• Columna 7

MUJERES SIN ETIQUETAS

Por: Elsie Betancourt.


La mujer a través de la historia reciente, ha tenido un papel que se asociaba con ser reinas, santas y madres. Con el correr del tiempo, la naturaleza femenina y las relaciones entre hombres y mujeres tanto en el pasado como en el presente, han delineado un “nicho”. Hemos podido observar cómo se educa de manera distinta a hombres y mujeres. Se asignan roles dependiendo del sexo que tenemos al nacer. Por ejemplo, las niñas con cocinitas, barbies, los niños con superhéroes, camiones; juguetes no tan inocentes que indirectamente van enseñando el lugar en el cual la sociedad pretende que los individuos se desarrollen a lo largo de la vida.


Acompañado de los roles de género, vienen mandatos, dichos populares, chistes, cuentos, películas que generan estereotipos, los cuales producen mitos y creencias que sostienen la superioridad del hombre sobre la mujer. Entre estos mitos, está el muy recordado: el de Adán y Eva. No sabemos con certeza si existieron, pero éste (el mito), se contó de generación en generación justificando y avalando la opresión del hombre hacia la mujer, por el error cometido por Eva, cuando convenció a Adán de comerse la manzana que era el fruto prohibido… sentenciada desde entonces, el Génesis 3 dice: “Entonces Dios el señor, le dijo a la mujer: - Aumentaré tus dolores cuando tengas hijos y con dolor los darás a luz. Pero tu deseo te llevará a tu marido y él tendrá autoridad sobre ti”.


Yendo más lejos, en Arabia Saudita se prohíbe a las mujeres conducir autos porque esto supone estar ausentes del hogar. Tienen que tener los rostros descubiertos para ver el camino de forma clara o para cumplir con los chequeos rutinarios en carreteras o en caso de un accidente de tránsito. Paradójicamente deben taparse la cara y el cuerpo en forma regular, sino, están sujetas a hostigamiento por parte de la policía.


En India, el matrimonio infantil, costumbre muy arraigada resulta ser a veces una tragedia para las niñas, las familias y comunidades. Cuanto más joven es ésta y menos estudio mayor es la dote que su familia debe pagar por casarla. Las niñas pierden amigos, escuela y toda opción de progresar para convertirse en madres desde muy temprano y estar al antojo de las apetencias del esposo, que en la mayoría de los casos son adultos y hasta “viejos verdes”. El ejemplo más cruel que estamos viendo actualmente, es el de las mujeres de Afganistán con todas las prohibiciones bajo el régimen talibán. (Creo que estamos volviendo a la edad de piedra y ni eso porque en ese entonces creo que nacían los matriarcados…) Prohibido el trabajo femenino fuera del hogar –cerrar contratos con hombres– estudiar en escuelas, universidades –el velo que las debe cubrir de pies a cabeza– azotes o paliza a las que incumplan las reglas– hablar o estrechar las manos de hombres, reír en voz alta, usar tacones que produzcan ruido al caminar, practicar cualquier deporte y otras terribles normas que son tan encasillantes en este siglo XXI.

Con hijos o sin hijos, solteras o casadas, hetero y homosexuales, todas somos mujeres y merecemos liberarnos de las etiquetas. Trabajo y me entiendo con muchas mujeres solteras por opción y que han decidido no tener hijos, por ejemplo. Mujeres fuertes administradoras de sus tiempos y que no dejan el trabajo de lado. ¿Por qué encasillarnos egoístas por el uso de nuestros tiempos? No entiendo.


¿Se ha visto que para un candidato a cualquier trabajo, hombre soltero, gay o casado sea parte del argumento de su oponente o los medios para menoscabarlo? No se toca el tema… ¿Por qué con las mujeres todavía se fijan en su estado civil y demás arandelas? Creo que aún tenemos unas brechas grandes entre hombres y mujeres y un tema de etiquetas machistas en el ambiente y en la sociedad. Las nuevas generaciones vienen con un chip distinto y quieren hacer un cambio y hay que apoyarlo y no decir más: “ésta mujer es intensa, o ésta mujer está hormonal”. Creo que debemos hablar de manera más humana, todos con todos, sin las etiquetas que nos llevan a prejuicios. Como decía Simone de Beauvoir: “No se nace mujer, se llega a serlo”.

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