• Columna 7

EN DESUSO…

Por: Elsie Betancourt.

El paso del tiempo y los avances de la vida moderna, han hecho que muchas costumbres hayan ido desapareciendo. Me permitiré recordar algunas, (¡son tantas¡) sin que ello quiera decir que las echamos de menos.


Los lutos han ido desapareciendo. Hace ya muchos años, las mujeres dejaron de usar el estricto vestido negro que a veces correspondía a “estar de consideración” o a forrarse de negro para mostrar el duelo por la muerte de un allegado o familiar. Hasta los hombres han dejado de vestir totalmente de negro y llevan una cintica negra o una señal de tela negra para indicar su luto, otros todavía usan la corbata negra. Dicho sea de paso el “sin-corbatismo” y los mocasines sin medias, muy de moda en la actualidad, se suelen llevar en matrimonios o reuniones especiales en las que hay que estar “chic”, cosa que difiere con la moda de hace unos años. Hoy a diferencia de antes, mujeres de todas las edades usan tenis, con cualquier pinta. La comodidad remplaza los incómodos en ocasiones, tacones.


El piropo prácticamente desapareció. Antes, su fin no era el enamoramiento, sino un gesto de cortesía respetuosa, una demostración para destacar los atributos de la persona. Podía referirse al cuerpo, los ojos, el cabello o la figura. Se dice que éste como tal, surgió justo cuando los honorables miembros de las cortes reales europeas no podían desbordar sus pasiones por considerarse ésta una conducta propia del vulgo. Como alternativa para la declaración de su amor, optaron por la seducción mediante palabras encantadoras y sensuales y fue así como éstos se convirtieron en expertos “en hacer la corte” dentro de las restricciones propias de su mundo y su cultura para enamorar y consumar su amor.


Hoy por hoy, el piropo ha llegado a ser un acto de agresión verbal y a veces vulgar, especialmente cuando son comentarios burdos acompañados de gestos que a veces resultan ofensivos. Pero también los hay inofensivos y graciosos; por ejemplo el “psss, psss, mamacita” o “Uyy mami, si así como caminas cocinas, si fuera yo, me como hasta el pegao” y que tal: ¡Chao suegra! (típico cuando la mamá acompaña a la hija) . El punto no está en el quién lo dice, sino en el que y el cómo. Unos hacen reír, otros por el contrario molestan y nos hacen pensar si realmente la persona que lo dijo tiene algo en el cacumen. Actualmente, el tema del piropo desata controversias, ya que para algunas sociedades puede resultar ofensivo mientras que para otras es una práctica aceptada con restricciones. Este ya no es un evento cuyas consecuencias pasen con disimulo; para algunas mujeres puede ser “el mejor tratamiento de belleza” mientras que para otras un “acto indecente”.


El piropeador ya ni siquiera espera respuesta, suelta el comentario como un acto de satisfacción personal y se acabó. La costumbre traviesa como parte del coqueteo callejero, hecho con humor y respeto ha pasado a ser un hecho fortuito que está mandado a recoger como medio de galantería y conquista. Este cambio no sólo demuestra el ambiente de violencia y el sometimiento de la mujer, sino la escasez y falta de vocabulario debido a la cada vez menos práctica lectora del que lo hace. Cada día es más evidente que las características poéticas y pintorescas que en sus inicios tenían este tipo de expresiones han dado paso al uso de un lenguaje vulgar que denota la pérdida de valores, la falta de imaginación y vocabulario.


Con el correr de los años y la aparición de nuevos descubrimientos y tecnologías, la correspondencia se remplazó por otros medios de comunicación. Primero fue el teléfono con discado que dio paso al móvil; siguió Internet que nos permite contactarnos en tiempo real ya sea a través de correo electrónico, chat o videoconferencia. Las piezas de museo que aún quedan son los llamados “teléfonos públicos”. Los juguetes no eran tan sofisticados como los de ahora pero gracias a la imaginación todo era diversión.


Los juegos infantiles están cada vez más escasos. ¿En dónde quedó: jugar a la Peregrina, La Semana, La Yuca, La lleva (todavía hay quienes la juegan), Estatua, El que aguante más sin Reírse, El escondío, saltar la cuerda, jugar bola e uñita, los jacks o a las piedras, OA, que era la bola que se tiraba en la pared y uno iba diciendo el estribillo: Oa, Sin moverme, Sin reír, En silencio, con la mano, con la otra, Delante para atrás (golpeaba uno las manos), De atrás para adelante y no podía dejar caer uno la bola, media vuelta, vuelta entera, siempre cogiendo la bola, destrezas motoras gruesas y finas que se pulían ¡y de qué forma! qué tiempos aquellos…. Bienvenidos los recuerdos.


Es chévere echar la vista atrás y recordar la infancia o juventud, sintiendo la sensación de emoción y nostalgia del tiempo pasado. Ese sentimiento de encanto ante el recuerdo del objeto ausente, en desuso o desaparecido para siempre en el tiempo, genera nostalgia. La sensación triste y dulce de lo que ya no está, se nos presenta en ocasiones y cualquier cosa que nos los recuerde es encantadora. Seguiremos haciendo recuentos en un próximo artículo de lo que me parece está en desuso… recojo opiniones.

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