• Columna 7

PALABRA DE MAESTRO: DE SER HUMANO A CAPITAL HUMANO

Por: Fare Suárez Sarmiento.


De acuerdo con los preceptos científicos, la naturaleza humana es el genoma humano, en un noventa y nueve punto nueve por ciento con carácter idéntico. La distinción entre unos y otros se debe al uno por mil de esa diferencia genética. Aunque existen muchas otras consideraciones que marcan la identidad como ser humano, nos interesa en este aparte, la relevancia de su unidad sustancial que lo define desde la constitución biológica hasta la naturaleza racional.


Hasta aquí, el ser humano se configura como un concepto biológico, signado con el distintivo sui géneris “humano”, cuya unicidad frente a los demás seres que habitan la naturaleza no sólo se resume en la racionalidad, sino también en la arquitectura del cuerpo. Es decir, materia y esencia desde la tradición judeo-cristiana, acentúan aún más el concepto de único y de una única especie.


Este concepto abandona su estado cuando exhibe el imperio de la racionalidad. Surge –entonces- la equivalencia “persona”, cuya noción se le atribuye al filósofo Boecio (480 – 524) quien la definió como sustancia individual de clara autenticidad racional, en el marco de una expresión cultural. El concepto persona realiza el concepto ser humano, como construcción en constante actividad con otros seres semejantes, de donde deriva el aprendizaje y las relaciones sociales; lo que equivale a señalarla como un producto social.

Mientras el concepto ser humano se nombra como de naturaleza biológica, al ser persona, sujeto corpóreo, Kant (Siglo XVIII) otorga un valor absoluto, un valor en sí mismo, al subrayar que la autonomía de un ser racional y moral es el fundamento de su dignidad, por consiguiente, “la dignidad es el valor que tiene cada persona por el solo hecho de ser persona”.


Antes de abordar el siguiente aparte, me remito al planteamiento de Marx en cuanto la consideración que hace del ser humano como “producto de las relaciones sociales de producción. El ser humano dentro de un sistema económico como el capitalismo es su fuerza de trabajo, se convierte en una mercancía más en un mundo laboral y comercial cuyo trabajo es alienado, enajenado, extraño para sí mismo”, planteamiento que orientará el camino a través del cual el ser humano, ya subjetivado como persona, entidad psíquica, heredero de una cultura, con un pensar y un sentir propios, es cosificado por el stock de conocimientos y de habilidades útiles a la producción que acumulan los individuos y las organizaciones, según Carolina Cañibano (Universidad Rey Juan Carlos).


El ser humano será la extensión de un Ser deificado con sustento ontológico que no sólo habita el mundo sino lo transforma, no sólo se reproduce, sino produce fuentes subsidiarias para lograr la infinidad de tal reproducción. Pero la sostenibilidad de la existencia de la especie y la elongación de las generaciones requieren bienes materiales que generalmente se mantienen distantes de su alcance, en tanto la división de clases decide quién ostenta el poder y controla el sistema, tal como lo expresan Marx y Engels en la Ideología Alemana: “Las ideas dominantes no son más que la expresión ideal de las relaciones materiales dominantes. La clase que dispone de los medios de la producción material dispone también de los medios de la producción intelectual y de ellos se sirve para dominar”.


Pero ese Ser humano, ya persona, ya sujeto social, inmerso en una cultura, que aprendió a convivir en medio de valores de uso, se le ha impuesto una nueva expresión de subsistencia basada en los valores de cambio. Para ello, se siente preso en procesos de ningunación social, hasta tanto la educación lo ayude a vincularse a las dinámicas de la explotación de las fuerzas de trabajo y de allí a habituarse al cambio de la naturaleza de su creación: de homo sapiens a homo hábilis. El sujeto llega a ser considerado por su materialidad como un recurso renovable y sustituible, de acuerdo con sus niveles de desarrollo intelectual y disponibilidad de sumisión.


