• Columna 7

HISTORIA DE AMOR

Actualizado: jul 19

Por: Rosember Rivadeneira Bermúdez.


Hoy despiertas asombrada por lo rápido que ha transcurrido el tiempo.


Te sitúas frente al espejo para contemplarte.


Saludas a las nuevas líneas de expresión que se han instalado en tu rostro por tanto llorar y reír.


Acaricias a las hermosas hebras blancas de cabello que adornan a tu humanidad.


Hay menos cabello para presumir de tu palacio material, pero más amor, experiencia y sabiduría para endulzar el alma.


Algo de tu piel cruje. Líneas y huequitos te recuerdan lo efímera que es la juventud.


Te embarga una extraña confusión. El recuerdo del pasado, las aventuras de la niñez, las amigas de la infancia.


Parece que fue ayer que, al igual que nuestra hija, conversabas con las muñecas, creyendo en la existencia de un mundo de fantasía.


Ahora eres tú quien recibes el sincero abrazo, observas la lágrima que recorre el rostro y escuchas el clamor que brota de la inocente voz de tus hijos diciendo que no quieren verte envejecer.


La historia de amor se repite en ese deseo de eternidad que los hijos proyectamos para nuestros padres.


Lloras en silencio. Lo sé.


Prontamente te repones al sentir la calidez de mi abrazo.


También sonríes al recordar la promesa de amor que mi alma le hizo a la tuya en el altar celestial, en ese majestuoso tabernáculo en el que no existe el tiempo ni el espacio y en el que la muerte es una simple fantasía de los cuerpos terrenales.


Hoy que cumples años, Dios le agrega más leña a mi corazón para conservar encendida la hoguera de nuestro amor.


Viejos y torpes. Quizás tú, tal vez yo, no lo sé.


No sé quién le servirá el agua a quién, quien bañará a quién, o a quién le corresponda cerrarle los ojos al otro primero. No lo sé.


Lo único que tengo presente es que te amo.


Al abrir mis brazos, en mi pecho encontrarás el mejor de los regalos. Cuídalo.


Feliz cumpleaños, amada mía.

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