• Columna 7

MARCOS ROSADO GARRIDO: EL HERODOTO DE LA SERGIO ARBOLEDA

Por: Rosember Rivadeneira Bermúdez.


Marcos, no el apóstol ni el Aurelio, pero fue noble y buena persona, y como historiador, según la sincera opinión de sus alumnos, resultó ser el mejor.


Es de apellido Rosado y con sus fabulosas narraciones a todos nos hacía creer que viajábamos en naves espaciales. Garrido, porque a los estudiantes después de sus charlas, la cultura los dejaba seducidos.


Tuvo un cuerpo acorde a la altura de su sabiduría y fue tan educado que parece haber sido la encarnación de un sabio del pasado.


Como católico, apostólico y romano creía en la resurrección, pero algunos consideran que fue la reencarnación de Herodoto, pues de la historia fue el más ferviente devoto.


Cristo recibió de la mano del Padre Eterno la cruz para salvar nuestras vidas, y a Marcos en la tierra le concedió la honorífica distinción de la Cruz de Bastidas, por ser el maestro que conservaba el alma de sus estudiantes encendidas.


Fue el mejor Narrador de historias, la máquina humana del tiempo que no exigía el pago de ningún importe para transportar a sus alumnos a épocas remotas y mucho menos le importaba si no contabas con visa o pasaporte.


La historia mejor contada que en The History Channel y, gracias a su sabiduría, todas las tierras, civilizaciones y esculturas hacen parte de nuestra cultura.


No era por distracción que, durante sus clases, nuestros ojos permanecían fijos en el horizonte y los cuerpos paralizados. Es que él tenía la magia para que nuestras almas se escaparan a darse un tour por el pasado.


Fue el precursor de la realidad virtual y el único hasta ahora conocido a quien Cronos le ha permitido regresar el tiempo. Durante sus clases los estudiantes, hipnotizados con su voz ceremonial, experimentamos el árido suelo, la mística y el poder de los faraones de Egipto, nos deleitamos con la sabiduría y la magia de los dioses de Grecia, India, China, la fuerza de Alemania, las batallas y la arquitectura de Roma, e incluso a Julio César su sangre vimos derramar con las puñaladas que le dieron por detrás. Con su don de mediunidad lo invocó en el aula de clases para que nos revelara sus últimas palabras ¿Y tú Bruto? ¿Tú también hijo mío?


Aún conservo viva la escena en que Teseo y Pirítoo fueron engañados al sentarse en el banco mágico de Hades para que las Furias los azotaran, las serpientes fantasmagóricas les picaran y Cerbero les royera los dedos de las manos y los pies.


Hoy nuevamente en la tierra se derraman lágrimas de sangre, y no es porque se repitan las épicas batallas libradas en el mítico coliseo romano. Es el alma de la sociedad samaria que se desgarra porque ha perdido a un valioso ciudadano.


Se ha enlutado el alma de tus estudiantes, se fractura la academia y pierde la sociedad al baluarte de la decencia.


Cuatro de marzo. Sí, el cuatro de marzo fue el día en el que Dios te ha llamado a su regazo.


Te marchas con el alma esclarecida, el intelecto florecido y el corazón repleto de amor por tus estudiantes. Surcas el horizonte sonreído al saber que fuiste correspondido, pues nuestro respeto y admiración hacia ti nunca lo mantuvimos escondido.


Aunque fuiste amante de la sabiduría y la delicadeza ateniense, presiento que tu espíritu batalló con la fiereza espartana, queriendo retornar al cuerpo inerte al que con lágrimas se aferraban tus hijos mientras yacías en el lecho para devolverles las caricias y darles un beso de despedida.


Los dioses griegos, los faraones de Egipto, los emperadores romanos, los próceres de la patria y tu amado Cristo vendrán para acompañarte en el viaje de regreso. Es el premio por haber mantenido vivo su recuerdo.


De ahora en adelante hallaremos tu sonrisa en el firmamento. Sé que, por tu aporte a nuestras transformaciones, al igual que Perseo, harás parte de las bellas constelaciones.


Jamás creí tener que variar el tiempo de las expresiones de esta columna, pues lo que había conjugado en el presente, la fatal muerte lo trasladó al pasado, y con tu intempestiva partida nos dejaste el corazón marchitado.


Aquí en la tierra lloramos tu partida, pero sabemos que tu alma se extasía entonando el grito de “libertad.”


Vuela, agita tus alas al infinito amado maestro y canta victoria porque tus queridos estudiantes relataremos en la faz de la tierra tu gloriosa historia.


¡Maestro Marcos, tu memoria es inmortal!

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