• Columna 7

PALABRA DE MAESTRO: NUEVA ESTRATEGIA FRENTE A LA INMINENTE PÉRDIDA DEL PODER

Por: Fare Suárez Sarmiento.


Hemos observado con mucho celo la manera cómo la endogamia política en el país viene escarbando otras fórmulas de derrumbe electoral del candidato presidencial Gustavo Petro. Ya las manidas referencias de asociaciones con sistemas de gobierno revaluados en algunos sitios de nuestra América dejaron de hacer eco en las mentes desprevenidas de los colombianos: el castrochavismo -sobre todo- abandonó los salones de los clubes sociales como mecha para provocar el incendio contra el acelerado ascenso en la aceptación popular de Petro.


Tampoco han logrado el efecto deseado los lugares de lástima otorgados al candidato Petro en las encuestas financiadas por la élite política nacional, mucho menos la tendida al sol de eventos sepultados por la justicia atribuidos durante la militancia en el M-19.


El populismo fundamentalista de los partidos amigos del gobierno que desde su retórica demagógica pretendían inyectar fuertes dosis de pánico entre los latifundistas, los industriales, los empresarios, los comerciantes y la clase media ascendente, cayó en desuso. Petro pudo argumentar que sólo proponía hacer uso de la ley mediante el tope del impuesto fijado para aquellas tierras productivas convertidas en pastizales. Hecho que provocaría la siembra de alimentos en gran escala por parte de los poseedores, o en su efecto, venderían extensas porciones para poder sufragar el costo del impuesto. Así, el fantasma de la expropiación de la tierra se evaporó con la misma velocidad con la que se instaló en la incertidumbre de los ricos.


Ya el miedo dejó de ser una opción para que los pobres repelieran las posibilidades de un presente menos doloroso forjando un futuro eutópico, desde el cual los sueños se traducirían en metas y las esperanzas en herramientas para sembrar semillas que estimulen la germinación veloz de verdaderos principios democráticos. No debemos olvidar que la publicidad contra la presunta implementación del comunismo en nuestro país hasta convertirlo en modo Venezuela, no solo espantaba el sueño de la burguesía criolla y de los inversionistas; también los asalariados padecieron inclementes insomnios frente a la posibilidad de quedar sin empleo. Tal vez el diluvio de libelos, las voces estimulantes de la peniafobia (miedo irracional a la pobreza) que falseaban consignas hueras y el desempolve perverso del pasado revolucionario de Petro lograron irrumpir la tranquilidad familiar hasta el punto de insinuar comportamientos endogámicos (de rechazo) contra su proyecto esperanzador. La incredulidad por poco vence la confianza de algunos sectores de la economía en el plan de reconfiguración socioeconómica del país y de reconciliación como sustento clave de la democracia.


Pero cada uno de los intentos por cooptar los asalariados hacia el fomento de la histeria ludista para oponerse a la tecnología e industrialización en el proceso productivo del nuevo país se fueron diluyendo, según la gente entendió la explicación de Petro en lo atinente a la tierra fértil improductiva. Queda claro que la codicia por la tierra como imperio de poder podrá promover que el partido Centro Democrático colonizado por el odio e inspirado en la violencia suelte el leviatán en momentos de debilidad o de riesgo frente a la eventual, o mejor, inminente pérdida del poder. Es posible que el Terminator Álvaro Uribe reactive el sonido grabado de las motosierras mientras sus correligionarios vuelven a filmar la película La Gran Estafa en nueva versión con diferente escenario: la registraduría. Llama la atención la estrategia de alborotar e incitar con su presencia al pueblo colombiano, sin importarle las torrenciales injurias, agravios, afrentas y hasta el coro inventado por el extinto narrador Edgar Perea contra los árbitros cuando se equivocaban contra su equipo Junior. Se me antoja pensar que la necesidad de alimentar su rancia egolatría lo condujo a su exposición personal, y así evidenciar la actualidad de su liderazgo nacional.


Ese desasosiego de la ultraderecha nacional lindante con el pánico se torna cada vez más peligroso. El archivo histórico del país, como el baúl de la memoria de nuestros ancianos podrían abrirse y copiarse de allí aquellos renglones, aún ensangrentados que todavía no hemos terminado de comprender.

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