• Columna 7

¿EXISTE LITERATURA MASCULINA O SIMPLEMENTE EXISTE LITERATURA?

Actualizado: sep 20

Por: Esperanza Niño Izquierdo.


La pregunta que encabeza este artículo no es ni mucho menos original pero encierra una realidad que las mujeres padecieron en el pasado y que en alguna forma continúa vigente.


Un ejemplo del desconocimiento de la literatura producida por mujeres lo constituyó la invitación realizada por Francia al encuentro de Literatura Colombiana que se llevó a cabo en 2017. El Ministerio de Cultura escogió a 12 hombres de letras, pero no se incluyó el nombre de ninguna escritora colombiana. Este hecho motivó un manifiesto suscrito por más de 60 escritoras colombianas que organizaron un grupo virtual, para garantizar que se las tuvieran en cuenta. Otro caso fue el llamado “Encuentro Bogotá, 39” que reunió las “promesas de la literatura latinoamericana”, que tampoco contó con ninguna escritora nacional. A nivel internacional un reflejo de la invisibilización de las mujeres literatas, ha sido sin duda el que el Premio Novel de Literatura ha sido concedido tan solo a 15 mujeres a lo largo de la existencia de este reconocimiento desde 1901.


Tan vigente es la discusión sobre la realidad de las mujeres en el mundo literario que nos lleva a revisar ya no al pasado reciente de este fenómeno, sino la historia desde los tiempos en que Colombia se inventaba como República.


Es allí donde encontramos de inmediato el vacío de las literatas, pues solo la historia da cuenta de los escritores, dejando ver que el comportamiento y desarrollo de esta actividad ha sido eminentemente masculina.


Se explica claramente este fenómeno por una diáfana razón, la literatura como muchas artes, es el reflejo de una sociedad, de una época de un cambio histórico.


Esta, no fue ajena a las concepciones que establecieron las diferencias de género basadas en una pretendida “Ley natural”, que reducía a la mujer a un “elemento” destinado a la procreación y a los quehaceres domésticos, coincidiendo con el concepto Darwinista de considerar por parte de los hombres a la mujer cuya “juventud y belleza, ponen de manifiesto claras señales de su capacidad reproductiva”. Sustentada esta idea en que “los hombres y las mujeres pertenecían a ordenes naturalmente distintos y que la confusión de sexos constituía una amenaza para ambos manteniéndose vigente durante épocas…” Como lo afirma Stefan Bollmann, al analizar la participación de la mujer en el mundo literario, enfrenta la disyuntiva de procrear o dedicarse a escribir, “en caso de optar por la segunda opción, esta actitud hubiese sido tomada contra natura”. Concepción que alcanzó a llegar hasta comienzos del siglo XX.


A pesar de las limitaciones y prohibiciones manifiestas contra la mujer para ejercer su derecho a escribir, surgen tanto en Europa como en Latinoamérica, un buen número de escritoras que en un ambiente de desigualdad han logrado ganar un espacio en el medio cultural, en muchas ocasiones confundidas como acompañantes de algún personaje masculino o, en el peor de los casos, como sus amantes.


Estas mujeres, llenas de espíritu libertario, deseosas de dar a conocer sus escritos literarios, se vieron obligadas a utilizar seudónimos masculinos para introducirse en el medio literario y de esta manera que sus obras fueran publicadas.


Ha debido pasar mucho tiempo, para que se diluyera en el ambiente social el viejo axioma de “aut liberi aut libri” (niños o libros), que alude únicamente a la mujer procreadora y doméstica, el mítico “ángel de la casa” que aplicaba en el código moral burgués. Por el contrario, aquel apotegma se cambió por el “et liberi et libri” (niños y libros), gracias a estas mujeres que con sus dotes, pasión y espíritu creativo, fueron capaces de realizarse en la atmósfera hostil de su tiempo, regida por un coservadurismo opresor. Dicho sea de paso, que este pensamiento ideológico, abarcaba toda la escena política y cultural en cualquier parte de la geografía europea, inglesa y americana.


Mujeres como George Sand, (Amantine Lucile Dupin) novelista y periodista francesa, no solo tuvo la idea de publicar sus obras bajo este seudónimo masculino, sino que se atrevía a usar prendas de vestir de hombre, “queriendo significar que únicamente poniéndose en el sitio del hombre, ocuparían su puesto –la mujer alcanzaría la culminación de sus derechos y posibilidades, se autorrealizaría–” (Luis Antonio de Villena).


