• Columna 7

LE TOCA AL CONGRESO

Por: Alonso Amador. Twitter: @amadoral_


Si algo muy positivo e importante ha traído la emblemática sentencia C-055-22 de la Corte Constitucional, ha sido que el debate sobre el aborto se reinstaló en casi todos los rincones de la sociedad colombiana. Algo muy negativo: que el debate no ha sido argumentado en la mayoría de los casos, sino apasionado, moralista, o más bien doble-moralista.


Un tema que debería abordarse con el mayor deleite argumentativo se reduce a un enconado vaivén de meras opiniones y odios, una discusión que no busca solucionar el choque de derechos fundamentales, el verdadero problema, que existe entre los derechos de la gestante y los derechos de la criatura. Todo se reduce a decir si “estás a favor” o si “estás en contra”, para autoproclamarse de “pro-vida”, como si defender los derechos fundamentales de la mujer condenara a las personas de ser “pro-muerte”. ¡Absurdo!


Aunque algunos hablan de “legalización del aborto”, me parece que es un error en el sentido de que no hay ley que lo legalice hasta el momento, mas sí la hay que lo penaliza. Conceptualmente, el debate gira en torno a la despenalización hasta cierto tiempo y en determinados casos. Además, la Corte no ha declarado inexequible el artículo 122 del Código Penal, lo que significa que la Corte ha dejado intacto el aborto como delito cuando no se cumplen las condiciones establecidas en la sentencia C355-2006, y, ahora, cuando exceda las 24 semanas.

Tal desinformación es quizás la peña más grande que entorpece la discusión e impide llegar a acuerdos saludables para nuestra sociedad. Muchos, inclusive abogados y estudiosos del Derecho, criticaron y atacaron a la Corte y a los magistrados, que es gravísimo, sin siquiera leer el comunicado de la Corte en el que resume de manera excelsa los argumentos que fundamentaron la decisión.


Atacan a la Corte, pero no responden por qué ha sido la Corte la que ha tenido que decidir sobre el aborto. Pues resulta que quien tiene la obligación de regularlo es el Congreso de la República, pero nuestros congresistas, por temor a perder votos por decir públicamente que están de acuerdo con despenalizarlo, han evadido durante décadas el debate; y al tenor de un Estado absolutista, redujeron el aborto a 13 palabras en el Código Penal.


De modo que, como el Congreso no ha querido legislar sobre el aborto, por mandato de la Constitución la Corte ha tenido que intervenir, por solicitud ciudadana, para proteger derechos fundamentales de las mujeres gestantes en situación de aborto. La Corte tuvo que pronunciarse en el 2006, y en ese entonces invitó al Congreso a que lo regulara, ¿lo hizo? No. Curiosamente los “pro-vida” no atacan a los congresistas.


Ante la holgazanería legislativa del Congreso, casi veinte años después la Corte tuvo que intervenir nuevamente para despenalizarlo. Algunos dicen que la Corte exageró al despenalizarlo hasta la semana 24 de gestación, cierto o no, en Inglaterra, Gales, y Escocia el aborto está despenalizado desde 1967 hasta la semana 24, y en Canadá, un país que le gusta a muchos por estos tiempos, ni siquiera existe un límite de tiempo para abortar desde 1988 por decisión de la Corte Suprema.

Considero que la valerosa y avanzada decisión de la Corte saldó la deuda del Estado colombiano con los derechos fundamentales de las gestantes que se enfrentan a tan difícil y personal situación. Sin embargo, me uno a quienes creen que debería despenalizarse en menos tiempo de gestación, hasta la semana 12 podría ser una opción. En todo caso, habrá que debatirlo entre todos y convertirlo en ley de la República. Pero ahora le toca al Congreso.


Y desde luego que cada quien tiene derecho a acoger la posición que a bien tenga sobre la despenalización del aborto, pero a la par del derecho a opinar tenemos el deber cívico de informarnos para forjar una opinión responsable y pacífica. Esperemos que por fin el Congreso asuma su responsabilidad, promueva un amplio y razonado debate, y regule en sede civil el aborto.

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