• Columna 7

PALABRA DE MAESTRO: COOPTACIÓN NO CONSENSUADA

Por: Fare Suárez Sarmiento.


Cualquiera podría imaginar que nos hallamos ante un escenario nuevo sin antecedentes registrados en la historia, mucho menos con sujetos que pudieran tomarse como referentes. Pero no es así. Los sucesos recientes han testificado el descalabro ético-político de otrora probos dirigentes, cuya beligerancia discursiva contra el sistema rompía en ecos que atravesaban calles, avenidas y retumbaban en plazas públicas. Peor aún, una vez posicionados y alcanzados niveles de reconocimiento gremial daban el salto desde el taburete hasta el sillón nomenclado VIP (léase vi ai pi). Ya no son sacristanes, de ahí la amnesia voluntaria frente a viejos rostros con los cuales compartían sudores durante las calcinantes marchas en contra de todo lo que afectaba sus intereses de clase. Ahora fungen como sacerdotes que fingen resolver los problemas de la gente en medio de susurros, acuerdos, compra y venta de votos para apoyar o rechazar proyectos; así lo atestigua el clásico aforismo: ningún cura se acuerda cuando era sacristán. Los nuevos rostros se tropiezan en lujosos restaurantes con viandas cuyos nombres aparecen en diccionarios de otras lenguas. Atrás quedó el sudor, la resequedad de los labios y la gorra hedionda por la crueldad del sol. De hecho, el tránsito vertiginoso de soldado a general se constituye en la meta, en la obsesión personal sin importar que la venta de conciencia será un estigma moral cuya radiación alcanzará tanto a vivos como a difuntos del árbol genealógico. Aunque muchos han creído que la familia queda por fuera de la detracción social provocada por esa conducta pordiosera, y actitud genuflexa.


Es cierto, cada quien es dueño de sus decisiones, pero ellas no pueden configurarse en medio para conseguir un fin, lo que equivale a afirmar que las actuaciones de quienes ostentan cargos honoríficos dentro de una organización cualquiera sea su naturaleza, deben lealtad extrema a la voluntad de los asociados, y fidelidad a las reglas que rigen los destinos de dicha organización, generalmente denominadas estatutos. Normas que sacralizan los comportamientos. Lanzarse a los brazos de un sector en nombre de la institución que se representa sin previa comunión es un asalto a la dignidad humana, una traición a los principios adoptados por miles de asociados y consignados en el libro conformado por trece capítulos y ochenta y dos artículos, entre los que contamos.


a. Trabajar y luchar por el respeto a la pluralidad e ideología de los trabajadores... Flagrante atropello al convertir la esencia de este principio a la unicidad inconsulta,


m. Está fundada en la democracia, la participación, el respeto a la dignidad humana... y propende por el interés general.


La gula del apetito burocrático obstruye cualquier amago participativo. Han cambiado la acepción histórica del término democracia. Ahora, esta se nos presenta con carácter solipsista, excluyente, con marcado arribismo que anula la voz, ciega la vista y tapona los oídos para que el abuso contra la decencia de los correligionarios tenga lugar sin contradicción alguna. La última clavija de este principio: propende por el interés general, la dejo a su equilibrado juicio –distinguido lector– para que participe en la construcción del significado.


o. ...debe ser autónoma respecto al Estado, las religiones, los movimientos y los partidos políticos.


Lamentable cómo los hechos desvirtúan el sentido y el verdadero espíritu de este principio, con la certificada alianza registrada por la prensa. Imagen que capta la disputa por un pedazo de cuerpo en la foto que refuta, niega y se burla del significado del citado texto. En lugar de autónoma debería de considerarse obsecuente, rendida por las falsas promesas de beber siquiera un sorbo del manantial del poder sin saber que la sinarquía, cuyo postulado constitucional exige el servicio a la gente, es cambiado radicalmente por el de servirse de la gente.


r. Defender la independencia sindical.


Si la autonomía se halla calcinada por el apetito insaciable de poder, la independencia de cualquier organización cuyos asociados acuerdan defender sus intereses, y proteger sus derechos gremiales también se verá reducida a cenizas. Ya se anotó que cada sujeto es dueño de sus decisiones, pero si ellas afectan a toda la institución es deber ético sacudirse del inminente contagio, y un derecho otorgado por la carta estatutaria huirle al mutismo Shakiriano, y así evitar ser medido con la misma vara. No hay dudas de que toda persona goza de plena libertad para escoger la ideología empática con su visión de mundo; poco importa si se trata del liberalismo, conservatismo, socialismo, comunismo, fascismo o judaísmo; lo que no puede es donar por su cuenta el prestigio del sector que representa, sin medir las graves consecuencias en cuanto deterioro moral y señalamiento de cooptación de los asociados.


