• Columna 7

LA BELLEZA AYER, HOY Y POR SIEMPRE

Por: Esperanza Niño Izquierdo.


“La verdadera obra de arte sigue desplegándose y creándose dentro de la personalidad del observador, es una continua recreación”.


Mervyn Levy.


En la antigüedad los hombres encontraron el sentido de la belleza plasmando sus primitivas ideas en las cuevas que habitaron, mediante usos rupestres que les ofrecía la naturaleza, tales como los vegetales, la sangre y los minerales con que grabaron todo lo que encontraron en su entorno como bisontes, mamuts, fieras etc. y sus armas lanzas, arcos y flechas, hasta llegar a la pintura dactilar a manera de pictografía.


Subsisten hasta nuestro Siglo XXI muchas de ellas, encontradas años atrás, como las muy representativas pintadas en las Cuevas de Altamira, denominada la “Capilla Sixtina rupestre”. La cornisa Cantábrica en Santander- Santillana del mar en España, o aquellas descubiertas en Lascoux, Francia.


El período Paleolítico nos ha revelado el culto que estos primeros pobladores tuvieron con la fertilidad esculpiendo la primera Venus conocida en Europa como la Venus de Willendorf descubierta en Austria. Se cree que fue creada entre 30,000 y 25,000 a.C, de extrema belleza femenina en gestación.


Por su parte el arte egipcio buscaba perpetuar la naturaleza utilizando las matemáticas y la geometría con extraordinaria precisión. Materias que utilizaron para establecer los cánones considerados imprescindibles para alcanzar el más alto sentido de la belleza en la escultura, la arquitectura, la pintura, demostrando una clara idea de recrear en perfección la naturaleza (formas fitomorfas) y acercar el hombre a sus dioses que era su cultura, el “summum” de la perfección (funciones apotropaicas del arte).


Los griegos atravesaron tres períodos en el arte según la clasificación hecha por el arqueólogo e historiador del arte, el alemán Johann Joachim Winckelman: arte arcaico; el clasicismo y el helenístico (época de Alejandro Magno).


En cada período mencionado desde el arcaico que denotaba una clara influencia egipcia, hasta llegar al clasicismo y al helenismo, en todos ellos se imponía inequívocamente el concepto de la belleza, una belleza, serena en paz y armonía, tanto en arquitectura como en la pintura y la escultura.


Por su parte la poesía y la escultura griegas expresaron el sentido interior de los seres humanos conduciendo al arte por el gran sendero de la perfección natural, idealizando la belleza del hombre, tanto así que el mismo Winkelmann afirmaba que, “la única manera de llegar a ser grandes, si es posible, es con la imitación de los griegos”.


El arte Romano heredero del griego, destacó el canon de belleza a partir de la cultura helenística. Aunque la belleza se asoció a la apariencia, al cuidado, al decoro, llevando el arte arquitectónico más allá del arte griego gracias al desarrollo de las edificaciones circulares y las hermosas cúpulas cilíndricas que como la del Panteón en Roma, hoy embelesados podemos apreciar.


Dejaremos el Renacimiento para sólo decir que éste cambió el concepto teocéntrico del arte en todas sus manifestaciones, desarrollado en la Edad Media, por la mimesis y por el antropocentrismo; el hombre como centro del universo y del pensamiento, sin olvidar por supuesto el ideal de Dios pero humanizado, como el famoso “culo” de Dios en el acto de creación pintado por Miguel Angel en la capilla Sixtina. El arte del Renacimiento fue una constante búsqueda y encuentro con la belleza en todas sus expresiones trátese de la literatura, la poesía, la arquitectura o la pintura.


Los posteriores desarrollos de las Bellas Artes (clasificadas en 7), se pueden definir siempre como las manifestaciones del hombre en su indagación por encontrar el sentido de lo simple, lo armónico, lo estético o simplemente lo bello y así transmitirlo en sus diferentes formas artísticas, se tratara del color, la forma, el espacio, el volumen. La idea era ir a su encuentro así se requiriera romper con lo clásico y formalmente aceptado.


Ulteriores movimientos artísticos en Occidente y desde hace un largo periodo, nos han enfrentado al cambio sustancial, en la estética, en un mundo ajeno al concepto de belleza a su idea primigenia, original, permanente y perenne con la que los hombres se expresaron durante siglos. Ese arte que no desaparece, que admiramos por su trascendencia, ha sido ensombrecido por una moda, un gusto momentáneo que fácilmente cae en el olvido y es reemplazado por otro sin dejar huella. Por eso nos vemos obligados a volver sobre aquel arte, a sus obras pictóricas, sus melodías, su literatura, el cine, la poesía para aprender de ellas y crecer con ese alimento espiritual y el conocimiento cultural que a pesar de todas las vicisitudes permanece en el tiempo.


Con las vanguardias artísticas del siglo XX, el surrealismo por ejemplo o el hiperrealismo, dieron cabida a una nueva concepción de la estética de lo feo “como modelo de belleza” por considerarla una fuerza contestataria de denuncia social, que perturbaba y se oponía al estereotipo de lo clásico y correcto.


En ese abismo cayeron muchas, por no decir todas, las expresiones artísticas y la moda también. Recuérdese a Twiggy, la modelo inglesa que exaltaba la anorexia femenina como un estereotipo nuevo de belleza. El maquillaje “Bete Noir” que sigue la australiana Poppy King su creadora, que siendo sombrío y feo, una propuesta disruptiva, expresaba paradójicamente que “todos tenemos un lado oscuro y cuando lo asumimos podemos transformarlo en algo hermoso”.


