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HOY LES DECIMOS NARCOTRAFICANTES, MAÑANA LES DIREMOS EMPRESARIOS

Por: Ariel Quiroga Vides. Abogado.


Hoy en Colombia es penalizado todo lo que tenga que ver con la fabricación, porte, transporte y venta de cocaína y marihuana, y si seguimos en esta irracionalidad legislativa, hasta se penalizará el simple pensamiento en alguna droga prohibida por el ordenamiento nacional, sin embargo, ¿el prohibicionismo tiene sentido? ¿por qué perseguimos al narcotraficante? ¿Por qué lo vinculamos per se con la violencia? ¿Por qué el Estado se tiene que meter en algo que es una decisión personal de quien la consume?

Este corto artículo es un humilde intento para desmitificar una verdad que nos han vendido durante décadas y que hoy sigue sin tener sentido.

Empecemos a señalar sin tapujos que el rey está desnudo. El tabaco y los cigarrillos en un inicio fueron de consumo libre hasta para los niños, pero posteriormente prohibido para toda la sociedad, esto generó que el contrabando de tabaco y las conductas propias de las actividades clandestinas hicieran de las suyas, lo mismo pasó con el alcohol, con las loterías, y hasta con la Chicha, pues después del bogotazo el ex ministro de higiene Jorge Bejarano se empeñó en prohibirla, pues pensaba que los desmanes ocurridos el 9 de abril de 1948, era por los efectos embriagantes de la chicha, una vaina hecha con maíz. Se imaginan si hoy la droga más atractiva para los gringos no fuera la cocaína sino el maíz, seguramente estaríamos en guerra contra los carteles de la mazorca.


1. Libertad Individual. Hay que entender que lo que una persona se fume, se inyecte o aspire es su decisión, hace parte del núcleo esencial del libre desarrollo de la personalidad, y mientras ese consumo no lo lleve a trasgredir los derechos de otros, pues en nada el Estado debe inmiscuirse, y si la persona se convierte en adicta, pues ella debe acudir a la red de salud privada o pública para sanarse, así como hacen los alcohólicos en A.A. Lo más absurdo del asunto, es que en Colombia se permite la dosis personal de marihuana y cocaína, pero se persigue a quien la fabrica, la vende o la transporta. “Sicodelias del Derecho”.


2. La violencia asociada. Colombia según el libro “Conexión Colombia” del investigador Eduardo Sáenz Rouner, está inmersa en actividades de narcotráfico desde la década de los 30, por lo menos es lo que él pudo documentar, y explica tanto en su libro como en entrevista con el periódico “El Tiempo” del 4 de junio de 2004, que el narcotráfico necesariamente no significa violencia, pues en otros países con organizaciones dedicadas a esta actividad no se presentan actos recurrentes de violencia, y menciona como ejemplos a China y Chile, pero en otros como México y Colombia, si es común la violencia, dejando entrever que el narcotráfico encarna violencia, (valga la redundancia) dependiendo de la propensión que tiene determinada sociedad a estos comportamientos. Como dato curioso, tenemos que la ola de violencia que vivió el sur de la Florida entre grupos dedicados al narcotráfico, la protagonizaron bandas conformadas por colombianos, quienes se mataban con otros colombianos, no con organizaciones de otras nacionalidades. El problema es el ser, no la sustancia.


El Dr. César Páez docente investigador de la Escuela de Relaciones Internacionales de FIGRI (Finanzas, Gobierno y Relaciones Internacionales) de la Universidad Externado de Colombia, expuso en un artículo de fecha 19 de abril de 2021 titulado Las drogas en Colombia, un problema que va mucho más allá de la seguridad, que realmente este fenómeno sobrepasa el debate de la política de seguridad y que ya es hora de poner el tema sobre la mesa, pues hoy día, seguir por el camino del prohibicionismo a ultranza es innecesario y poco beneficioso, pues la renta tributaria podría verse muy enriquecida si se regula el negocio, sobre todo, porque está demostrado que la guerra contra las drogas se perdió, hoy hay más hectáreas sembradas, más rutas, más grupos armados, cero miedo a la extradición y más consumidores, pero pocos programas de rehabilitación para quienes caen en adicción.

En definitiva, creo que la violencia no es un factor esencial del negocio del tráfico de drogas, sino uno accidental que se desarrolló especialmente en Colombia por la inclinación de nuestra sociedad a la violencia, pues lamentablemente considero que podemos matarnos hasta por una ruta de algodón de azúcar, ahí, el factor tolerancia y educación es crucial; seguidamente, una espiral de actos psicodélicos tanto del Estado como de actores armados, propició el paradigma de que el narcotráfico atenta contra la seguridad pública, téngase en cuenta las locuras del Cartel de Medellín, del Cartel de Cali y de las herederas de esas estructuras. Posteriormente, lo lucrativo del negocio fue un anzuelo para las organizaciones armadas de tinte político, lo que hizo que el Narcotráfico pasara a ser un enemigo público, pues su actividad se miró con los ojos de la ideología política y del Derecho Penal del Enemigo, de ahí que se acuñara la expresión “narco-terrorista”, y además, súmele que Estados Unidos casi que nos obliga a asumir su lucha puritana contra las drogas como si fuera nuestra, cuando ellos de frente tienen más de ocho estados donde la marihuana recreativa es legal y están facturando en renta pública millones de dólares, pero aquí, los pendejos morenitos, seguimos matándonos y pagando condenas, además de dejar escapar miles de millones en impuestos.

3. Las organizaciones. Hay un fenómeno que se está volviendo recurrente en Colombia, hoy los grandes carteles parece destinados a morir por la vía policial y militar, sino que se han creado miles de grupitos de personas de clase media, con buen nivel educativo que de forma microscópica se han introducido en el negocio, no asesinan a nadie, no extorsionan, no secuestran, no ponen bombas y no tumban aviones, y vienen realizando esa labor paralela a sus verdaderas profesiones, esto quiere decir, que no ven la violencia como un factor a utilizar, solo observan el elemento lucrativo.


En lo que tienen que ver con las grandes organizaciones, creo que es necesario que aprovechen la línea liberal del nuevo gobierno, y que renuncien a todo acto delictivo como el homicidio, la extorsión, la intimidación y el secuestro, pues si bien el narcotráfico soporta un debate filosófico y político sobre su existencia como delito, con los otros comportamientos es irracional el solo hecho de plantear la discusión.


Como dice un amigo periodista, no me digan Nostradamus, cuando en unos años en el paquete de Marlboro vengan cigarrillos con marihuana, y se tenga que realizar la inscripción como exportador para sacar la cocaína legalmente al exterior. Hoy les decimos criminales, a los que en el mañana le llamaremos empresarios, y ojo, serán las grandes farmacéuticas de hoy las principales competidoras de nuestros productores de cocaína en el mañana.


Sinceramente ¿las reflexiones anteriores, no los hacen sentir como estúpidos? Tantos muertos y sufrimientos para terminar aceptando lo inevitable. Convertimos un negocio muy lucrativo en un enemigo absurdo.


Consejo para las grandes organizaciones dedicadas al narcotráfico. Se abre un periodo de transición en la discusión global y nacional, aprovechen el espacio de la academia y el foro público, pero serán creíbles y validados sus argumentos si renuncian primero a los actos que si son verdaderos delitos…

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