Otra mujer que logra “salir” de la “sala de estar” de sus hogares, espacio único y colectivo para toda la familia; fue Jane Austen (1775-1817), que escribiría a hurtadillas su novela más célebre, “Orgullo y Prejuicio”, escondiendo los manuscritos, interrumpiendo cada vez su labor para que nadie se enterara de su pecado irrefrenable de escribir. No obstante sus incomodidades, logra con su narrativa profunda, interpretar de forma reflexiva la vida de los seres que habitan en la sociedad de su época. Sin pretender adentrarse en el alma humana de los protagonistas, pero sí de explicar su conducta dentro de esta comunidad excluyente en la que viven. Dar a conocer las reglas absurdas de la herencia, que obligaban a las mujeres a contraer matrimonios convenientes para subsistir adecuadamente, puesto que las mujeres no tenían derechos herenciales.


Virginia Wolff (1842-1941), al referirse a su antecesora la Austen, sostenía que para lograr una verdadera escritura se requeriría de un conocimiento amplio del mundo en que se vive y de manera enfática afirmaba que la mujer escritora, debía poseer una “Habitación propia”, tal como tituló uno de sus libros, significando con ello la independencia de su concepción más amplia, económica, social, de autoestima y de conocimientos. Manifiesta que si: “Jane Austen, hubiese vivido solo unos años más, habría salido de la oscuridad en que la que vivía, habría ido a Londres y habría recogido un tesoro de observaciones…habría sin duda inventado un método cada vez mejor adaptado a la complejidad de la naturaleza humana…”


Para concluir, volviendo a nuestro país es necesario rescatar la producción literaria de las mujeres que se destacaron en el campo de la literatura con la novela, la poesía, la prosa y el periodismo. Y que mejor exponente del arte literario, que Soledad Acosta de Samper. (1833-1913), quien por su posición social tuvo oportunidad de asistir a tertulias literarias y acceder a la inmensa biblioteca de su padre, donde pudo conocer la literatura universal. Por su privilegiada posición social, asistió a reuniones feministas donde descubrió los conceptos de reivindicación de la mujer, de igualdad de derechos, lo cual dio pie a reconocer que en la sociedad en la que vivía no todo era bueno para la mujer. Cuando quiso escribir, se dio cuenta que no era bien visto que las mujeres escribieran y debió, como sus congéneres europeas, adoptar seudónimos tales como Aldebarán, Constelación de Tauro, Andina, Bertilda.


Para ejemplarizar estas afirmaciones basta con recordar las palabras de Carolina Alzate, estudiosa de Soledad Acosta y quien ha rescatado su obra, dice de las mujeres escritoras del siglo XIX: “…en Colombia, al no tener plena ciudadanía, salieron desfavorecidas…incluyendo la escritura, su labor intelectual tenía que contar con el aval casi siempre de un esposo. En un prólogo, estos tenían que aclarar : “es buena esposa a pesar de que escribe, la obra tiene sus defectos a pesar de su esfuerzo”, otra de las muchas maneras de descalificar a las mujeres escritoras que, aún hoy subsisten, concluye Álzate.


Nuestra pregunta inicial puede ser respondida de manera gráfica sin tener que hacer análisis profundos, toda vez que la evidencia así lo confirma. Bástenos con solo dar una lectura a los argumentos a los que recurre la Academia Sueca, para otorgar el Premio Novel de Literatura, en el caso de las mujeres a quienes se les ha otorgado dicho galardón. Y después los confrontaremos con los mismos cuando se le ha otorgado a hombres, y aclarando que por razones de espacio y por tratarse de una columna de opinión, no es posible traer todos los argumentos de los ganadores de uno y otro género. Para la muestra:


Argumentos de la Academia Sueca para otorgar el premio Novel de Literatura a Mujeres Escritoras: Argumentos de la Academia Sueca para otorgar el premio Novel de Literatura a Hombres escritores


Selma . Ottilia Lovisa Lagerlöf. “En apreciación del elevado idealismo, la vívida imaginación y la percepción espiritual que caracterizan sus escritos»


Mo Yan <<Por combinar los cuentos populares, la historia y la contemporaneidad con un realismo alucinante>>.


Grazia Deledda «Por sus escritos de inspiración idealista que con claridad plástica retratan la vida en su isla natal y con profundidad y simpatía tratan los problemas humanos en general»


Gunter Grarss <<Por haber dibujado la cara olvidada de la historia con vivas fábulas negras>>


Gabriela Mistral ...<<Por su poesía lírica que, inspirada por poderosas emociones, ha hecho de su nombre un símbolo de las aspiraciones idealistas de todo el mundo latinoamericano»


Gabriel García Márquez << por sus novelas e historias cortas, en las que lo fantástico y lo real se combinan en un mundo ricamente compuesto de imaginación, lo que refleja la vida y los conflictos en un continente>>.


Las palabras hablan por sí solas, pues no se puede extractar de ellas que exista una visión femenina y otra masculina de la literatura. Solo existe literatura !!



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