La pregunta que debemos hacernos es ¿por qué se imponen estas formas de expresión que exaltan el horror, lo feo, lo desagradable?


Recordemos que allá por los años 80s y 90s, la moda que se impuso en el vestir estaba inspirada en lugares frecuentados por indigentes, llegando a imponer la modalidad de los pantalones para hombres y mujeres rotos, con remiendos hechos en máquinas industriales, camisas desteñidas, tenis con apariencia de viejos, cabelleras despeinadas y estrafalarios. Todo ello a precios desproporcionados que pagaban gustosos los esnobistas o ricos de todo el mundo, para sentirse vestidos como mendigos pero luciendo prendas de las marcas más cotizadas y costosas del mercado.


¿Por qué una banana pegada a una pared con cinta adhesiva que se pudrirá en pocos días, se vendió en miles de dólares en el Art Basel Miami?. Para el galerista, Emmanuel Perrotin el artista, tiene la virtud de “convertir los objetos mundanos en vehículos tanto de deleite como de crítica”.


Ahora bien, los avances tecnológicos también han sido utilizados para desarticular grotescamente las obras de arte pictórica y escultórica clásicas. Mediante su aplicación han logrado los expertos en estas técnicas desarticular y convertir en 3D las obras de Miguel Ángel, de Leonardo Da Vinci, de Rubens o de Caravaggio para enunciar algunos, sacándolos de sus marcos, impostando imágenes alusivas a vicios ordinarios o utilizando objetos modernos o descubriendo poses e imágenes impensadas para ellos. Ejemplo de estas grotescas transformaciones se pueden observar en una la Mona Lisa y su magnífico “esfumato” transformada mediante photoshop con un cigarrillo prendido en la boca; un David de Miguel Ángel que muestra una cuchara saliendo de su boca; vírgenes reconocidas por sus hermosas expresiones, convertidas en figuras femeninas eróticas que nada tienen que ver con la original belleza con que fueron concebidas en su época e incomparables con el surrealismo del Bosco, o de Brueghel, incluso, del mismo Dalí.


De otro lado, es conocido por todos que la música, a través de los tiempos ha ejercido enorme influencia en la sociedad; que impacta la formación cultural de un pueblo o de una nación. Las expresiones como himnos o cantos masivos exaltan los valores nacionales o también influyen directamente en la población para incitar cambios o procesos políticos, sociales y culturales. Aristóteles afirmaba que “la música imita directamente las pasiones o los estados del alma”, por ello la música tiene el poder de penetrar los sentidos y exacerbar o reafirmar en los seres humanos los estados de ánimo. Ella puede inclinar la balanza emocional hacia la depresión cuando se escuchan melodías tristes o, por el contrario, traer recuerdos románticos o levantar el ánimo y la alegría elevando el espíritu, según sea el caso. También se descubrió como la música –“el efecto Mozart”–, por ejemplo en bebés desde su gestación incide en el proceso cognitivo y en el desarrollo emocional y prepara la mente positivamente.


En este campo de la música, también la contracultura de lo feo antiestético, ha penetrado con ritmos descompuestos y malamente llamados musicales como el reggaetón y la degradada champeta, acompañados de videos promocionales que manifiestan una enorme pobreza melódica.


Ritmos y sonidos estos que distorsionan el sentido del amor, degradan el mundo maravilloso del sexo y del auténtico erotismo para transgredirlo, convirtiéndolo en frases sueltas, colmadas de los más bajos instintos, exaltando lo vulgar, lo agresivo, lo explícito, es decir, la parte más oscura y perturbadora del machismo que convierte a la mujer en un objeto mercantil desechable. Aunque más perturbador aún en estas épocas resulta escuchar a algunas mujeres interpretando letras de tan empobrecido y obsceno lenguaje. Causa pesar constatar que es el mismo sexo femenino el que también lo degrada, ¡so pretexto de hacer reggaeton femenino!


Todo ello nos lleva a repensar y evaluar el fenómeno que está ocurriendo en nuestro país con la difusión sin control e irresponsable de ritmos como éste al que nos hemos referido, convertidos en expresiones degradantes, distorsionadoras, violentas, incitadoras a los vicios convirtiéndose en instrumento de transformación o malformación de valores generadores de diversos tipos de conductas indeseables especialmente para los jóvenes y qué decir para la población infantil que sin restricción alguna, como lo hemos constatado en las noticias, escuchan y bailan como los adultos. En qué queda, entonces, el respeto a la mujer, la devoción, por el amor, el valor de la solidaridad, de la amistad si con estas expresiones se pierde todo valor, no hay fronteras ni límites éticos o morales que indiquen si las conductas que perciben son apropiadas. Es población en desarrollo, en formación y la externalidad de esos comportamientos llegan en un momento en el cual aún no existen criterios para determinar lo correcto o lo incorrecto.


Nos queda entonces alejarnos para siempre y ojalá con mucho otros de nuestros semejantes de estas expresiones subculturales, egoístas, egocéntricas y vulgares que solo convocan al “Yoismo”: mis gustos, mis necesidades, mis placeres. Ante ello, el arte guarda silencio, solo llenarse y satisfacerse, perdemos belleza, abandonando el significado de la vida, ahogándonos con ideas superficiales. Debemos entonces volver a la lectura profunda, a la buena música, a la contemplación de la naturaleza, a la poesía. Volver a esculpir el mundo para tratarlo como nuestro hogar, Así, “algo cambiará en nuestras vidas y en nuestra relación con los otros”, tal como lo expresa Marisela de la Toba, pintora mexicana.


¡Volver auténticamente a lo bello, hoy y siempre!

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