, se originó la oleada de pánico y terror, de la cual todos estamos siendo testigos.

Y Pese a las críticas que ha levantado esta intervención, no ha habido indicaciones de que Estados Unidos vaya a ser sancionado por su proceder violento en Afganistán. Lo peor de todo es que no queda claro entonces cuál es el punto de que exista de una organización tan importante como es la Organización de las Naciones Unidas cuyo principio es evitar y sancionar justamente este tipo de accionar violento por parte de los Estados miembros.


Con este panorama es inquietante pensar en el futuro de Afganistán, cuyos ciudadanos pagarán durante varias generaciones por las vidas de cerca de 3000 personas que fallecieron el 11 de septiembre del 2001. No se puede aminorar la importancia de las vidas perdidas en Estados Unidos frente a las vidas perdidas en Afganistán pues finalmente todas son vidas humanas, pero ¿se puede calificar como justa a la situación en la que han vivido millones de afganos por un ataque del que no se los puede responsabilizar personalmente? La respuesta tiene un tinte de moralidad y por esa razón queda a consideración de cada persona.


El problema más grave que deriva de la conducta de los Estados Unidos es que se han marcado precedentes para otros Estados, es decir, el hecho de que los efectos del proceder erróneo de un país no han tenido sanción sugiere la posibilidad futura de que otros Estados en un momento dado podrían seguir los pasos de Estados Unidos sin esperar consecuencia alguna. Este tipo de conducta agresiva contra otros Estados garantizaría guerras futuras y más aún si no existe un organismo con autoridad máxima para detenerla.


Por esta razón es de suma importancia que la comunidad internacional conciba garantías que reflejen su posición en contra de estas intervenciones ilegítimas e ilegales que lo único que logran es perpetuar enemistad y rencor entre naciones como sucede actualmente. Además, deben generarse cambios dentro de las organizaciones mundiales que resultaron ineficientes frente al quebrantamiento del derecho internacional pues la actuación de los países que conforman la ONU en este largo conflicto ha dejado mucho que desear. Ellos fueron testigos del proceder errado de los Estados Unidos que ignoró durante años los fundamentos de la Carta de las Naciones Unidas y fueron incapaces de frenar años y años de violencia y destrucción. Estos fundamentos fueron creados con el propósito de abogar por la paz entre naciones, pero han sido menospreciados frente a la supremacía económica, política y militar de los Estados Unidos.


En el futuro se vislumbra mayor destrucción, mayor número de desplazados y estancamiento en el desarrollo estatal, la intervención en Afganistán ha sido en vano y solo dejará a su paso aún más destrucción y decadencia. Los efectos de la intervención en la sociedad son ya muy profundos pues ésta no ha condenado solo a generaciones futuras en Afganistán, sino a refugiados y desplazados que intentan construir una vida en países vecinos e incluso en diferentes continentes. Esto lleva a plantear el cuestionamiento de en qué grado la actuación de Estados Unidos es un deber moral y en qué grado está haciendo uso de los medios necesarios para satisfacer los intereses del Estado.

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