• Columna 7

EXPLOTACIÓN Y CHANTAJE A LOS CONTRATISTAS Y TRABAJADORES DE FUERZA CIUDADANA

Por: Ariel Quiroga Vides.


“Para Santa Marta y el Magdalena este es un intento para sacudirnos, para otros departamentos es una advertencia de lo que puede llegar”.


De mis clases de filosofía del Derecho, que las recibía de un profesor brillante de Bogotá de nombre si mal no recuerdo Andrés Bula, se me quedaron varios conceptos que no he borrado de mi mente, solo por alardear les diré que de el aprendí la definición de amor desde la antropología filosófica: “amor es apetito racional sobre objeto conocido por el entendimiento útil para la realización personal”, fin del momento del ego.


También aprendí que una es la verdad moral, que es aquella que no se coloca en duda ante la sociedad, pero que no tiene el reconocimiento del estamento judicial a través de una sentencia (aún o simplemente que yo no la conozco) y otra es la verdad procesal, que puede no ser verdad moralmente, pero logra ratificar una visión de los hechos ante el trámite judicial.


Aquí hablaremos de una verdad moral, de esa que la sociedad no coloca en duda y que las mayorías se atreven a afirmar como un dogma, y es la siguiente: a los trabajadores y contratistas de fuerza ciudadana se les explota, se les chantajea.


Llevamos 11 años gobernados gracias a Dios por los que sacaron a los de antes, a esos políticos tradicionales y casi diabólicos que no lograron solucionar los problemas de seguridad, desempleo y acceso al agua potable; gracias al cielo llevamos gobernados por los de ahora 11 años, quienes son nuevos con 11 años gobernando.


En esos 11 años el nivel de presión y chantaje al personal de trabajadores y contratistas de FC ha ido en aumento, el adiestramiento de las bodegas en redes sociales es cuasi canino, pero, el acompañamiento a marchas y mítines ha descendido por el natural filtro del tiempo, que solo deja en sus chupaderas de sol, a quienes tienen un interés económico directo (Orden de Prestación de servicios-Contrato-Nombramiento) y aparta a quien no lo logra, o simplemente se aburrió de un discurso repetitivo y exageradamente soviético.


No hay que negar que todos tenemos un amigo, un conocido o varios que trabajan en las filas del movimiento, a quienes por asuntos de modas históricas del fanatismo llamaremos los camisas naranjas (Camisas pardas-camisas negras etc.) y en nuestra calidad de amigos o conocidos escuchamos sus quejas y desconsuelos, que jamás deben salir a la luz pública, pues eso significa el fin definitivo de sus ingresos.


Recuerdo a una gran amiga con especialización a bordo y mucha experiencia en el litigio, quien pensó que ganándose cuatro millones de pesos mensuales le iba mejor, entró a trabajar para los camisas naranjas, y su decepción personal escalaba cuando me llamaba y me decía, que le daba una vergüenza estar a las once del día repartiendo volantes y recogiendo firmas en la avenida 22, que ella no estaba para eso, que para eso no había estudiado siete años, al decirle que entonces se fuera, me respondió; acaso eres m#$%&/, si me voy me sacan y allá hay una manada de lambones que sapean todo.


En otra ocasión, me burlé de un amigo que en sus redes publicaba todo sobre los camisas naranjas, y le dije; yo también apoyo el proceso, pero a ti te siento como un fanático, este amigo me disparó, la diferencia mi hermano es que si no lo hago, me quedo sin la papa, y acá hay mucho sapo.


En otro momento, hablaba con una amiga que me decía que estaba aburrida de que la estuvieran obligando a publicar cuanta bobada y pelea se le ocurre a Caicedo, y que tenia que ir todos los días a sentarse en esa entidad. A esta persona le pregunté, que porqué lo hacía, si su contrato era de prestación de servicios y no estaba obligada a cumplir horarios, a lo que ella me respondió; “manito, cuidado no voy todos los días, cuidado no me quedo hasta tarde, cuidado no corro para cuanta vaina se les ocurre” y me explicó que dentro de las cortes caicedistas lo que impera es el canibalismo entre sus miembros.


En aquellos tiempos en que las coincidencias eran mas que las contradicciones, recuerdo que un mando medio (muy medio) me dijo que debía ir a respaldar una manifestación frente a la Asamblea departamental, y obviamente no le gustó, cuando le respondí; yo no estoy para hacerle bulto a nadie, soy bueno en ser abogado, si me necesitan para cosas importantes me dicen, sino déjenme en mi oficina”.


En otra ocasión a otro le respondí, si algún día me contratan, no esperen que esté publicando cuanta guevonada se les ocurra, porque no lo haré. Creo que no le gustó, y sinceramente a mi tampoco me importó.


Pero historias como esas están a miles en Santa Marta y me imagino que también empiezan a escucharse en los pueblos del departamento, es una verdad a voces, una declaración de incoherencia ideológica, que lo único que alimenta es el poder de los que están arriba, quienes ya hacen parte de las élites económicas, con la gran diferencia, que ellos no tienen una actividad comercial o empresarial que respalde tal crecimiento monetario. Tal vez la defensa acérrima a favor de los trabajadores es al estilo del modelo chino, es decir, de tener a miles en fábricas mal pagas (entidades), sobre explotados y dispuestos a ir a cuanta demostración militar (política) para tomarle la foto a una montonera monocromática.


Estamos en un punto crucial donde las camisas naranjas han perdido respaldo popular, y eso es verificable con la apariencia artificial de sus demostraciones de masas, alimentadas por puros contratistas obligados a llenar la foto para la estrategia de marketing, pigmentadas de puros esfuerzos para impostar la voz y escenificar fuerza en el discurso, puro uso religioso de un manual de Joseph Goebbels. Es ahora cuando debe surgir una opción viable, una que nos hable más de resultados que de discursos.


Pero no nos olvidemos del papel central de esta columna, que son nuestros amigos y conocidos que trabajan para los camisas naranjas, esos que en el fondo están hasta la coronilla de tener que asumir actividades y actitudes estúpidas para cuidar la papa. A ellos les digo, cuando se decidan a colocar fin a la violación a sus derechos de libertad de expresión y libre desarrollo de la personalidad, en mis oficinas los espero.


No es hora de desacreditar todo, porque hay aspectos positivos, pero tampoco es hora de tragarnos todo, y no estoy dispuesto a tragarme el sendero de nepotismo, corrupción y tiranía, que los camisas naranjas y su líder nos están imponiendo, ojalá otros departamentos coloquen más resistencia.


Recomiendo leer mis columnas El Rey está desnudo, y el mal ejemplo del socialismo (publicadas en varios medios) y las columnas del Dr. Rosember Rivadeneira Pobres contratistas y empleados del cambio y Carta a Caicedo y alerta al Magdalena (Publicadas en Columna 7).

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