Este salto dio paso a la Teoría del capital humano impulsada por Theodore Schultz en 1.960, cuando en una conferencia planteó la tesis de que “los seres humanos aumentan el campo de sus posibilidades cuando invierten en sí mismos. Los hombres pueden aumentar su bienestar por esta vía”. Invertir en sí mismos equivale para Schultz un adiestramiento en el que prevalezca la fuerza física por encima de los conocimientos adquiridos a través de la educación. La teoría del capital humano involucra la educación en el centro de las complejidades del universo económico, generando así la economía de la educación, constituyéndose en una disciplina que permitirá definitivamente la instauración de un mercado laboral con primacía de la competitividad y fomento de la individualidad.


No hay duda de que los individuos mejor preparados pueden desde su presente, despejar la ruta de ascenso social y bienestar económico; en cambio, los excluidos, los pobres, los que no tuvieron la oportunidad de ingresar al sistema educativo, tienen limitaciones cronológicas extremas en cuanto al futuro. Es innegable que su productividad será muy deficiente y en consecuencia las posibilidades de pensar en el futuro más allá del final de la jornada de trabajo son mínimas o totalmente nulas.


Ya dijimos que la entidad persona realiza al concepto Ser Humano, lo inscribe en el plano diferencial desde la perspectiva del contenido social y cultural, hasta traducirlo como la única especie universal. En cambio, el concepto capital humano queda inscrito y es asimilable en el plano absolutamente económico, bajo los preceptos de las leyes del mercado.

Tengamos en cuenta que el desarrollo económico trajo consigo la fusión indiscriminada de los lenguajes humanista y financiero generando un enciclopedismo técnico que trascendió fronteras, para servir de discurso tramposo a los imperios y justificar aún más la voracidad capitalista de la globalización.


Desde luego que esa invasión lingüística se tradujo en un perverso desplazamiento de la condición humana, traducido en una instrumentalización del sujeto, como fuente generadora de riqueza.


Al mismo tiempo, tal vez, considerando semejante descalabro social fueron apareciendo teorías y definiciones creadas por expertos y asesores del mundo empresarial con el objeto de legitimar su imposición. Desde Schultz (1.960) como ya se anotó antes, quien fue el primero en considerar el vocablo como “sinónimo de educación y formación” hasta el joven economista francés Thomas Piketty, en su libro –ensayo le capital au XXIe siécle, (2.013)– la visión robotizante del hombre no ha perdido mucha distancia, a pesar de que los últimos especialistas en temas financieros globales restituyen un poco el valor humano desde la consideración de ser pensante, ser sintiente, ser actante. Podríamos entenderlo como un relativo avance al plantearlo Piketty en su ensayo: “El capital humano no puede ser propiedad de otra persona u objeto de negociación en un mercado... Pero a fin de comprender el proceso de crecimiento y las desigualdades que engendra, es necesario plantear la distinción respecto del capital No humano, al que sencillamente denominamos “riqueza”, sin embargo, mientras la acumulación exagerada de capital sea impulsada por los saberes y habilidades del hombre, será difícil situar a este por encima del capital; si así llegara a suceder, podría darse el salto de productor a propietario de capital. Prefieren los capitalistas equilibrarlos y traducir su importancia convirtiéndolos en un lazo indisoluble, que no puede aislarse. Ser Humano y capital humano se corresponden, se complementan, aunque se excluyen debido a la naturaleza de la propiedad privada, tal como lo anota la mexicana Cassandra Garrido (2.007) “La categoría del capital físico hasta antes de la década de los años cincuenta era considerada única responsable de la plusvalía. Actualmente, la categoría del capital humano se considera indisoluble a la del capital físico”.

La singularidad del Ser Humano radica en que su unicidad impide que “algo” lo imite, lo iguale, lo supere o lo trascienda. El Ser Humano, crea, construye y produce riqueza. Es un “recurso” en sí mismo traducido en inteligencia, talento, habilidades y competencias que se fortalecen con la educación, a pesar de la parcelación del conocimiento derivada de la especialidad.


Llegado a este punto, creo prudente referirme más adelante (en otra entrega) a la Teoría del Capital Humano con fundamentos en la educación. Desde allí, echaremos una mirada a la exclusión en el marco de los proyectos económicos, debido a los diferentes tipos de discapacidad del Ser Humano, persona.

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