• Columna 7

INCERTIDUMBRES, SERENIDADES Y BÁLSAMOS

Actualizado: jul 17

Por: Esperanza Niño Izquierdo.


La felicidad es interior, no exterior; por lo tanto, no depende de lo que tenemos, sino de lo que somos”.

Henry Van Dyke.


Se preguntaba Pablo Neruda en un hermoso poema sobre la existencia del hombre ¿Cuánto vive? ¿Por cuánto muere el hombre? ¿Que quiere decir para siempre?


Estas cuestiones nos obligan a adentrarnos en la profundidad de los espíritus y de las almas de los seres humanos para buscar, si las hay, algunas respuestas. Navegando en el mar de la filosofía para así poder comprender las preguntas y aproximarnos a su entendimiento. Se pregunta el gran Vate sobre la finitud de la existencia, la infinitud del tiempo, la infinitud de la muerte.


Debemos entonces profundizar en el concepto de “existir” y los más legible en la filosofía, puede ser la definición que encontraron los “existencialistas”: Existencialismo significa el modo del ser, de la persona humana. La existencia es el núcleo del “Yo”. Gracias a este, no es simplemente un individuo por separado, ni como algo universal, sino como un ser concreto incomparable y único.


Al tener resuelto de algún modo el concepto del Ser, podremos entonces volver a las preguntas iniciales que desde el sol de los tiempos se vienen haciendo los hombres de antes, los de antes de ellos, los de hoy y que de alguna manera encontramos respuesta en una estela sideral de esperanza en la poesía del muy prolífico filósofo latino Horacio, que en su momento escribió en verso la respuesta a estos interrogantes en su poema conocido como: ¡“Carpe Diem”:


No pretendas saber, pues no está permitido, el fin que a ti y a mi, Leucónoe nos tienen asignados los dioses, ni consultes los números Babilónicos. Mejor será aceptar lo que venga, ya sean muchos los inviernos que Júpiter te conceda, o sea éste el último, el que ahora hace que el mar Tirreno rompa contra los opuestos escollos. Sé prudente, filtra el vino y adapta al breve espacio de tu vida una esperanza larga. Mientras hablamos, huye el tiempo envidioso. Aprovecha el día, Captúralo. No te fíes del incierto mañana.


No es dable a los hombres hacerse estas preguntas decía: no se puede importunar a los dioses con preguntas necias, mejor es resignarse a lo que este predestinado a cada uno y vivir cada momento. “Se prudente /y reduce las largas esperanzas/al espacio breve de la existencia/aprovecha el día /no confíes en el mañana, porque del mañana no disponemos.


Aquí entonces tenemos una insondable respuesta sobre el tiempo que hemos de vivir y de la eternidad de las almas. “Vive el día”. Lo demás no lo sabemos. Sin embargo este poema centra sus reflexiones en la muerte, pues nos dice lo inútil que resulta preguntarnos que hay después de la muerte /reduce las largas esperanzas al espacio breve de la existencia. En él dura más la muerte. O cómo Neruda cuando se pregunta ¿Cuánto tiempo muere el hombre? Carpe diem, es una respuesta serena sobre el tiempo que hemos de vivir y sobre la eternidad de las almas. Vive el día, el momento. ¡Lo demás no lo sabemos!


Si aceptamos la profundidad reflexiva de Horacio, vale entonces comenzar a trazar ese “vive el dia” de suerte que nuestro paso por este corto espacio/tiempo que es la vida ese “existir” debe ir más allá de simplemente vivir. Es hacernos trascendentales, pero no dentro la concepción cristiana, que nos indica la condición de no estar ligado al mundo material finito, sino por contrario ligados al mundo inmaterial infinito, como una condición divina y eterna. No. Por el contrario, trascendentes como individuos, como una personalidad concreta, incomparable, única, que trasciende saliendo a la vida, produciendo cambios, ejecutando transformaciones. Es decir, ocupando un espacio/tiempo en el mundo, frente a los otros.


Para trascender a nosotros mismos estamos obligados a buscar formas de vivir. La finalidad de vivir en felicidad. Felicidad Hedonista racional, creativa, plena en su concepción contemporánea, tal como lo sostiene la escritora y sexóloga francesa Valera Tasso: “Procura hallar un modo de vivir la sociedad actual de una manera jubilosa, que considera las pasiones como aliadas del cuerpo y no como enemigas y que privilegia el instante por encima del devenir”.


Por tanto, la existencia debe estar colmada de elementos sustanciales que alimentan al ser, al ser interior, ese que busca incansablemente bienestar. Un bienestar creativo, simple, humano. Como nos enseñaba Edgar Allan Poe al referirse a las cuatro condiciones más elementales a las que debe recurrir el hombre en su búsqueda de la felicidad: Vida al aire libre; El amor de una mujer; El desapego de toda ambición y la más grande y trascendental condición de felicidad. “Crear una belleza nueva”.


Bien, la condición de vivir al aire libre, es clara ; El amor de una mujer : no podría pensarse en su época , menos en la que lo antecedió y tampoco mucho después, que fuera diferente. A quien se le ocurriría que la mujer fuera “algo más” que receptora de amor al que estaba predestinada y predispuesta indefectible. Pero aceptemos entonces, que hablaba del amor en abstracto.


El punto nudal de la trascendencia humana, sin necesidad de buscar imposibles, o inventos dignos del nobel. Se trata de encontrar, buceando en nuestro existir en nuestro sistema más intimo interior, ese algo, ese don, esa fuerza, esa música, ese poema, ese tejido, esa pintura, esa receta única, esa escultura en barro, en yeso, en madera, la creación literaria, la virtual. Las posibilidades son ilimitadas. Hoy la modernidad tecnológica permite indagar hasta el infinito las múltiples formas para adelantar cualquier actividad creativa que nos propongamos.


En todos los seres humanos subyace un espíritu que es mucho más de lo que creemos, de lo que conocemos de nosotros mismos. Hemos venido acumulando un sinnúmero de experiencias, sensaciones físicas en nuestro trasegar emocional que se encuentra en las profundidades de nuestro ser, y no sabemos siquiera dimensionarlas. Son ellas esas experiencias y sensaciones lo somos hoy, son las herramientas con las que nos relacionamos con los otros, con la vida en general. Estas vivencias que nos habitan ejercen gran poder en nuestra psiquis y se reflejan en el otro. Y ni hablar del inconsciente colectivo que llevamos como un tesoro, que nos condiciona sin determinar nuestra formación como un ser particular, único, concreto.


Estas vivencias y experiencia interiores conforman ese gran océano que permite, relacionarse y amar de manera sin igual. En ese “Jardín monumental” donde cohabitan todas las especies de manera armónica pero diversa. “El Jardín” así se llamó la escuela Epicúrea de ese buscador de la felicidad, alguna razón cósmica tuvo que partir de allí.


Somos entonces únicos, con capacidad de procesar nuestra información que abunda en el mar interior, la que sin lugar a dudas, sí nos proponemos saldrá a brillar con luz sinigual e irrepetible, como un tesoro encriptado de creatividad que puede erigir “una belleza nueva”. Todo ello, nos dará la sensación de serenidad, de felicidad mientras logramos que perdure, que nos trascienda, mientras permanezca en la finitud de nuestra existencia. Dicha “belleza nueva” será un bálsamo en este zoo-humano en el que nos tocó vivir. ¡“Carpe diem”!

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