• Columna 7

LOS MÁRGENES DE LA ESPERANZA. ¿TODAVÍA ES POSIBLE CONFIAR EN LOS CAMBIOS PROMETIDOS POR PETRO?

Por: Álvaro Echeverri Uruburu.

Los estrategas políticos hablan de que “el gobierno del presidente Petro mantiene un importante margen de maniobra para navegar en las difíciles tempestades económicas que se avecinan” (César Caballero, periódico Portafolio, El Tiempo, 24 de octubre, página 22).


Preferiríamos hablar más bien de los márgenes de Esperanza que todavía es posible abrigar con respecto a los programas ofrecidos por Petro y su movimiento Político “El pacto histórico” y que fueron la respuesta al hastío y cansancio ciudadanos provocados por distintos gobiernos incapaces de sintonizarse con las grandes necesidades de las mayorías nacionales y, peor todavía, carcomidos por las más grande e impúdica corrupción de la reciente historia nacional.


Es evidente que la atmósfera de optimismo que despertó el triunfo de Petro y la acogida de su llamamiento a construir espacios de unidad para realizar las grandes reformas que el país demanda y que fueron aplazados “sine die”, se ha debilitado a lo largo de estos dos meses de su gobierno. A ello han contribuido factores internos atribuidos al Presidente y a su equipo y a otros, de tipo externo, ajenos a la voluntad gubernamental.


En cuanto a los primeros factores que han afectado la credibilidad del gobierno, estos tienen que ver con anuncios inopinados del Primer mandatario (intervención en la Comisión Reguladora de Servicios Públicos o el Impuesto a los llamados “capitales golondrina”) y su posterior retractación.


Gustavo Petro, durante su alcaldía de Bogotá, lo mismo que el expresidente Álvaro Uribe Vélez, inauguraron el cuestionable sistema de gobernar por medio de Tweets. que dejan liberada a la espontaneidad, la improvisación y a las emociones del gobernante las decisiones públicas.


A esta antigua costumbre del Presidente se han unido las declaraciones y anuncios de altos funcionarios, no sometidos a análisis suficientes y por fuera del consenso de las de los demás miembros del gabinete ministerial, que han terminado siendo desmentidos o precisados por el Ministro de Hacienda, convertido en árbitro supremo de las políticas económicas oficiales.


Porque, quiérase que no, es la política económica la que indefectiblemente marca las prioridades del gobierno, afectado por el factor externo de la crisis mundial que se ha venido agravando como consecuencia de los efectos residuales de la última pandemia, a los cuales se han añadido los ocasionados por la guerra Rusia-Ucrania que ha elevado los insumos de la producción agrícola global, aumentando los precios finales de los alimentos a niveles que hacía muchos años no se conocían.


La inflación interna desbordada, como consecuencia de la situación económica mundial, sumada al aumento del precio de la gasolina como efecto de la desfinanciación de más de 25 billones del Fondo de Estabilización-que subsidia el precio de los combustibles por debajo de los precios internacionales-, ameritaba que el propio Presidente se hubiera dirigido a la nación para informar a los ciudadanos del origen de estos problemas, que de manera directa vienen afectando los ingresos del ciudadano del común. Este, desinformado y engañado por los sectores de oposición, sin duda ha comenzado a creer que los problemas derivados de la carestía y el alza mensual en los precios de la gasolina, obedece a malas políticas gubernamentales.


En esta misma publicación, Columna 7, habíamos manifestado nuestra extrañeza con respecto a cómo un extraordinario comunicador, que ciertamente lo es el Presidente Petro, haya permitido que los factores señalados y generadores de inconformidad, se quedaran sin la necesaria explicación gubernamental sobre sus causas. Hoy más que nunca, cuando abundan los “fake news”, gobernar es comunicar.


Otra preocupación de la ciudadanía tiene que ver con la suspensión de los contratos futuros de explotación y exploración mineros y de hidrocarburos dentro de la política anunciada durante la campaña presidencial por Petro, de hacer lo más pronto posible el tránsito de energías fósiles contaminantes a energías limpias y renovables, como aporte concreto del país a la lucha contra el cambio climático mundial.


En este punto, pensamos que el gobierno tendrá que someterse al principio de realidad, esto es, el necesario ajuste de lo ideal, de lo que se ha querido a lo que la realidad permite.


Bajo este principio, no es realista que se siga insistiendo en la política de suspensión de la exploración de recursos energéticos como el Petróleo y el Carbón, en un contexto internacional de alza de sus precios y que entraría a proveer al Estado de ingresos fiscales considerables para poder aumentar el gasto social como es el propósito primordial del gobierno.


El principio de realidad indica, igualmente, que los aportes de Colombia a la contaminación por medio de las emisiones de CO2, es casi insignificante: Las exportaciones de petróleo del país, frente a otros productores mundiales es igualmente poco significativa. No ocurre lo mismo con el carbón, del cual somos el 5° productor mundial. Sobre este combustible habría que introducir, por tanto, una política diferencial, en el contexto de lograr la sustitución de fuentes energéticas contaminantes.


Como siempre ocurre, las Reformas Tributarias que proponen aumentar los impuestos a los más ricos, son objeto de una propaganda negativa y catastrofista que se centra en sostener que grabar estos sectores afectará el empleo, provocará una huida de capitales y en general, traerá toda suerte de desgracias. En este punto tampoco el gobierno de Petro ha tenido una comunicación eficaz, demostrando por ejemplo que el empleo en Colombia casi en un 50% corresponde a sectores independientes, situados en la informalidad, lo que popularmente se llama el rebusque. La mayor fuente de empleo formal la constituyen la pequeña y mediana empresa y el Estado. Ni el sector de la informalidad, ni las llamadas Pymes son tocadas por la reforma. La afectación tributaria ciertamente recaerá sobre la gran industria que genera mucho menos empleo que los otros dos sectores de la economía y que se ha visto beneficiada en el pasado con un sinnúmero de exenciones y gabelas fiscales innecesarias y costosas.

Lo cierto es que la Reforma Tributaria del gobierno Petro, con todas las enmiendas que seguramente se le seguirán haciendo, colocará al país a nivel del resto de las economías medias de América Latina, cuyo nivel de Tributación es de un 23% del PIB, cuando el de Colombia apenas es de un 19%.


No sobra destacar finalmente en contra de lo que siempre se ha pensado acerca de su personalidad, el Presidente Petro ha manifestado una permanente apertura al diálogo y aceptar ajustar sus proyectos de reforma a la realidad, como lo demostró con uno de los más empecinados opositores a su gobierno, el Presidente de Fedegan, José Félix Lafaurie, con el cual se logró un acuerdo, calificado como “brillante” por el ex ministro Rudolf Hommes, para la adquisición de tierras con destino a la Reforma Agraria integral. Igualmente aceptó eliminar de la Reforma Tributaria el impuesto inconstitucional a las pensiones y otros gravámenes menores.


La “real politik” que viene aplicando el presidente para sacar adelante sus reformas, tiene que ver, sin duda, con el hecho de que él sabe que, si bien ganó la Presidencia de la República con la más alta votación de la historia del país, contó con una mitad casi igual de votantes que lo hicieron en su contra. El problema que está por ver, es hasta donde los procesos de negociación y búsqueda de consensos, en los cuales se ha empeñado honestamente el gobierno, no afectarán el contenido y profundidad de las reformas que los electores del Pacto Histórico y, muchos otros sectores sociales, están esperando.

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