• Columna 7

LA BANDERA DESDE LA ACADEMIA

Actualizado: jul 17

“La juventud ilustrada, es quien ha obrado y seguirá obrando milagros en todo cuanto tenga relación al adelanto y progreso de la humanidad”.


Ulises Espaillat.


Por: Andrea Castaño.


El panorama de Colombia en estos momentos flota entre la desolación y la esperanza. Los estudiantes hemos salido a las calles para mostrarle a los dirigentes y al mundo que el pueblo no es ciego, que el país cuenta con diversas problemáticas, no solo económicas, sino sociales, pero sobretodo a demostrar que el espíritu crítico que brinda la universidad es quien desaprueba las medidas y propone soluciones, rechazando todo tipo de violencia y actos vandálicos que deslegitiman los mensajes.


Pero, ¿qué es la universidad? El término tiene su origen en la expresión latina universitas magistrorum et scholarium, que significa comunidad de académicos y estudiantes.


Fue en 1088 cuando en el mundo occidental se empieza a hablar de la primera universidad, la de Bolonia, de la cual se oye nombrar figuras destacadas como Dante Alighieri, Petrarca, Thomas Becket, Erasmo de Rotterdam, Copernico, Marconi o Umberto Eco.


A pesar de haber nacido en la edad media con influencias claramente religiosas, la necesidad de la educación y el carácter universal de la que está dotada, a través del tiempo se fue secularizando, sin embargo, hoy en día son muchas las universidades que mantienen pilares religiosos dentro de las instituciones.


La universidad fue creada para instruir, para enseñar, para dotar sobretodo a los jóvenes de conocimiento y de criterios para poder transmitir un mensaje a la comunidad, he ahí su importancia, la vanguardia.


Jóvenes como Robespierre o Alexander Hamilton cambiaron el rumbo de la historia, la revolución de terciopelo del 17 de noviembre de 1989 en Checoslovaquia liderada por estudiantes logró reformar la Constitución para permitir elecciones democráticas y los primeros movimientos por la igualdad y no discriminación de la raza negra en Estados Unidos liderados por estudiantes donde luego tomó renombre Martin Luther King, son ejemplos de como la juventud ha afrontado su papel.


En Colombia, ¿No es la marcha del triunfo por allá en 1964 una victoria para la representación y el liderazgo estudiantil? ¿O es que no está demostrado por allá en un 11 de marzo de 1990 que los movimientos estudiantiles son el origen de cambios necesarios? ¿No es la Carta Magna una conquista juvenil?


Para mí lo es, porque día a día nuestros maestros nos llaman a preguntarnos, a debatir, a crear nuevas ideas y a mirar las situaciones desde un punto de vista diferente, y claro, juvenil, porque este es el espacio para llenarnos de conocimiento, pero también de dudas, siempre le digo a mis conocidos ¡hay que dudar!


La pandemia del COVID-19 dejó ver claramente las grietas de la institucionalidad en Colombia, los derroches estatales como los 20.022 millones en contratos de publicidad para el gobierno actual, las 23 camionetas blindadas para el esquema de protección (estrenadas en pandemia), las 18 tanquetas por 12.000 millones de pesos en tiempos de cuarentena (debemos también mencionar que estamos en un proceso de paz), hacen notar la falta de control de los gastos.


Y, es que mientras un congresista gana 34.417.000 con un porcentaje de crecimiento actual de 5.12%, un asalariado por el mínimo gana $908.526 con un porcentaje de crecimiento del 3,5%. La gente sufriendo por comida mientras el gobierno y los representantes se la pasan de estrene en estrene llevándose por delante el principio de priorización del gasto público social.


Entonces, al ver esto ¿cómo pretenden que no critiquemos esta situación? no solo la academia sino toda la ciudadanía se pregunta: ¿Por qué tanta desigualdad? ¿El gobierno ha actuado eficazmente? ¿Por qué el proceso de vacunación ha sido tan lento en comparación con otros países? ¿La gente sí recibe las ayudas respectivas? Como cereza en el pastel, Carrasquilla presenta el proyecto de ley de reforma tributaria más descabellado jamás visto.


Soy universitaria y al igual que mis compañeros encuentro la necesidad de manifestarnos porque estamos cansados de ver los abusos del gobierno, de la corrupción en las tres ramas del poder, del hambre, de la violencia y de las injusticias. Los estudiantes siempre hemos sido objeto de burla o de admiración, pero vemos la problemática desde un enfoque lleno de esperanza y sin ella nunca habríamos sentido la necesidad de día a día regar la planta llamada Colombia.


Tristemente, jóvenes como Nicolás Guerrero, Cristian Alexis Moncayo Machado, Pol Stiven Sevillano Perea y Yarli Parra Banguera, entre otros, víctimas de esta situación no podrán ver los resultados de una lucha que en sus principios es pacífica y constante, que será consciente y honrará sus nombres porque este pueblo no olvida.


Creo que esta es la oportunidad de entender que desde la academia siempre se dan los mejores espacios para el debate argumentativo, la crítica y la objetividad, el ensayo y el error y sobretodo la hermandad.


Debemos dejar de adormecernos por las redes sociales y empezar a vivir la realidad, de conectarnos para informarnos de la manera más objetiva posible y hablar con argumentos porque somos una generación pensante.


Por otra parte, el próximo 12 de mayo el gobierno, a través del alto comisionado para la Paz, Miguel Ceballos, se reunirá con los líderes estudiantiles del país y hablarán sobre los temas de vacunación masiva, reactivación segura y desarrollo social (empleo , emprendimiento, pymes, comunidades étnicas y campesinas), no violencia, protección de los más vulnerables, estabilización de las Finanzas Públicas y matrícula cero (Fondo de Solidaridad Educativa), porque es importante que se escuchen a los estudiantes, quienes hacen una crítica social desde lo que aprendemos a través de la carrera y que vamos considerando la mejor respuesta a una problemática.


Propongo, por último, que, así como muchas veces la Corte Constitucional hace llamado a distintos grupos, universidades y gremios a opinar sobre un caso en concreto, lo haga el Congreso y el gobierno al tomar una decisión, considero que los estudiantes llevamos la bandera mejor que nadie porque en nuestro desarrollo siempre iremos pensando en el futuro, sobre todo en uno que satisfaga esa naturaleza social que acompaña al ser humano desde su nacimiento.


Un grupo estudiantil que sea permanente, constante y represente los intereses no solo de nosotros, sino de la población en general, que haga un control a las brechas de las divisiones políticas, que genere cambio y nuevas ópticas y que le recuerde todos los días a nuestros dirigentes que la juventud es y siempre será el motor de una nación. Es hora de que la universidad en Colombia deje el miedo a pronunciarse, debemos ser valientes para afrontar los problemas que nos ha dejado tantos años de guerra ¡Y ALZAR LA BANDERA DESDE LA ACADEMIA!

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