• Columna 7

LA REVOLUCIÓN COPERNICANA DE UN HOMBRE CARIBE

Actualizado: jul 18

“Colombia fue otra después del 9 de abril de 1948; otra en el sentido de que se descarrilaron sus instituciones políticas sociales y hasta religiosas. Los gobiernos sucesivos han hablado mucho de desarrollo material. Poco de avances éticos y mucho menos de paz”.


Orlando Fals Borda.


Por: Álvaro Echeverri Uruburu.


Una “revolución copernicana” pueden resultar expresiones hiperbólicas para calificar la obra científica del barranquillero Orlando Fals Borda, pero éstas pueden parecer justificadas si se considera que su concepción de “investigación acción-participativa”, significó una ruptura radical con los métodos tradicionales de análisis en las Ciencias Sociales al punto de que los programas de pregrado de Sociología y Antropología de muchos facultades de estas disciplinas en el mundo incluyen una asignatura dedicada al estudio de la investigación acción-participativa.


No nos equivocamos al afirmar que Orlando Fals Borda es un personaje tan conocido en los ambientes académicos internacionales, cómo García Márquez lo es en la literatura universal.


Algún historiador samario ha sostenido que para comprender el Caribe colombiano es necesario acudir a las obras de Luis Eduardo Nieto Arteta, Germán Arciniegas y García Márquez. Pero, parece un olvido imperdonable no incluir los cuatro tomos de “La historia doble de la costa” de Fals Borda.


Desde la perspectiva de sus aportes a las ciencias sociales se ha sostenido, con sobrada razón, que si un hombre de la costa caribe colombiana, Luis Eduardo Nieto Arteta, ocupó con su trabajo intelectual un puesto protagónico en la primera mitad del siglo XX, otro personaje de la misma región, Orlando Fals Borda encabezó el papel principal en las Ciencias Sociales durante la segunda mitad del mismo siglo.


¿Quién fue Orlando Fals Borda?


Fals, se formó intelectualmente en el medio académico norteamericano. En varias universidades de Estados Unidos realizó estudios en lengua inglesa e historia y los de sociología como su campo de desempeño profesional.


Paradójicamente, Fals se empeñó intelectualmente en descolonizar los estudios sociales de los enfoques y métodos de las ciencias sociales de las metrópolis de Europa y Estados Unidos. Fals siempre consideró que las teorías y metodologías de estos, eran insuficientes para analizar y sobre todo, para transformar realidades tan heterogéneas y complejas como las existentes en Latinoamérica. Porque esto último fue obsesión permanente de Fals y la razón de ser de su actividad intelectual: poner sus investigaciones al servicio de la transformación y superación de las condiciones de pobreza y opresión de aquellas comunidades que eran objeto de dichas investigaciones.


Fals, se oponía a aquel tipo de investigaciones que se quedan en las estanterías de las bibliotecas de las universidades o que sólo sirven para ser presentadas en coloquios y seminarios académicos. Para él no existía ciencia verdadera si ésta no tenía capacidad transformadora de la realidad social.


Por este motivo, Fals Borda no consideraba incompatible la actividad investigativa con el activismo político. Rechazaba, por tanto, el concepto positivista y científista, del carácter objetivo e imparcial de las ciencias sociales. Por eso siempre estuvo comprometido con movimientos políticos identificados con los intereses de los sectores populares como su intervención con el Frente Unido del Pueblo creado por el padre Camilo Torres Restrepo. Participó en la Asamblea Nacional Constituyente del 91, en representación de la Alianza Democrática M-19 – antigua guerrilla que se había acogido al proceso de paz durante el gobierno de Virgilio Barco Vargas–. Como dirigente del frente político y social participó en la creación del Polo Democrático Alternativo, partido de izquierda del cual fue presidente honorario hasta su muerte en el 2008.


Su trayectoria investigativa se había iniciado con los primeros estudios sobre la situación de pobreza y abandono de los campesinos colombianos, en un momento en que se iniciaba una vez más, un debate sobre la necesidad de la reforma agraria en el país (“El Hombre y la Tierra”, 1955; “El hombre y la tierra en Boyacá” 1957).


En 1959, en compañía del padre Camilo Torres, que acababa de llegar al país después de graduarse en sociología en la universidad de Lovaina, fundan la primera facultad de esa disciplina en el país en la Universidad Nacional.


