• Columna 7

MAQUIAVELO EL PATRIOTA FLORENTINO (I PARTE)

Por: Marcos Rafael Rosado Garrido.


Comentar a Nicolás Maquiavelo (1469-1527) lleva invariablemente al topos común de la mal traducida, o al menos manifiestamente manipulada, frase sobre la justificación de los medios para alcanzar el fin. Si no se trae a colación en connubio con su obra “El príncipe”, se piensa que lo que podamos comentar sobre el florentino es incompleto, vacío, y no acorde a la verdad histórica. Llevados por aquello de lo “maquiavélico” de nuestro personaje, más producto de la proyección en otros de nuestra humana sustancia, mecanismo de defensa que nos alivia de nuestro propio ser, que de una realidad, descuidamos un aspecto fundamental de su trasegar histórico y de su ego en lo que se refiere a su conciencia social y, sobre todo, a su compromiso patriótico no solo con Florencia, sino con toda Italia. Nicolás Maquiavelo es ante nada, un patriota redomado, que busca los porqués de la colcha de retazos que es su coeva Italia y, las vías para que vuelva a ser el eje de la grandeza de la antigua Roma. Bajo el prisma de su patriotismo desarrollaremos este escrito.


En la estructuración de una personalidad y una mentalidad, juegan los factores de la psicología social y la conciencia social. La primera, es la forma de reaccionar o identificarse una sociedad ante un hecho que influye en sus valores, creencias, espiritualidad y costumbres, por ejemplo, la forma como reaccionarán ante la muerte de un ser querido un oriental, para quien la muerte es parte de la vida y lo comprende, y, un occidental, para el cual la vida lo es todo y no lo acepta tan conforme.


La conciencia social, en cambio, entraña vivencias compartidas y las empatías e identificaciones producidas entre aquellos que experimentan los altibajos de una misma condición de vida, alegrías, tristezas, bondades y privaciones. La conciencia social implica condiciones político-económicas, lucha de clases, monopolio de los bienes de producción, en fin, todos aquellos elementos que configuran la infra y la supra estructura social. Y también la Historia, producto del Hombre. Pero, sea por la riqueza del tema, lo complicado del momento histórico, o por lo extenso de lo a estudiar, el intento de lo holístico se pierde o al menos se reduce. Es el caso puntual de Maquiavelo. La reestructuración de Europa en sus naciones, lo cualitativo y cuantitativo de tantos personajes y, sobre todo, el cambio de mentalidad que conlleva el paso de la Edad media al Renacimiento, hacen del intento objeto de síntesis, puntualidades y especificaciones.


La formación de la nación italiana se remonta a dos sucesos originados en la repartición que hicieran los nietos de Carlomagno del Imperio de éste: El Juramento de Estrasburgo en 842, y el Tratado de Verdún en 843, derivado del primero. Por éste último, los tres nietos carolingios se dividieron el Imperio en la siguiente forma: Ludovico el Germánico obtuvo la región correspondiente a Germania; Carlos el Calvo recibió los territorios del oeste, o sea Francia, y Lotario, que recibió el título imperial, poseyó Italia y una vasta franja territorial que iba de los Alpes al Mar del Norte, dominios que recibieron el nombre de Lotaringia. Este último reino, compuesto por pueblos dispares (alemanes, italianos, flamencos y otros más) se atomizó pronto, y de sus restos se formaron las naciones de Italia, Suiza, Bélgica y Holanda.


Concretamente, entre la Edad media y la Edad Moderna, Italia se formó como nación a través de un extenso proceso histórico. Se intenta señalar como punto de partida las repúblicas comunales, las famosas Comunas (siglos XII y XIII) en lucha contra los emperadores alemanes, entre ellos el famoso Federico Barbarroja. Las comunas, saliendo vencedoras, se convirtieron en Señoríos (de Señor jefe de la Comuna), siendo en la práctica pequeñas monarquías absolutas y más tarde principados hereditarios, en luchas entre sí. Esos señoríos fueron dominados por familias poderosas como los Visconti y Sforza en Milán; los Médicis, que más adelante tendrían relación con Maquiavelo, en Florencia. Sin embargo, la intromisión extranjera como la de los franceses y aragoneses, complicaban la situación política y cualquier autonomía.


A fines del siglo XV, uno de los siglos de Maquiavelo, la mitad de la península estaba en manos de extranjeros, y la otra mitad dividida en ducados, principados, reinos, y los dominios pontificios.


Sin embargo, Italia había alcanzado un intenso desarrollo en el plano comercial y cultural, y a la cabeza de ese estado de cosas se encontraba Florencia, en la Toscana, patria de Maquiavelo y alma del Renacimiento. El asunto venía de lejos. Ya en el siglo XIV, Florencia ocupaba primera fila en las artes y cultura en general, basta recordar a Dante Alighieri y a Petrarca que anunciaban los nuevos tiempos del umanismo, preludio del Renacimiento y filosofía de éste. Igualmente prevalecían otros factores como el desarrollo del comercio de las repúblicas marítimas como Génova y Venecia; y desde luego, la actividad mercantil y de intercambio de milaneses y florentinos, sobresaliendo estos últimos en el desarrollo de la banca.


Todo esto desembocaría en el fenómeno del nuevo Modo de producción, el Capitalismo, que estaba desplazando poco a poco al milenario, estático y medieval Feudalismo, modo de producción éste que ya no respondía a las necesidades de las modernas sociedades y a las exigencias del intercambio.


Ubicándonos en el Modo de producción, o sea, la Infraestructura de aquellas sociedades, nos encontramos que el medio de producción que lo configura es el dinero, contante y sonante: el Capital, alrededor del cual giran los factores como son los trabajadores asalariados, la economía empresarial e iniciativa igual, los bancos, y la actividad naviera, tan importante como fundamento y origen de dicha riqueza.


Ejerce el monopolio de esos medios productivos una nueva clase, la burguesía ascendente, pujante, rica, fría y calculadora, consciente de su poder ante la desvencijada nobleza feudal, la cual cada vez más depende de ella para subsistir. A esa clase social de nuevo cuño, mirada con desdén pero, con temor por la nobleza feudal, pertenece Nicolás Maquiavelo. Esa conciencia de clase, igual que sus intereses, anidará en el pensamiento político del florentino, buscando garantías para ella, primero, en su búsqueda para desalojar a la nobleza del poder y, segundo, para ser objeto de su crítica por haber caído en la molicie y perder la virtú.


La búsqueda de la unidad de Italia, las concepciones de un gobierno republicano, el concepto de la autoridad fuerte, despiadada y violenta incluso, dominante de todos los medios y recursos para mantenerse en el poder obtenido éste, estará adobada por esa lucha de clases de la cual saldrá triunfante, según el pensamiento maquiavélico, el que sepa actuar como astuta zorra o violento león capaz de dar el zarpazo definitivo en el momento oportuno. (FIN I PARTE).


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