• Columna 7

PALABRA DE MAESTRO: DECOLONIZAR LA EDUCACIÓN

Por: Fare Suárez Sarmiento.


Cuando Hugo Vera Ojeda, (2.010) afirma que “ninguna fuerza política o religiosa que sobrevive gracias a las masas, puede darse el lujo de tener gobernados que piensen demasiado”... nos remite a la tradición sistémica de unas estructuras ideológicas asentadas sobre raigambres judeo-cristianas que imponían a la sociedad los valores éticos y morales que definían la convivencia familiar y social, principalmente. Sin embargo, mientras Vera Ojeda alude a la propaganda mediática fundada en el consumismo irracional como herramienta para mantener a las masas en el limbo, la historia nos cuenta que la preservación del orden moral y del comportamiento ético se debía al temor infundado e inculcado de generación a generación. El castigo impuesto por una fuerza omnipotente obligaba a la gente a esconder las violaciones al ordenamiento social y a tratar de lavar sus pecados participando en las eucaristías.

Ese es el miedo que aún pervive en la sociedad moderna, cuyas secuelas se anidan en la obediencia, la sumisión y el cumplimiento cabal de invasiones ideológicas que chocan contra las propias. Recordemos a Marx en la sabia afirmación de que la educación es el aparato ideológico más poderoso del Estado. Y como este podría encontrar algún asomo de resistencia desde la conciencia de los maestros, no cabía otra opción sino legislar para silenciarles la voz y oprimirlos con agotadoras actividades académicas, pedagógicas, lúdicas y convivenciales. Además de reiterar la tesis de que los contenidos curriculares constituyen un producto de carácter técnico, inofensivo, sin ningún aditamento ideológico, ni mucho menos parentesco alguno con la arena política del país. Thorndike sostenía que el currículo era un mecanismo para adaptar al individuo a la sociedad, ubicándolo bajo el control social por medio del condicionamiento, de tal manera que el proceso selectivo de dichos contenidos considera el currículo como un todo de conocimientos dados, sin contaminaciones, que no amerita cuestionamientos ni juicios.

El Estado adiestra a los especialistas que han de adecuar las políticas diseñadas por los organismos internacionales; también en esa especie de reformulación se instituyen como voceros calificados de la ideología imperante.


Si ellos diseñan las taxonomías y lineamientos curriculares hasta alcanzar a organizar todo el sistema educativo, nos hallamos frente a un depósito vacío llamado escuela el cual hay que llenar sin revisión, ni contradicción, ni análisis, utilizando al maestro como instrumento acrítico; tal como nos cuenta Murcia Prieto “Al exponer determinados conocimientos sin tomar en cuenta lo que es verdaderamente significativo para los alumnos, o sin integrar los contenidos escolares con la vida de los alumnos se convierte el proceso, a menudo, en un paréntesis ficticio del mundo real”. De eso se trata, no hay duda. En un ocultismo programado, la política educativa tiende sesgadamente a desviar aquellos elementos de la política, de la economía, de la ciencia y de la seguridad ciudadana, de la atención escolar. Nada de lo que tenga ocurrencia en el aquí y en el ahora en las élites colombianas, es materia de debate en la escuela.

Los agentes del gobierno en la administración escolar saben muy bien que el conocimiento que el profesor transmite puede iluminar o distorsionar la realidad; puede presentarla o mediatizarla, al reflejar lo que son sus experiencias personales o marcos de referencia; de ahí que la citada pedagoga Murcia Prieto, exprese que “la realidad que se intente presentar en los contenidos programáticos es una realidad alejada de los significados esenciales y reales para una gran mayoría de los estudiantes y entra en conflicto, la mayoría de las veces, con las vivencias que los estudiantes han tenido y tienen en los contextos en que se desenvuelven”.

Tal es la relevancia del dogmatismo pedagógico que el gobierno procura salirle al paso a cualquier mínima fisura que exhiba la norma general. Cuando la resistencia docente descubre alguna vía reivindicativa, la norma es despellejada hasta cortarle los efectos contrarios a su espíritu de sometimiento del maestro.

Próxima entrega: desarrollo y evidencias del coloniaje educativo en Colombia.

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