En 1962, se publicó uno de los primeros productos académicos de la joven facultad, la investigación sobre “La violencia en Colombia”, en la cual participan Fals Borda, monseñor Germán Guzmán Campos y el abogado Eduardo Umaña Luna.


La publicación de esta obra causó enorme conmoción y las más fuertes críticas del establecimiento político Nacional, desde el Congreso, los partidos tradicionales, liberal y conservador y los medios de prensa, en una época estrechamente vinculada a esos partidos.



En contra del discurso oficial del frente nacional– El pacto entre liberales y conservadores para poner fin a lo que se llamó “Guerra Civil no declarada”, mediante la distribución equitativa de los cargos del Estado entre ambos partidos– según el cual “la violencia de la década de los cincuenta del siglo pasado– considerada como dice el investigador francés Daniel Pécaut, una suerte de “fuerza metafísica” no tenía autores responsables o dónde “todos eran responsables”. Lo que permitía por tanto, extender a todos los posibles implicados perdón y olvido, el libro señalaba claramente a los responsables, los dirigentes de los dos partidos, apelando a las voces acalladas y olvidadas de las víctimas.


Otro de los acontecimientos notables de la vida de Fals, fue la fundación de la Revista “Alternativa” (1974-1980), en compañía de García Márquez y del periodista Enrique Santos Calderón– hijo de uno de los propietarios del Diario El Tiempo, el medio de comunicación entonces más influyente del país y cuya línea editorial era la defensa del orden establecido y de los gobiernos de coalición liberal-conservadora–. La Revista, por la seriedad de sus informes, el acento crítico de sus columnistas, su compromiso con las demandas populares y el empleo de un humor ácido y mordaz, cambio en Colombia la forma de hacer periodismo y sirvió de escuela a toda una generación de comunicadores sociales.


Nadie cómo Fals Borda ha comprendido el carácter diferencial del desarrollo regional del país. Ese conocimiento, lo condujo con Ernesto Ghul, el más reconocido geógrafo del país, a proponer un rediseño de la división territorial de la nación que tuviese en cuenta las características geográficas, económicas y culturales que permitiese conformar entidades territoriales más amplias que las actuales y cuya existencia se ha debido a intereses particulares de las élites locales y de las demandas electorales de las dirigencias políticas regionales.


Estas ideas sobre el tema regional, las defendió en la Asamblea Nacional Constituyente de 1991. Muy parcialmente estas fueron acogidas por dicha Asamblea e incorporadas en el texto Constitucional vigente. No obstante, el “síndrome” centralista de la antigua Constitución del 86, sigue gravitando en la cultura jurídica nacional.


Como hombre caribe Fals Borda no podía olvidar dentro de su actividad académica a ésta región y a ella dedicó muchas de sus investigaciones. Sobre todo, cabe destacar los cuatro tomos de su “Historia doble de la Costa”, en la cual rescató sus mitos, las historias desconocidas, las experiencias de las luchas populares y las costumbres ancestrales.


En el primer tomo, por ejemplo, se ocupó de la depresión momposina bajo el título de “Mompox y Loba”. En el segundo, sacó del olvido al único presidente negro que ha tenido el país, el General Juan José Nieto y que la historia oficial había borrado por su origen social humilde y el color de su piel. El tercer tomo recogió las luchas sociales libradas en las regiones entre los ríos San Jorge y el Sinú, bajo el título “La resistencia en el San Jorge”. En el último tomo, estudia la lucha por la tierra de los campesinos de la costa Caribe, que se tituló “El regreso a la Tierra”.


El carácter jovial y optimista propios del temperamento costeño– y que tuvimos el enorme agrado de conocer como compañeros suyos en la Asamblea Nacional Constituyente– le permitió a Fals profetizar, como lo estamos viendo actualmente con las movilizaciones de la juventud en contra de la corrupción y por un mejor país, que ésta, la juventud, está llamada a convertirse en la “anti élite”, que a diferencia de las distintasanti élites del pasado que fueron cooptadas por las élites dominantes (como lo analizó el propio Fals en una obra traducida a varios idiomas, “La subversión en Colombia”) no le ocurrirá lo mismo en la coyuntura presente caracterizada por la crisis más profunda que ha vivido Colombia en la época reciente.

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