• Columna 7

PALABRA DE MAESTRO: ¿HACIA DÓNDE VAMOS?

Por: Fare Suárez Sarmiento.


“Por miedo a lo peor no puede uno dejar de buscar lo mejor”.

Héctor Abad.


Una de las razones de la ceguera de las organizaciones políticas con el apellido de moda “democrática” hay que buscarla, precisamente, en el estallido de este vocablo en el seno de grupos sociales que no han iniciado su propio proceso de transformación desde la conciencia de clase. Se cree que con el solo hecho de pertenecer a determinado sector de la producción, los individuos quedan bautizados, signados ideológicamente, sin tomar en consideración que cada quien ingresa como propietario de una expresión cultural, religiosa y política que provocan la ebullición de visiones de mundo y posiciones divergentes. Posturas individuales que ni siquiera las bondades de la práctica democrática logran permear; al contrario, la “Ley de los contrarios” de Mao legitimó la inalienabilidad de aquellos puntos de vista que dieron nacimiento a la instauración de “la mayoría” como posibilidad de acuerdo. Fue en ese terreno movedizo de mayorías y minorías donde la conciencia de clase empezó a columpiarse entre los intereses de grupos y los intereses individuales hasta llegar a convertir la verdadera conciencia en una retacea de coyunturas y oportunidades sucedáneas con la movilidad del poder, originando toda suerte de entropía política justificada cínicamente en nombre de la democracia.


La historia actual de los partidos registra saltos personales de un estado de conciencia a otro sin el menor asomo de vergüenza ideológica. A este reprochable mercadeo se le llama aval y la aceptación o rechazo no dependen de la afinidad o contradicción en el pensamiento, ideales o acciones. Así, los partidos convertidos en grutas siniestras fungen como albergues efímeros, cambuches inmorales que hospedan desplazados políticos, soledades desalmadas urgidas de una cobija sin importar el color, procedencia o tendencia. Lo bueno de todo este desorden organizado: la publicidad de los medios en estos menesteres, logra alertar a los ciudadanos sensatos acerca de las cualidades y calidades de los candidatos y con ello, orientar mejor su decisión electoral. Lo malo: la insólita empatía entre los políticos malhechores y la mayoría de votantes que simpatiza con el delito. Desde luego que países con elevado nivel de analfabetismo ideológico difícilmente saldrán de la segunda caracterización.


¿Dónde está la respuesta? Ingenuamente se podría responder que en la educación; la dificultad radica en la nesciencia (obligación de saber) de la escuela no tanto para formar a los jóvenes y romper con el ciclo de la abulia política, como en la indiferencia de los educadores frente a la urgencia de impulsar su crecimiento profesional como sujeto político, agente de progresión y desarrollo social. Tal vez muera pensando en que si el hombre no decide, no podrá ayudar a decidir. Si algo hay de cierto en la historia de la humanidad no es otra cosa que muy pocos jóvenes de esta orilla serán llamados a ser los arquitectos del futuro de estos países sin etiquetas ni chequeras, si los adultos no aprendemos a leer los libros de la inmisericordia económica y política escritos por las élites capitalistas del planeta con el sudor y la sangre de los pobres.


¿Por qué aún pervive la resistencia como expresión alternativa de una verdadera democracia? No hay que desesarse para reconocer en los adultos lectores y en los educadores del reciente pasado, la siembra de sueños sobre mañanas libertarias donde todos cabíamos, con el único temor de morir sin dejar rastro, pero para lograrlos había que fundir los barrotes de las celdas de aquel presente. No lo logramos, no obstante, le arrebatamos a la sociedad un trozo de reconocimiento y respeto con voz propia y autoridad moral legítima que obliga a la dinastía burguesa a asumir su papel de interlocutora. ¿Habrá que subvertir la academia ?


Si la escuela continúa sumida en el pozo etéreo de la evangelización académica, del saber decir según los cánones laroussianos, del saber hacer, de acuerdo con los rigores mercantiles y del saber obedecer, por las normas de represión y castigo, no podremos incitar al debate abierto y serio sobre la relevancia de la herencia de la formación ideológica que algunos educadores aún glorificamos.


Si los contenidos de corta y mediana recordación llevados al aula en pequeñas dosis, sin revisión, confrontación o análisis, siguen despilfarrando el valioso tiempo de los jóvenes y maestros, la realidad extramuro continuará asestándole a la escuela duros golpes contra su eficacia y pertinencia, hasta cuando llegue el momento de pagarles a los jóvenes para que asistan a clases, so pena de que nos quedemos sin empleo.

Si muchos educadores no sepultan la información –ya amarillenta– que en su tiempo fue válida para la sociedad, si no son capaces de conmover, estremecer a los jóvenes con la cotidianidad del mundo, si no se preguntan y se dejan preguntar por ellos en lugar de dilapidar la jornada con tediosos discursos académicos e impostadas posturas de intelectuales, entonces no podremos subvertir la academia y la corriente torrencial de leyes y decretos se volcarán todavía más sobre la huérfana educación pública.


El año que culminó nos trajo torrenciales contactos virtuales con verdaderos expertos en teorías pedagógicas libertarias. No hay dudas de que nos acercaron al pensamiento freiriano en materia de la emancipación educativa, tribuna desde donde nos recuerda que los contenidos son retazos de la realidad, desvinculados de la totalidad en que se engendran y en cuyo contexto adquieren sentido. En estas disertaciones, la palabra se vacía de la dimensión concreta que debería poseer y se transforma en una palabra hueca, en verbalismo alienado y alienante... Así el saber deja de ser un saber de experiencia realizada para ser el saber de experiencia narrada o transmitida, sin ninguna posibilidad de constatación. En realidad, de acuerdo con Simone de Beauvoir, citada por Paulo Freire, lo que pretenden los opresores es transformar la mentalidad de los oprimidos y no la situación que los oprime. A fin de lograr una mejor adaptación que, a la vez, permita una mejor forma de dominación.


Ya la educación cuenta con un pedazo de autonomía que ha sido arrebatada por la fuerza a los opresores. No se puede seguir tardando el proceso de descolonización académica que permita construir un ideario propio, autóctono que realmente de cuenta del significado de esta américa. Abandonar la ingenuidad hasta romper las cadenas y quemar las viejas páginas de saberes acríticos que aún brillan en las escuelas, es un imperativo. Creer que la reproducción ideológica de un sistema alienante a través de los contenidos contribuirá a la formación de hombres y mujeres libres es alimentar de inocencia y cultivar el conformismo de los jóvenes cuyo futuro seguirá subsumido por la pobreza y envilecido por la ciega obediencia.


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