• Columna 7

EL TIEMPO

Actualizado: jul 19

Por: Rosember Rivadeneira Bermúdez


El tiempo es el gran revelador y el mejor de los sepultureros.


Todo emerge en su transcurso, nada permanece envuelto en la oscuridad y tampoco le sobrevive.


Todo es consumido y transformado.


Al hipócrita lo desenmascara y a los arrogantes los envejece, debilita y arrodilla. Al malhechor le concede oportunidades de edificación, mientras le arrebata la tranquilidad del sueño. Al vanidoso lo sumerge en lo que para él es la agonía de las canas, las arrugas y el ocaso, y al sabio lo enriquece con dones que ningún mortal le puede arrebatar.


La tempestad es reducida a la calma, y el ruido al silencio.


Crea círculos viciosos con distintos personajes, conduciéndolos de la paz a la guerra y a la destrucción, y de la guerra a la paz y a la edificación.


Conduce las lágrimas a la esperanza, para dar paso a la sonrisa, y a esta a la sombría calma, que le sirve de antesala al llanto.


A la sal la torna dulce y el dulce en sal, así el mar en río y al río en mar, y también el espíritu en carne, y la carne en espíritu.


Al concebido le permite nacer, arribar a la adultez, envejecer y desencarnar, y en su itinerario de vida lo conduce de la ignorancia a la duda, y de la duda a la certeza.


A favor del moribundo rasga el velo de la eternidad, para que vislumbre el porvenir espiritual.


Espíritu eres, en carne te convertirás, luego al polvo te reducirás, y al Padre tendrás que retornar.

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