• Columna 7

LO QUE NOS ENSEÑA LA PANDEMIA

Por: Rafael Porto C.

Sobrevivir a la pandemia ha sido un acto de fe. Ahora bien y ¿qué es la fe? La fe podría entenderse como creencia, confianza o asentimiento de una persona en relación con algo o alguien, por tanto se manifiesta por encima de la necesidad de poseer evidencias que demuestren la verdad de aquello en lo que se cree. La palabra proviene del latín fides, que significa lealtad, fidelidad. Con el tiempo he aprendido que la fe es la certeza de lo que no se ve y la confianza de lo que se espera.

Para los que creemos en Dios toda nuestra confianza está puesta en en ÉL. Caminar de la mano del altísimo es como caminar de la mano de tu padre terrenal. ¿Quién cuando pequeño no confió en la mano de su padre (madre) al cruzar una calle? Es necesario comenzar a confiar en Dios, dejémonos guiar por su infinita misericordia y veremos que todo cambiará para bien. Conviene en épocas de incertidumbre alimentar el espíritu.

Curiosamente la fe se alimenta en la crisis, será porque los grandes espíritus se fortalecen en la adversidad. El amor no puede ser ajeno a la fe. El amor es el origen y motor de todas las cosas. Por amor nos levantamos día a día a buscar el pan. Por amor el poeta escribió. Si no somos capaces de sentir amor es como tener el alma castrada. El amor es un mandamiento divino, no temamos al amor, es necesario refugiarse en el amor para no enloquecer. Solo se vale enloquecer de amor.

Ahora bien, “la nueva normalidad” ha debido servir a los seres humanos para percatarse de las cosas que realmente importan en la vida. El confinamiento nos ha debido enseñar a unirnos espiritualmente y a acercarnos más a los seres que amamos. Para algunos el confinamiento sirvió para sacar adelante proyectos que teníamos en mente. Por ejemplo, en mi caso Columna7 –portal de opinión del cual soy creador y director– vio la luz en épocas del Covid-19. Sin la pandemia la idea se habría quedado en mi mente. En otros, el principio de solidaridad afloró en sus corazones.

La pandemia nos ha debido enseñar también a ser mejores personas y a sacar lo más excelente que habita en nuestros corazones. Si esto no fue así habremos perdido el tiempo, entonces sería mejor retroceder al 25 de marzo y volver a empezar. Por el contrario, si sacó lo mejor que hay en nuestro espíritu, habremos ganado la partida. La pregunta que debemos hacernos no es cuanto dinero perdimos, sino mas bien ¿cuánto bien hicimos? Y, si somos mejores personas que antes. Recuerden que esto aún no termina y todavía hay tiempo para retomar el camino del Bien, porque el hombre sensato debe procurar en cualquier tiempo buscar la felicidad, la sabiduría, el amor y la justicia.

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