• Columna 7

“ERA EL NIÑO DE LA CASA”: UNA MIRADA AL HAMBRE PÚBLICA DE JUSTICIA INSTANTÁNEA

Por: Cristian Morelli.


Muy a menudo nos encontramos con escenas cotidianas que involucran comisión de actividades delictivas por parte de sujetos que obran con desapego a la ley penal que nos rige y del otro lado con masas ciudadanas que pretenden hacer caer sobre los primeros una descarga vindicativa desproporcionada, desatendiendo cualquier tipo de debido proceso y respeto por las garantías fundamentales, quizás amparados en un profundo escozor ocasionado por el actuar delictivo del antisocial del momento o tal vez en remembranza de todas las actividades delincuenciales que a diario se cometen en nuestro país sin que la justicia sea ostensiblemente visible en dicho criterio lógico social.


A medida que avanza la civilización, los actos macabros de quienes creen están llamados a hacer cumplir la ley y la aprobación pública de los mismos, solo nos lleva a creer que estamos retrógrados en nuestras sensibilidades. La justicia rústica instantánea no es la respuesta al crimen, pero la disposición judicial rápida sí lo es. Sin embargo, con una voluminosa carga judicial como la que pesa en los tribunales de todo el país, obtener justicia oportuna está muy lejos. La problemática en si, radica en la percepción de falta de justicia y la falta de fe en el sistema para hacer cumplir la justicia oportuna, lo que lleva a más personas a aprobar tales acciones deliberadas. La adulación instantánea del público en general alienta a algunos ciudadanos, víctimas del delito y policías a seguir realizando tales actos desmedidos con impunidad.


Pero si lo anteriormente mencionado es el problema, ¿cuál sería la solución?, la baja tasa de condenas es una consecuencia natural de la demora en la justicia cuando la fiscalía no puede mantener el ritmo y los casos tardan mucho tiempo en ser escuchados. A pesar de ello, indagamos muchos la razón por la cual algunos legisladores pretenden incluir la imprescriptibilidad respecto a determinados delitos, ¿no es justicia pronta y eficaz lo que necesitamos? Es necesario que se creen medidas coercitivas al interior de los aparatos de justicia para que los funcionarios que en ella intervienen tengan la necesidad apremiante de evacuar los asuntos a su cargos, así como también debe procurarse la creación de dependencias acusatorias de descongestión, si tanto dinero se pierde en corrupción, ¿por qué no asignar rubros para estas eventuales oficinas que actúen como órganos de descongestión y celeridad acusatoria?


De igual forma debe decirse que la administración de justicia nunca está en manos siquiera de la policía como institución, a pesar de que existe una abrumadora aprobación pública de tal acción. Al tomar la ley en sus propias manos, la policía está socavando la base misma por la cual existe el poder judicial. Pero mientras el sistema de justicia penal no cumpla a tiempo, tales casos continuarán acaparando los titulares.


Ahora bien, no se trata de justificar las acciones delincuenciales a toda costa, esa no es la finalidad del derecho penal ni de los abogados que la ejercen, empero, las causas que motivan a un ciudadano a repeler un ataque por defender un derecho propio, ajeno o colectivo deben darse dentro de un marco de proporcionalidad y respeto por las garantías y derechos fundamentales del prójimo. O ¿es que acaso tendríamos todos los colombianos que salir detrás de la exministra de las TIC Karen Abudinen a lincharla por el dinero público que presuntamente se malversó? De ninguna manera. La realidad es que si cada quien pudiera hacer justicia por mano propia viviríamos en un estado de anarquía donde no habría paz para ninguno, sea delincuente o no.


“El niño de la casa


El pasado 3 de octubre un hombre identificado como Jefferson Andrés Navarro entró en un billar en la ciudad de Cúcuta, presuntamente, a robar.


Navarro llegó al lugar empuñando un arma e intimidando a las personas para despojarlas de sus pertenencias. Sin embargo, uno de los hombres que se encontraba departiendo en el recinto se abalanzó sobre él y logró interceptarlo para impedir el robo.


Alrededor de 7 hombres que se encontraban en el billar aprovecharon el momento y atacaron a Jefferson, quien recibió varios disparos con la misma pistola con la que estaba atracando. El hombre murió en el lugar.

Ante el hecho, la familia y allegados de Navarro enviaron un comunicado indicando que “nadie puede tomar la justicia por mano propia” y mencionaron que el joven “murió con 19 años: el niño de la casa, el menor como en cualquier hogar de Cúcuta, Colombia”.


Cabe destacar que lo dicho por familiares y amigos del occiso se encuentra totalmente fundado y no por ello quiere decir que se comparta su sentir de que por ser el menor de la casa en un acto de sensibilidad absoluta tengamos los colombianos que sentir un dolor por la pérdida de un hombre que en efecto estaba cometiendo un delito, que seguramente en vida iba a pagar con cárcel; consecuencia natural de su actuar ilegal. Los ciudadanos no estamos facultados para acabar con la vida de otra persona, en venganza personal por una ofensa o delito del cual hayamos sido víctimas, pero si podríamos defendernos por mano propia ante un ataque actual e inminente, con una respuesta proporcionada. No es razonable ni proporcional acabar con la vida de un ladrón ya neutralizado, pero sí lo seria responder con disparos a quien intenta acabar con nuestra vida, he allí la diferencia.

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