• Columna 7

LA METAFÍSICA Y SU IMPORTANCIA PARA EL HOMBRE (PARTE I).

Actualizado: jul 17

“Todos los hombres tienen naturalmente el deseo de saber”.

Aristóteles.


Por: Rafael Porto C.


Origen de la metafísica.


Al parecer la historia no ha logrado llegar a un acuerdo en cuanto al origen de la palabra “metafísica”. La tradición admite que la palabra metafísica procede de Andrónico de Rodas, filósofo del siglo I antes de J. C., conocido por ser el compilador y ordenador de las obras de Aristóteles en la biblioteca de Alejandría, así como por ser el décimo sucesor de Aristóteles al frente del Liceo.


La obra de Aristóteles pasó por diversas vicisitudes hasta que cayó en manos de Andrónico de Rodas. Éste encontró una serie de escritos, que en realidad eran apuntes de clases del Estagirita, a los cuáles el mismo Aristóteles llamó “filosofía primera”, llamada en otras ocasiones “teología” o “sabiduría”. Andrónico de Rodas los ordenó siguiendo las letras del alfabeto griego en catorce libros; cabe destacar que éstos no forman un conjunto homogéneo.


Por su parte, el propio Jaeger, al proponer su clasificación de las obras aristotélicas, afirmaba: “Es absolutamente inadmisible, tratar los elementos combinados en el Corpus Metaphysicum como si constituyesen una unidad, y tomar para fines de comparación el término medio arrojado, digámoslo así, por estos materiales enteramente heterogéneos”. Este grupo o colección de escritos –en rollos de papiro–, que trataban sobre el alma y la personalidad que Aristóteles dejó sin título, fueron colocados para su edición detrás de los ocho libros de Física. Y así, los estudiosos que los solicitaban, tenían que referirse a ellos como “los que están después de los libros de física” (argumento locativo). De aquí el nombre de “metafísica”: ta metá tá physicá, es decir, “los que están detrás de la Física”, o también, “las cosas que están detrás de las cosas físicas”.


En sus orígenes, esta denominación, tuvo una función organizativa o clasificatoria de la obra de Aristóteles. Más tarde se comprobó, que era un nombre acertado, pues esos tratados de “filosofía primera” pretenden constituirse en un saber de algo que está “más allá” o “detrás” del saber meramente “físico”, o simplemente más allá de la “física”. Pero, si esto es así, entonces “la metafísica” es un saber que comenzó mucho antes de Andrónico de Rodas e incluso antes de Aristóteles: su origen histórico coincide con la aparición de la filosofía. Posteriormente se ha dado a la palabra metafísica un sentido trascendente que puede obedecer a que se le compara con la “teología”, como se había mencionado anteriormente, pero finalmente la palabra metafísica tiene un alcance posterior y superior a todas las demás obras Aristotélicas, su intención es superar lo físico, trascender las apariencias, alcanzar lo que los sentidos no logran, en últimas es encontrar la respuesta sobre la existencia.


Por otra parte, de acuerdo al estudio de la obra de Aristóteles, podríamos referirnos a “la metafísica”, como la ciencia que para nosotros viene después de la física, dado el orden en que adquirimos nuestros conocimientos, esto es que la metafísica es una ciencia posterior a la física porque sólo puede aquella entenderse (la metafísica) tras haber entendido ésta (la física). La causa última de todas las cosas, la pregunta por el Ser ocupa gran parte del pensamiento y la obra de Aristóteles. A este discurso filosófico, que hoy conocemos como metafísica, él lo llamó “filosofía primera” o “ciencia suprema”, porque se ocupa de los primeros principios, de las causas supremas. Y por eso precisamente la equipara a la teología, porque, según veremos, a fin de cuentas, para el Estagirita el primer principio, la causa suprema, es Dios.


El objetivo de la metafísica


Desde que Aristóteles determinó el objeto de la “filosofía primera” y desde que se usó, el término “metafísica” como equivalente a “filosofía primera” se han suscitado muchos problemas. Uno de ellos, es el del objeto propio de la metafísica. En el propio Aristóteles hay una vacilación que va a determinar muchas de las discusiones posteriores al respecto. Por un lado, lo que llama “filosofía primera” o la “metafísica”, al ocuparse del ser como ser, de sus determinaciones, principios, etc. Se ocupa de “algo” que es, desde luego, superior, y hasta supremo, en el orden de “lo que es” y en el orden también de su conocimiento. Pero este “ser superior o supremo” puede entenderse de dos modos: o como estudio formal de lo que luego se llamarán “formalidades”, en cuyo caso la metafísica será lo que se llamará luego “ontología”, o bien como estudio de la substancia separada e inmóvil (el primer motor, Dios), en cuyo caso será, como Aristóteles la llama, “filosofía teológica”, es decir teología.


Muchos escolásticos medievales consideraron que la metafísica es “la ciencia primera” y “la filosofía primera”: la metaphysica es una disertación de ente, sobre el ente. Santo Tomás escribió que la filosofía primera –prima philosophia–, es “la ciencia de la verdad, no de cualquier verdad, sino de aquella verdad que es el origen de toda verdad, es decir, que pertenece al primer principio por el cual todas las cosas son. La verdad que pertenece a tal principio es, evidentemente, la fuente de toda verdad”. La filosofía primera, en cuanto que considera las causas primeras, tiene como objeto de estudio tales causas, si bien la causa primera real es Dios. La metafísica trata del ser, el cuál es “convertible” con la verdad, pero siendo Dios la fuente de toda verdad, Dios es el objeto de la metafísica.

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