• Columna 7

EL USO DE RAZÓN

Por: Esperanza Niño Izquierdo.


“Lo que mejor sienta a la juventud es la modestia, el pudor, el amor a la templanza, y la justicia. Tales son las virtudes que deben formar su carácter.”

Sócrates.


A lo largo de nuestro transitar por la vida, desde pequeños aprendimos a convivir con la familia y en sociedad contra todo y contra todos. Cuando la gente de mi generación era pequeña aprendimos un concepto que nunca entendimos y que gracias a la configuración del cerebro y de los pies, no dejamos que surtiera efecto de castración mental.


Dicho concepto lo definían nuestros mayores como una tara genética universal que sin otras consideraciones afirmaba que antes de los 7 años los niños “no tenían uso de razón”. Por tanto, nunca tuvimos oportunidad de preguntar tan siquiera por qué tal cosa o por que otra o por qué tal orden o por qué nos debíamos acostar a tal hora o por qué a los hermanos hombres y a los mayores les servían los alimentos primero y a los niños de último, o por que debíamos saludar de beso a la tía estirada y comportarnos como autómatas. ¡Con la sola mirada de nuestra madre quedábamos perfectamente petrificados en la silla! No podíamos pedir nada diferente a lo que nos servían y lo peor, comer todo lo que nos ofrecían nos gustara o no. Debíamos sentarnos las horas que fueran necesarias, mientras duraban las interminables visitas. Todo ello so pena de que nos etiquetaran de “mal educados”.


Así crecimos y logramos sobrevivir ya con “uso de razón”. ¡Qué ironía! cuál razón , quien nos dijo antes que era razonable y que no. Pero aprendimos, subsistimos, nos criamos y nada descriteriados. Al contrario mi generación fue contestataria, rebelde y hasta comunista. No obstante, que los padres de nuestra generación vivieron una historia oscura, represiva llena de miedo y con ellos nosotros, padecimos la violencia que azotó años y años nuestra patria.


Así pues, nos dirigieron el pensamiento ya fuera ideológicamente liberal o conservador. No teníamos opción diferente, lo otro, cualquier pensamiento contrario era tildado de comunismo, anticristiano o masón. Pero allí, con ese “quantum” logramos pensar por nuestros propios medios, pero eso sí liberales o conservadores punto. Lo otro era ser subversivo, guerrillero, facineroso o, que decir de los sindicalistas, considerados, depredadores siniestros de las empresas.


Mientras en el resto del mundo se desarrollaron amplios movimientos que cambiaron la época y el imaginario colectivo en cuanto al pensamiento, las ideologías y las costumbres, nos referimos a la década de los 60-70s. En Colombia, a pesar de la influencia revolucionaria inglesa, americana y europea que penetró en la moda, el hippismo, en el arte, la música, en la literatura con el nadaísmo. Se acentúo también el pensamiento conservador, temeroso de las ideas de cambio y conjugado con el macartismo norteamericano que penetró las fronteras latinoamericanas para derrocar gobiernos que tuvieran el más mínimo asomo de socialismo.


Nosotros, entonces, nos quedamos con la minifalda y “la cannabis”, sin la posibilidad de generar cambios sociales estructurales.


Quedamos con el amargo sabor de haber vivido aprendiendo y subsistido aletargados en el cáncer metastásico de las instituciones que no cambiaron si no que se imbricaron y permearon todos los ámbitos posibles para sacar el máximo provecho de la expoliación económica a un pueblo ignorante, temeroso de la represión, con el “Inri “de la violencia incitada por las mismas élites colombianas. Al contrario de lo que sucede en otras latitudes, podemos recordar aquí, las palabras que pronunció Ángela Merkel al preguntársele porque tanto gasto del presupuesto alemán en el sector de la educación y contestó : “Porque un pueblo ignorante sale muy caro”.


Pero para fortuna, la juventud moderna nacida con pleno “uso de razón”, la de hoy, desaprendió todas nuestras taras ideológicas instaladas por generaciones y decididamente emprendió el camino de la rebelión, de las marchas pacíficas, reivindicativas de derechos laborales, de salud, de igualdad , es decir, que emergió de las profundidades del subsuelo cultural que subyacía anestesiado en el ADN de cada uno.


El panorama de cambios radicales en la forma de participar en la vida política y social, cultural conducida por el pensamiento crítico de muchos a través de las redes sociales y en general comunicados entre sí en el ciberespacio conducirá inequívocamente a formular cambios en cada uno de los ámbitos del quehacer nacional, que en todo caso, viene influenciado por movimientos de protesta contra los sistemas corruptos que han degradado el concepto más extendido y aceptado en occidente como es el de la Democracia.


Esperamos por tanto, que la nueva era que se avecina, ojalá así sea, proporcione cambios para que cesen las estirpes políticas enquistadas en el poder; se produzcan cambios generacionales e ideológicos en los hombres y mujeres que dirigen nuestros destinos, encarnados hoy en líderes fabricados a la medida de sus mentores, con el propósito único de seguir expoliando nuestras riquezas, que cada vez, se ven más menguadas por el saqueo voraz de esas mismas élites y de sus socios.

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