• Columna 7

LA ABOLICIÓN DE LA ESCLAVITUD

Actualizado: ago 27

Por: Rafael Porto C.


De acuerdo con Tirado (1976):


La esclavitud tuvo lugar principalmente en el Oriente, Grecia y Roma y se nutrió de los vencidos en las guerras. Pero, ante todo, fue un fenómeno típicamente económico, más que político, religioso o étnico. […] En América, España, pretextando proteger a los indios de su extinción, importó mano de obra esclava africana para los trabajos de minería, en menor escala labores de agricultura, en especial los cultivos de caña, de azúcar, algodón y cacao, y la explotación de maderas. […] A partir del siglo XVII, la esclavitud fue básica en la producción minera, y de oro y plata, en la ganadería y en los trapiches productores de azúcar, miel y panela. En el siglo XVIII, la explotación del oro involucró, además, mano de obra independiente. Los esclavos fueron utilizados también como bogas, para la navegación en el río Magdalena.


Como es de conocimiento, la situación de los esclavos fue extremadamente cruel; por tal razón, muchos prefirieron la muerte de no lograr la fuga a los palenques o sitios alejados del control dominante. Tales esclavos fugitivos fueron denominados “cimarrones”.


El desarrollo del peonaje o del trabajo asalariado independiente, junto con el elevado precio de los esclavos, fue minando la base de la esclavitud, pues los esclavistas vieron en peligro sus cuantiosas inversiones.


En el siglo XIX, el interés de comerciantes y artesanos en ampliar sus mercados motivó la acción política tendiente a la liquidación de la esclavitud. Con el pago de salarios se abrió la oportunidad a los peones de ser dueños de su fuerza de trabajo, esto es, de tener la libertad de escogencia del tipo de labor o una mejor remuneración posible.


De acuerdo a lo anterior, Sarmiento (2019) expone que:


Se sumó el interés de las potencias colonialistas –principalmente Inglaterra– que veían en el trabajo esclavista una amenaza a su producción de caña de azúcar y algodón en las Antillas. Tales intereses se encubrieron bajo apariencias de altruismo humanista, pro abolicionista. Sin embargo, cabe destacar que Inglaterra, desde 1808, venía propugnando la manumisión, aduciendo criterios humanistas impulsados ​​por núcleos de importantes y numerosos sectores de opinión.


En la Nueva Granada, a petición del gobierno de Antioquia, donde la esclavitud se había hecho antieconómica por la competencia de los trabajadores independientes, el Congreso de Cúcuta de 1821 dictó la Ley de libertad de partos que resolvía, a medias, el problema del esclavismo. Sin embargo, no lo resolvía sino lo difería de manera parcial, cuyo principal impulsor fue José Félix de Restrepo.


Luego, en el año de 1851, como parte de las reformas anticoloniales, la esclavitud fue abolida por la Ley del 21 de mayo. En ese momento había en la Nueva Granada 16.468 esclavos frente a un total de población que, según el censo oficial de 1851, representaba el 3.78% de su total.


La determinación legal de abolir la esclavitud fue cercana en el tiempo, a la Constitución de 1853, la cual fue inspirada en las corrientes ideológicas de 1848. Esta Carta tuvo una notable influencia que se proyectó sobre el nuevo régimen constitucional que consagró explícitamente su abolición definitiva.


Pues bien, ante la libertad de los esclavos, hubo negreros y terratenientes que, antes de la expedición de la ley y conocedores de su proximidad, y luego de ella, buscaron el traslado de sus esclavos a países vecinos en donde aún no había sido decretada la abolición con el fin de venderlos allí. Dicha conducta se mantuvo por un tiempo, luego de la promulgación de la ley, mediante la práctica del contrabando.


Guzmán (1956), se refiere al respecto en los siguientes términos:


No dejó de estipularse en la ley el problema del pago de indemnizaciones, y el de los negros llevados al Perú. El primer punto se solucionó por medio de bonos o vales, para cuyo servicio se destinaron diversas rentas [...]. Sobre el segundo asunto se verificaron gestiones ante el gobierno peruano para repatriar a los otros por venta que hizo Don Julio Arboleda de muchos de sus esclavos de las haciendas de La Bolsa, Japio y Calibío. El gobierno pagó la repatriación, y así se reintegraron [...].


Debe reconocérsele al Congreso de Cúcuta que su primer decreto, sancionado antes de ser promulgada la nueva Carta, fuera de la ley de manumisión que, básicamente era una ley de libertad de vientres. En el mismo sentido la ley antioqueña de 1814, a partir del cual fue diseñada, la nueva legislación determinaba que todos los recién nacidos de madres esclavas libres al alcanzar una edad específica (18 años); de manera que, la disposición entró a reforzar el efecto de la guerra como factor de aceleración en la abolición de la esclavitud.


Finalmente, Bushnell (2009) dice que:


Las potencias europeas tenían claro que la libertad de los esclavos no era viable sin una indemnización. […] Si el comercio era un problema de las potencias, la indemnización era una cuestión de defensa del colonialismo, pues los amos utilizaban el chantaje de la separación si se atentaba contra sus bienes.


La necesidad de liberar a los negros estaba atada a experiencias políticas vividas por sociedades esclavistas a fines del siglo XVIII y comienzos del siglo XIX. La revolución de independencia de los Estados Unidos en 1776 había llevado a la nación americana a decretar en 1780 una prohibición del tráfico de esclavos. […] La permanencia de la esclavitud era vista con preocupación, pues la insurrección de los esclavos era una opción que podía dar al traste con las economías de plantación. En general, puede decirse que fue la insurrección y la guerra las que forzaron a las fuerzas políticas y económicas de Occidente a buscar mecanismos para abolir definitivamente la esclavitud.

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