• Columna 7

MELODRAMA

Actualizado: jul 20

Por: Pedro Luis González.


Temple de acero, mirada serena, observa, espera la fatal orden, siente el final ineluctable, agradece al señor de que no sean esos despreciables gólgotas los artífices de su muerte. Siente la nostalgia de encontrarse a miles de kilómetros de su pequeño Chaparral, siente el peso de perecer en tierras extranjeras. Las balas penetran su avejentado cuerpo, su canoso cabello se junta con el barro y la sangre. Así muere el indio impertérrito, el héroe de mil batallas.


En los 210 años de existencia, Colombia ha tenido 116 mandatarios, desde Bolívar hasta Duque hay en factor en común: pertenecer a la élite, excepto uno: José María Melo era de ascendencia pijao y de extracción popular. A sus 19 años el prócer se enroló en el ejército libertador participando en las batallas de Bomboná, Pichincha, Junín, Ayacucho, el callao y en una decenas más, fue un guerrero excepcional de exportación, peleó contra la oligarquía venezolana persiguiendo el sueño reunificador de la Gran Colombia, en su destierro luchó en Costa Rica y Nicaragua en contra el filibustero William Walker, obtenida la victoria se dirigió a El Salvador donde fue contratado como instructor de tropas y finalmente recaló en México donde luchó bajo las órdenes de Benito Juárez en la guerra de reforma.


Años antes de su periplo por Centroamérica el protagonista de nuestra historia convencido de sus ideas de Nación decidió tomar bando en la división del partido liberal, basándose en sus enseñanzas adquiridas durante su exilio en Alemania donde se inscribió en la escuela militar de Bremen, ilustrándose con los pensadores del momento de índole socialista como Saint-Simon, Charles Fourier y Robert Owen, apoya a los Draconianos los cuales bregaban por proteccionismo, la redistribución de la riqueza, protección a la industria nacional, era un movimiento compuesto en su mayoría por artesanos abolicionistas de la esclavitud, estos a su vez eran contrincantes ideológicos de los Gólgotas (Defensores del libre mercado).


En 1851 la presidencia a José Hilario López decreta la libertad de los esclavos. Tres años después el presidente José María Obando, arrinconado por los conservadores recibe el apoyo de los liberales, estos le ofrecen la dictadura lo cual es rechazado por él tajantemente. Los seiscientos revolucionarios al mando de Melo se toman el poder y se proclama presidente de facto sin derramamiento de sangre. Ocho meses duraría el mando del pijao. Un ardid entre conservadores y liberales radicales encabezados por Tomás Cipriano de Mosquera, José Hilario López y el general Joaquín París, unen sus tres ejércitos compuestos por diez mil soldados y logran deponerlo sentenciándolo a una muerte disfrazada de exilio, condenado a traspasar el tapón del Darién por tierra junto con doscientos de sus hombres. Fue uno de los pocos que sobrevivió.


Muerte


Chiapas 1860; el guerrero se une a las milicias de Benito Juárez, combatiendo la derecha y la intervención extranjera. Sería la hacienda Juncaná donde lo sorprendería el enemigo hiriéndolo de gravedad para posteriormente ser ejecutado por orden del General Juan Antonio Ortega, arrojando su cuerpo a la intemperie. Los despojos del general extranjero fueron recogidos por los indios tojolabales y enterrado en un panteón clandestino. Sin funeral de honor, sin una despedida adecuada para su figura. En el lugar donde dio su última arcada se encuentra un pequeño monumento conmemorativo, pero en Colombia no hay nada que honre la memoria de José María Melo, ni estatua, calle, plaza o avenida, a excepción de una placa en su tierra natal. El odio de las castas dominantes lo persigue hasta en la muerte, negándole el honor y la gloria que merece.


Drama Familiar


Los bisnietos (Heliodoro y Ramiro Melo) del desaparecido General, llevan una lucha incansable para poder repatriar sus restos que hoy en día yacen en el destierro, infructuosos y exiguos han sido las intenciones de todos los gobiernos que precedieron a su muerte para devolver al hijo del Tolima a su seno, fueron más serias las movidas del nobel García Márquez quien mediante sus amistades en el gobierno mexicano logró que el Instituto Nacional de Arqueología e Historia designara antropólogos y arqueólogos para un estudio de campo, pero el apoyo colombiano fue ínfimo e insuficiente, el culmen de la infamia llegó cuando en marzo del 2007, la Asistencia a Connacionales y Promoción de Comunidades Colombianas en el exterior dio respuesta a la petición de los descendientes con un desgarrador dictamen, al que me permito citar: “se requiere la cancelación de los costos para este tipo de diligencia, ya que el gobierno de Colombia no cuenta con una partida presupuestal para estos gastos”. Años más tarde un mandatario destinaría 600 millones de pesos en la compra de cortinas para la casa de Nariño y 15 millones en almendras.


Hoy 20 de julio día de nuestra independencia deberíamos hacer gala del nombre de José María Melo y el drama de su injusto olvido, desterrado de la memoria colectiva nacional donde ni siquiera sus huesos encuentran el camino de regreso a casa, un luchador incansable que nunca vaciló en defender los intereses de los humillados y despreciados por una clase indolente que aún hoy en día no le perdona haber sido un héroe manchado por su sangre indígena y su origen popular, no le perdonan el irrespeto de haber marcado la historia.


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