• Columna 7

LA ECONOMÍA SAMARIA EN CUIDADOS INTENSIVOS

Por: Iván David Correa Acosta.


En esta segunda entrega del Especial que he bautizado: “La Economía Samaria muere lentamente”, hablaré acerca del microorganismo enemigo que ha destruido de manera lapidaria y contundente la ya incipiente economía samaria. Este pequeño bicho que tanto daño le ha hecho al país y al mundo en general, no solo se ha llevado por delante miles de vidas, sino también la economía de las ciudades y en general, el motor económico mundial y Santa Marta no ha escapado a los embates de esta pandemia que ha puesto al sistema de salud en aprietos, además de que ha revelado la enorme dependencia de la economía samaria hacia el turismo, una dependencia que en estos tiempos se ha vuelto notoria.


La pandemia del coronavirus ha revelado una situación que Santa Marta ha venido teniendo desde años atrás y que cada vez se agrava más: Las empresas de la ciudad se van y la empresa local no repone la mano de obra que queda en situación de desempleo, un desconcierto que viene sucediendo desde décadas atrás, pero que debido al ritmo de crecimiento actual de la ciudad, a niveles dimensionalmente desmedidos en los últimos años, sumado a la inmigración venezolana han creado una sobreoferta laboral en la ciudad que la empresa samaria no puede cubrir. Así mismo, la pandemia del coronavirus ha desnudado esta realidad y a la vez otra a la vez totalmente demoledora: Esta sobreoferta de mano de obra local y extranjera termina en las ventas callejeras, en la informalidad laboral, e inclusive trabajando en diferentes comercios por sumas irrisorias de dinero, proliferando la realidad samaria por todos lados, la realidad de que a falta de empleo formal, muchos tienen que llevar el pan a su hogar ya sea arrastrando una carretilla durante horas bajo el infernal sol vendiendo frutas y verduras o invadiendo el espacio público en la Quinta Avenida. Una realidad que nos clama a gritos mejores condiciones laborales pero que en lugar de ello, la ignoramos y la pisoteamos con frecuencia.


Toda esta informalidad laboral es la que más se ha visto afectada por la pandemia, las cuarentenas y las restricciones les arrebatan lo que más quieren en estos tiempos: Tener dinero para su subsistencia y no solamente la de ellos, la de su familia, la de sus hijos, hermanos que ven mermados sus ingresos por cuenta de la crisis que azota a la ciudad y que no es nueva, pero que nuestros gobernantes han desoído por años, la pandemia más que acabar con los empleos, ha revelado la difícil situación que nuestra Perla vive y que los mismos samarios ya aceptan como si la realidad por más denigrante que sea, debe ser aceptada.


Los entes gubernamentales deberían adoptar medidas especiales para que las restricciones no golpeen tanto a la maltrecha economía samaria, que no golpeen a un boxeador que yace en la lona desde tiempo atrás, así como también construir un centro comercial donde todos estos comerciantes informales de la Quinta Avenida puedan asentarse, así como capacitaciones para que estas personas puedan formalizarse laboralmente y mejorar sus condiciones. Sin embargo, en lugar de eso, lo que hace la autoridad es despojarlos de sus pertenencias y atentar contra ellos en plenos tiempos pandémicos sin lugar a medidas sociales eficaces que sean para su beneficio. Los atropellos a los comerciantes, a las personas víctimas de la mala gestión gubernamental y de la sordera política de quienes pueden cambiar su situación no soluciona nada, tratar a estas personas como cucarachas que deben ser pisoteadas no es la solución, el remedio a esta enorme enfermedad radica en una unión sincrónica entre el Gobierno distrital y la empresa privada encaminada en generar empleos, en dinamizar la economía local, así como en formalizar a esos que quieren ganarse su salario diario de forma legal.


El coronavirus hará estragos durante un período prolongado y lo que se necesita es a las entidades públicas y privadas más activas que nunca en beneficio de la población trabajadora, en beneficio de los restaurantes, de los bares, de los sitios de diversión, de las ventas informales, del comercio en general. La política de esta sinergia entre las entidades públicas y la empresa privada debe ser en formalización laboral, descuentos y prórrogas en el régimen tributario, así como iniciativas que le den impulso a una economía que ya hace tiempo se encontraba en el hospital y el COVID- 19 se encargó de llevarla a la Unidad de Cuidados Intensivos. La Alcaldía y los inversionistas tienen la última palabra, tienen la batuta, úsenla sabiamente.

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