• Columna 7

LA CRIMINOLOGÍA MEDIÁTICA (PARTE I)

Por: Cristian Morelli E.


Desde tiempos remotos en los grupos sociales han existido los delitos, pasando por los tiempos primitivos, la época de la venganza privada o el reinado de Hammurabi, el factor delictual ha mutado, como sucede con la familia, los prejuicios sociales y la expectativa de vida del ser humano. La criminología se ha convertido en la compañera permanente o cónyuge si se quiere del derecho penal, el componente mediático en cierta manera vendría a ser la suegra chismosa encargada de divulgar, opinar y juzgar sobre la cuestión criminal, necesaria pero exagerada y con desaciertos mayormente. En nuestro país noto una singular fascinación por la connotación de show en que se tornan algunos procesos penales, se culpan diariamente jueces, abogados e incluso funcionarios ajenos a la administración de justicia por actuaciones intrínsecas a la legalidad y solemnidad que reviste un proceso penal, aspectos que pueden entender quienes medianamente saben del tema, pero allí está la suegra chismosa con sus funciones, en la mayoría de casos desinformando al ciudadano de a pie sobre el sistema judicial.


Hay una creencia errada sobre la omnipotencia del Estado, común es culpar a gobiernos por cada líder social asesinado, a jueces por cada absolución o libertad decretada o tildar de abogado del diablo a aquel profesional del derecho que presta un servicio que materializa un derecho constitucional internacionalmente reconocido. En este orden de ideas la criminología mediática pretende a través de su componente mágico, un mundo de fantasías y de arcoíris que a la postre no existe.


Los efectos secundarios de la criminología mediática


Común es vislumbrar los titulares airados, acompañados de cifras alegando la tan abominada impunidad, entre ellos están: “jueces dejan libres a sindicados por hurto”, “se necesita urgentemente una reforma integral a la justicia”, “la corrupción del sistema judicial es exorbitante en nuestro país”, “hacinamiento carcelario supera 300% en cárceles nacionales”. Si bien ante esta última estamos ante una forma atípica de prevención general negativa, con la finalidad de causar temor a los ciudadanos para así prevenir el delito, aquel que es propenso a cometer delitos optara por creer estar eventualmente cobijado por la reinante impunidad alegada por la prensa y demás.


Por otro lado los grandes criminales han sido engrandecidos por la criminología mediática de cierta forma, mostrar las excentricidades de los grandes mafiosos por mencionar un ejemplo ha ocasionado un boom de fascinación entre jóvenes quienes por su naturaleza psicológica y vanidosa resultan más propensos a este desacierto mediático que termina en series y grandes películas taquilleras. Glorificar indirectamente el crimen es un aspecto que debe reconsiderarse.


El maestro E. Zaffaroni advierte que la criminología mediática se vale del mismo medio que el político actual necesita: la televisión. El tele político indudablemente queda preso de su papel; adherido a las exigencias de su símil, como la sanción de leyes ineficaces, la aprobación de la pena de muerte, construir más cárceles etc. Los políticos se ciegan en su papel, elegirse, seguir el discurso amañado y repetido es su constante, no sabiendo que más valioso que un triunfo electoral lo es la identidad


Detener la criminología mediática es complicado, esta tan arraigada como la raíz al árbol, su carácter represivo es difícil de contener por los mismos intereses que ella cobija. Sensato sería estimular la destinación de recursos públicos para la investigación de campo a manos de profesionales aptos, estos serían los criminólogos. De todos los falsos discursos se aprovecha el poder, los Estados o los regímenes autoritarios, claro está que en la mayoría de casos, crean las condiciones para que así sea, en este sentido, se infla la legislación penal y se materializa un indeseable Derecho Penal máximo. Pero, claramente, juega en ello, un trascendental y fundamental aporte la comunicación e información poco profesional y científica, la que sirve solo para vender y crear ganancias a los empresarios dueños de los medios de comunicación, sin importar las consecuencias de ello.

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