No será fácil convencer a los grupos y movimientos políticos a los que pertenecen los miles de asociados de que sólo se trató de una manipulación mediática. Como bien es sabido, ellos tienen derecho a expresar sus preferencias políticas por fuera de su organización gremial a título personal, lo jodido es que esta acción lejos de cualquier posibilidad de consulta democrática se lleve a cabo con el patrono.


Sin embargo, no niego la posibilidad de que hayan sido asaltados en su buena fe, lo extraño es que el extenso rumor cargado de indignación que se mece en diversos escenarios de los municipios y del distrito no haya sido extinguido a través de las voces y medios habituales para fines informativos. En contrario, resulta digno de mención la acérrima crítica de muchos compañeros en el Distrito, aunque haya sido en voz baja, y entre pequeños grupos. Ese indicador de rebote al abuso del nombre del gremio no se interpreta como repelencia alguna contra ese o cualquier otro grupo político, sino como la herida política causada por incluir en la lista de apoyo a quienes expresan su simpatía por candidatos distintos; es decir, a la apetecible cantidad de casi diez mil maestros. Además, la noticia del medio informativo Santa Marta al día aparecida a mediados del mes de noviembre de la presente anualidad produjo una infodemia causada por la súbita insolencia de los actores. Cómo sería el recibo de la imagen de Maltés Tello entre los trabajadores colombianos abrazado con Iván Duque, o del presidente de la CGT, Percy Oyola almorzando en el club El Nogal con Álvaro Uribe. Qué tal el perverso paisaje ofrecido a los más de trescientos mil docentes del país donde apareciera William Velandia, presidente de la Fecode agarrado en cadena humana con Óscar Iván Zuluaga y, en la nota de pie de foto se leyera en negrita: el magisterio colombiano apoya al Centro Democrático. No hay dudas de que la atingencia sería idéntica, y se reforzaría el sentimiento forclusivo del magisterio si se constatara la complicidad silenciosa de todos los miembros del ejecutivo, actuación dolosa que pulveriza el significado de democracia sindical de amplio pregón en las normas que lo rigen.


Siempre será censurable el intento de abrir trochas desde una posición gremial dominante para usufructo propio, desde las ansias de ejecución de un proyecto de vida económico y político personal que extienda sus beneficios hacia la familia.


En su lugar, el plan debería contener un solucionario de problemas de los agremiados, en vez de ofertar el caudal electoral al mejor postor dejando en el ambiente un aliento fétido contra las organizaciones, al mejor estilo del poeta romano Marco Anneo Lucano: lo que es pecado de muchos queda sin castigo.


Dejar la sepultura de este evento en manos del tiempo, ha sido una negligencia ética y un descalabro político para los trabajadores de todos los sectores. Sobre todo, en aquellos que no exhibieron sus rostros, quienes debieron romper el silencio y salir en defensa del respeto por ideologías y preferencias diferentes de la mayoría de los docentes. No es que otorguen con su silencio; tal vez creen que, si no fueron invitados a la foto, el pueblo pensará distinto. Quizás.


Vivimos unos tiempos de incertidumbres. Nuestra rutina se dramatiza cada vez más por las nuevas formas de enseñanza invasoras de los espacios personales, y por las descargas sicológicas inyectadas para sostenernos con el frágil hilo del miedo. Le tememos a lo que viene porque así lo afirman los organismos de poder. Pretendemos mantener la cotidianidad contando los familiares, amigos y compañeros que se han ido sin despedirse, pero nos olvidamos de la profecía del pastor luterano Martin Niemoller (1892-1984) en su poema los indiferentes, atribuido más tarde por razones políticas a Bertolt Brecht.


Creo oportuno invitarlos a la relectura del análisis del doctor Rosember Rivadeneira Bermúdez: Santa Marta y el Magdalena en ruinas, aparecida el 23 de octubre de este año (2021) en Columna 7. Puede asumirse como un sincero ilustrador del dolor de patria chica que hemos dejado de sentir. ¡Aún hay esperanzas!

141 visualizaciones0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo